En cuanto Garrick entró en su oficina, Erick contuvo el aliento y lo miró, casi esperando que le soltara una mala noticia; nunca había sido especialmente dado a las fatalidades, pero aquellos últimos días habían terminado por ser tan convulsos y difíciles, que empezaba a acostumbrarse. Sin embargo, cuando miró a su abogado pudo ver en los ojos de éste un rayo de esperanza que le devolvió un poco de la tranquilidad que había ido perdiendo. Solo para no parecer tan desesperado como en realidad estaba, aguardó pacientemente a que Garrick terminara de entrar y se sentase frente a su escritorio. Una vez lo hubo hecho, le preguntó por fin:
— ¿Me tienes algo?
—Sí, yo diría que sí—respondió Garrick, quien no se veía tan tenso ni preocupado como últimamente. Otra buena señal.
— ¿Buenas noticias o malas noticias?
—Pues…yo diría que buenas—tomó su portafolio, lo abrió, y luego de depositar una carpeta entre ellos dos, agregó—: Admito que al principio no estaba muy seguro, pero parece que esta chica es la indicada.
Como si alguien le acabara de pinchar con una aguja, Erick soltó de golpe todo el aire que había estado reteniendo. En realidad, sentía como si llevara días enteros sin poder respirar bien, sin sentirse cómodo, ni libre, ni a salvo…y ahora por fin veía una luz al final de toda aquella oscuridad. Una luz pequeña, sí, pero una luz al fin y al cabo.
— ¿De verdad crees que esto pueda llegar a funcionar?—le preguntó a Garrick, únicamente para estar seguro—. Porque si no lo hace…
—Lo hará—replicó Garrick, con firmeza—. Tiene que hacerlo, pero te aconsejo que hagas un esfuerzo por dejar de lado la negatividad, aunque sea de momento.
—De acuerdo, ¿qué sabes de Olivia?
Mientras Garrick tomaba de nuevo la carpeta y comenzaba a mirar los papeles que había dentro, Erick no pudo evitar sentirse como todo un acosador en potencia. Sí, estaba desesperado por encontrar una forma de mantener a sus hijos con él, pero aún y con todo eso no se sentía muy correcto el contratar a un investigador privado para que averiguase hasta el más mínimo detalle de una mujer que solo había visto una sola vez, pero a quien consideraba hacer su esposa de mentiras y ofrecerle una buena suma de dinero para que lo ayudara a mantener su farsa. Más allá de que Olivia pudiera necesitar o no el dinero que estaba dispuesto a ofrecerle, la había elegido porque era hermosa, agradable…y porque no se la había podido sacar de la cabeza. Así que en realidad era un acosador y un obseso. Genial.
—Bueno, comencemos con lo más importante—dijo entonces Garrick—. La chica, Olivia, no tiene ningún tipo de antecedentes penales ni criminales.
— ¿Ninguno?—Erick estaba sorprendido, pues hasta el momento nunca había conocido a nadie que no hubiera cometido alguna falta—. ¿Ni siquiera una multa de tránsito?
—De hecho, no tiene automóvil. Así que, obviamente, no tiene multas.
— ¿Quién rayos puede sobrevivir en Nueva York sin tener auto?
—Parece que Olivia se las ha sabido arreglar—apuntó Garrick, con cierta sonrisilla en los labios—. Ha usado el metro, el auto de su compañera de departamento…y aun así ha logrado ser la primera de su clase.
— ¿En realidad sí estudia derecho en la universidad de Nueva York?
—Sí, tal parece que también es muy sincera. Según dice aquí, actualmente cursa la carrera en la modalidad online.
— ¿Y qué hay de los novios?—preguntó Erick, tratando de no parecer demasiado interesado en ese tema en particular, a pesar de que sí lo estaba—. ¿Tiene algún novio, prometido, o quizás un ex tóxico que pueda aparecer de pronto y echar a perder la farsa?
Garrick tardó un poco más en responder aquella última pregunta. Durante algunos segundos se dedicó a remover papeles, mirar fotografías y leer anotaciones, hasta que de pronto levantó la vista hacia Erick y dijo:
—Por lo que dice aquí, no. Se le conocen hasta el momento tres novios solamente, aunque repartidos en periodos de varios años. El último fue hace año y medio, y como desde entonces no ha vuelto a aparecer, no creo que lo haga ahora.
— ¿De verdad lleva año y medio soltera?
— ¿Te sorprende?
—Pues…sí, de hecho sí. Es una mujer joven y muy guapa; habría que ser realmente estúpido como para dejarla marchar sin más.
—Bueno, puede que no lo parezca, pero hay hombres que no saben la joya que tienen en frente sino hasta que la ven perdida.
Después de eso, la conversación siguió mucho más fluida, centrándose, por supuesto, en una sola cosa: Olivia Johnson, una mujer que se le iba haciendo más guapa e interesante con cada segundo que pasaba. Algo que, en parte, era culpa de Garrick y el informe tan bueno y detallado que había hecho de ella, pues gracias a eso sabía hasta el detalle más mínimo, secreto y personal de Olivia. Ahora sabía que había crecido en Nebraska; que su madre y su padre seguían viviendo donde siempre y que ella solía visitarlos con regularidad. Sabía que era muy buena estudiante, que estaba concentrada en lo suyo y que últimamente había ido saltando de un trabajo a otro. Incluso sabía que había tenido que vender su escarabajo para poder costear una parte de sus estudios, y que desde entonces se veía en la obligación de tomar prestado el auto de su amiga, una rubia muy guapa que parecía salida directamente del anuncio de un gimnasio. Era una mujer decidida, fuerte y resuelta, pero también cariñosa, dulce y amable…y esa no eran sino algunas de sus muchas cualidades, las mismas que Erick adoraba y siempre había tratado de buscar en sus parejas.
