Un mes después de haber comenzado con su nuevo trabajo, Olivia estaba contenta. También un poco cansada, sí, pero principalmente contenta. Había tenido que hacer de tripas corazón para aprender cómo balancear su tiempo entre las clases y el deber y no morir en el intento, pero una vez le había tomado el hilo, le resultó pan comido. Comenzó a hacer muy buenas migas con Collin y sus amigos, pagó todas sus deudas, comenzó a reunir para un auto nuevo y, en general, puso algo de orden en el pequeño desastre en el que se había convertido su vida. Lo único malo, es que no había podido sacar a Erick Miller de su cabeza, ni de sus fantasías nocturnas, donde el muy condenado seguía paseándose cada tanto muy ufano, aun cuando ni siquiera lo había vuelto a ver desde aquella primera y única vez en el ascensor, por lo que se obligó a hacerse a la idea de que era lo mejor, y que en realidad su breve encuentro no había sido más que una casualidad de una en un millón…
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de convencerse de todo eso, recibió una llamada nada menos que del abogado personal del mismísimo Erick Miller, ese que le había hecho el amor tantas veces en sus sueños y fantasías, el mismo que la dejaba mojada y palpitante cada que pensaba en él. Por supuesto, al atender la llamada, Olivia no tenía ni idea de lo que se le venía a continuación, y como había tenido una racha tan buena últimamente, ni siquiera se le pasó por la cabeza que eso pudiera acabar.
— ¿Hola?—respondió, haciendo malabares para sostener el celular en medio de su oreja y su hombro mientras, al mismo tiempo, terminaba de darle los últimos toques a la tarea en la que estaba trabajando—. ¿Quién habla?
— ¿Es usted la señorita Olivia Johnson?—preguntó, al otro lado de la línea, la profunda voz de un hombre.
—Sí, soy yo, ¿quién pregunta?
—Señorita Johnson, mi nombre es Garrick Hudson, y soy el abogado del señor Erick Miller…
Al escuchar ese nombre, justamente ese nombre, Olivia sintió que desconectaba de todo lo demás. Su corazón empezó a latir de forma violenta, y los recuerdos de todas las alocadas fantasías que se había permitido en su intimidad acudieron a ella como un tropel que la sofocó. Tuvo que respirar profundamente varias veces, y cuando por fin logró recuperar la compostura, escuchó que el hombre al teléfono decía:
—…esta tarde.
—Disculpe, ¿cómo dice?—preguntó Olivia, avergonzada, y únicamente para disimular, a los pocos segundos decidió mentir un poco—: Es que…creo que hay mucha interferencia, y no le he escuchado bien.
Con eficiencia y seriedad, el hombre al otro lado de la línea contestó:
—Quería saber si estaba en la disposición de asistir a una reunión conmigo y con mi jefe, Erick Miller, en su oficina esta misma tarde.
— ¿Una reunión con Erick Miller?—chilló Olivia, sin poder hacer nada para evitar que su voz adoptase aquel tono tan escandaloso—. ¿Por qué? O mejor dicho, ¿para qué?
—Son temas muy importantes que el señor Miller prefiere tratar en persona.
— ¿Tiene algo que ver con mi trabajo? ¿Es que va a despedirme?
De pronto, se le ocurrió pensar que su encuentro en el ascensor no le había dejado muy buena impresión al jefe mayor, y tal vez le había concedido un mes de cortesía antes de despedirla por falta de respeto y confianzuda. Era algo más que probable, y le preocupaba tanto, que estaba a punto de presionar por un poco más de información cuando el abogado al teléfono la interrumpió:
—De hecho, sí, tiene que ver con su trabajo, aunque seguramente no de la forma en la que usted cree.
—Pero…
— ¿Podremos contar con su presencia, señorita Johnson?
— ¿A qué hora debo estar ahí?
Luego de un silencio más bien corto, el hombre contestó:
—Si pudiera llegar dentro de, digamos, media hora, sería perfecto.
— ¿Tan pronto?
— ¿Cree que pueda llegar?
—Sí, pero…
—Perfecto, entonces la estaremos esperando.
Y trancó. Olivia se quedó con el teléfono en la mano durante un buen rato, mientras, con la mirada perdida en algún punto lejano, trataba de entender exactamente qué acababa de pasar. Luego, cuando cayó en cuenta que aquellos minutos desperdiciados los podía invertir en arreglarse lo mejor posible, corrió hacia su closet para escoger algo decente que pudiera ponerse, aunque no tenía ni idea de cómo vestirse porque, siendo sincera, ¿qué se podía poner una cuando iba a reunirse con un hombre guapísimo y millonario, que no solo era tu jefe, sino también el protagonista de las tórridas fantasías que te acompañaban noche tras noche? Era todo un dilema, por lo que tardó bastante en decidirse.