—Muy bien, ahora vamos con lo más difícil de todo el asunto—Garrick dejó de leer el informe, y Erick hizo un esfuerzo para centrarse en él—. ¿Cómo piensas hacerle la proposición?
El tono tan serio de su abogado lo tomó por sorpresa, por lo que Erick tardó un poco más de lo normal en responder. Sintiendo que se le escapaba algo importante, trató de pensar un poco, pero cuando se dio cuenta de que simplemente no podía dar con aquel detalle que se le escurría entre las manos, decidió hablar sin más:
—Pues…tenía pensado llamarla a mi oficina, contarle mis razones, proponerle el trato y esperar a que diga que sí—Al ver que Garrick fruncía el ceño se sintió un poco preocupado, por lo que preguntó—: ¿Estaría mal?
—Técnicamente no—respondió el otro—, pero quizá sería mejor que lo hicieras de otra forma, con un poco más de…tacto, de cuidado, por decirlo de alguna manera. Es una decisión que no es precisamente fácil, así que debes darle tiempo para que pueda procesarla, y no simplemente soltarle toda la bomba de golpe. Además, debes dejarle muy en claro lo expuesta que estará si decide aceptar, pues los medios pueden ser muy despiadados cuando se trata de una noticia jugosa, y a lo mejor ella no resiste tanta presión.
Y ahí estaba, por fin, el gran detalle que se le había estado escapando. Uno tan grande e importante, que se sintió estúpido por no haber reparado en él antes. Tal como decía Garrick, la atención de los medios se centraría de golpe en Olivia, y tal vez ella estaba tan acostumbrada a su anonimato, que no resistiría la presión y terminaría abandonando el trato. Al pensar en el desastre que algo como eso podría causar, sintió miedo de verdad.
— ¿Qué me aconsejas?—le preguntó a Garrick—. ¿Cómo crees que deba decírselo para que acepte y no salga corriendo y gritando?
—Bueno, no te ofendas, pero la sutileza no es lo tuyo—afirmó el abogado—. Y como sé que si te dejo solo en esto terminarás metiendo la pata hasta el fondo, creo que lo mejor sería que yo la llame.
— ¿Tú se lo dirás?
—No exactamente. Más bien estaba pensando en llamarla como representante tuyo, convocarla a una reunión y luego, entre los dos, explicarle la situación. Firmar un acuerdo de confidencialidad, y luego comenzar con el teatro…si es que ella acepta, por supuesto.
— ¿Un acuerdo de confidencialidad?—repitió Erick—. ¿De verdad hace falta que la pongamos a firmar uno?
—Demonios, sí. Por supuesto que sí—afirmó el otro—. Tenemos que cubrirnos la espalda lo mejor que podamos, sobre todo tú, que tienes tanto que perder si algo de esto sale mal.
—Hablando de optimismo…
—Prefiero verlo como un buen golpe de realidad—puntualizó Garrick con una sonrisa—. Además, puede que la mujer sea un amor y todo lo que quieras, pero no sabemos qué tan floja tenga la legua, así que es mejor prevenir que lamentar.
Sin ninguna razón en específico, ambos se quedaron callados durante un buen rato después de eso. Erick, como tantas otras veces desde que aquella locura había comenzado, se encontró preguntándose si en realidad no sería mejor desistir de aquella loca idea del matrimonio falso y tratar de buscar alguna otra forma de mantener a sus hijos con él…pero, como siempre, terminaba por darse cuenta de que ya estaba demasiado metido en todo aquel asunto como para dar marcha atrás. Además, tenía que admitir que una parte de sí mismo quería ver qué tal era fingir ser el novio, y luego el esposo, de una joven mujer como esa con la que se había quedado encerrado en un ascensor.
— ¿Cuándo piensas hacerlo?—le preguntó a Garrick poco después, cuando sintió que el silencio se hacía un poco largo—. ¿Cuándo piensas llamarla a la reunión?
—Tenía pensado esperar que cumpla, por lo menos, un mes en su puesto.
— ¡¿Un mes?!—Exclamó Erick, cuya voz había subido al menos dos octavas sin que se diera cuenta—. ¿Por qué tanto? Recuerda que Louisa solo me ha dado tres meses, y si espero tanto…
—Sí, sí, entiendo tu punto—lo interrumpió Garrick—, pero lo tengo todo planeado. Como ella es del turno de la noche, casi nadie sabrá que trabaja aquí sino hasta que la vean entrar a la reunión, cuando ya llevará un mes en su puesto, y podrás decir que la conoces desde que inició en tu empresa, y nadie se atreverá a decir que la metiste a trabajar únicamente porque sales con ella. Fingirán que salen durante dos meses, y poco antes de que se cumpla el tiempo que Louisa te dio, se casarán en una ceremonia secreta a la que sorpresivamente llegará la prensa, y creo que lo demás ya puedes imaginártelo.
Por supuesto, lo hacía, aunque ese no era el problema real. Mientras se recostaba en el respaldo de su asiento y trataba de serenarse, Erick se dio cuenta de que lo que de verdad le molestaba, era tener que esperar tanto para poder ver a Olivia, y más aún, para tenerla cerca y como su novia, aunque no fuera más que una farsa. Estaba, de hecho, tan emocionado por descubrir qué salía de aquel experimento, que deseó con todas sus fuerzas que los días pasaran rápido, porque si su futura segunda esposa lo había cautivado durante apenas unos minutos en un ascensor, estaba seguro de que podría hacer mucho más conviviendo con él durante un buen par de meses.