Al final, decidió que lo mejor era hacer una apuesta segura. Se colocó una falda de tubo negra, combinada con una blusa de seda de un bonito rosa pálido. Se peinó un poco el cabello, se calzó sus tacones y, en el último momento, decidió que no pasaba nada si se aplicaba un poco de maquillaje, únicamente para resaltar la ropa y el peinado. Como Trina estaba fuera, no podía usar el auto, así que no le quedó más remedio que pedir un uber. Mientras el conductor (un hombre delgado y de aspecto hindú, muy amigable y conversador), la llevaba a través del tráfico de Nueva York, Olivia miró la hora y se dio cuenta de que no faltaba mucho para comenzar su turno de aquella noche, por lo que, una vez más, tendría que asistir al trabajo luciendo mucho más elegante de lo que debía. Al pensar en lo que diría Collin cuando la viera aparecer tan arreglada, una sonrisa se instaló en sus labios, pero terminó por morir cuando se halló al frente del edificio de empresas Miller.
Luego de pagarle al hombre y regalarle una calificación de cinco estrellas, se bajó del auto y caminó lentamente hacia las puertas de entrada, pues las rodillas le temblaban tanto por la anticipación, que temía caerse si se le ocurría avanzar un poco más rápido. En la recepción la reconocieron de inmediato por su puesto de trabajo, sin embargo, cuando anunció que había acudido para tener una reunión con nada menos que Erick Miller, tuvo que soportar todo tipo de miradas, que la siguieron todo el camino hasta llegar frente a las oficinas del jefe, donde tomó asiento en una de las butacas que había apostadas en la pequeña y elegante sala de espera. Ni siquiera había tenido tiempo de pensar en lo nerviosa que estaba cuando, una voz detrás de ella, la llamó:
— ¿Señorita Johnson?
Se dio la vuelta, y casi de inmediato se halló bajo la penetrante mirada de un hombre moreno muy guapo, a quien, por alguna razón, supo identificar de inmediato como Garrick Hudson, el abogado con el que había hablado hacía tan solo un par de minutos.
—Mucho gusto, yo soy Garrick Hudson—se presentó el hombre en cuestión, extendiendo hacia ella una mano en cuanto estuvo cerca. Olivia se la estrechó con fuerza, y al instante, el tipo agregó—: Soy el abogado del señor Miller, el mismo con el que usted habló por teléfono hace poco.
—Sí, lo recuerdo—asintió Olivia.
— ¿Lleva mucho rato esperando?
—No, no, de hecho acabo de llegar.
—Perfecto—Garrick le mostró una radiante sonrisa, y luego añadió—: Si es tan amable de seguirme…
Guiada por el abogado, Olivia abandonó la sala de espera, únicamente para entrar a la que, tal vez, era la oficina más bonita y cuidada que jamás había visitado. Se trataba de un espacio amplio y muy bien iluminado, con el suelo cubierto por una hermosa alfombra persa, con las paredes repletas de estanterías llenas a reventar de libros, obras de arte y muchos reconocimientos y diplomas. En el fondo, había una enorme y hermosa ventana panorámica, y justo delante de ella, sentado ante su escritorio de cedro tallado, estaba nada menos que el mismísimo Erick Miller. Con solo contemplarlo, Olivia sintió que se ruborizaba.
—Señorita Johnson—la saludó Erick Miller, mientras se levantaba de su asiento para ofrecerle su mano—. Es un gusto volver a verla.
—Hola—saludó Olivia, mientras estrechaba la mano de aquel hombre. Entre lo confundida que estaba por aquella reunión, y lo turbada que la ponía la mera presencia de Erick Miller, no fue capaz de decir otra cosa mejor.
Sonriendo, el abogado le indicó que tomara asiento en una de las dos sillas apostadas frente al escritorio del jefe, mientras que él hizo lo mismo con la silla restante. Una vez que Erick Miller también hubo ocupado su puesto, Garrick Hudson se aclaró la garganta y comenzó a hablar:
—Antes que nada, quisiera decirle que mi cliente y yo estamos muy agradecidos de que haya decidido asistir a esta reunión, señorita Johnson.
Olivia tardó un momento en darse cuenta de que, con >, el abogado se estaba refiriendo, por supuesto, a Erick Miller. Como todavía no podía decir nada, se limitó a asentir con la cabeza.
—Le puedo asegurar que esta reunión será muy beneficiosa para todos—siguió diciendo el abogado—, pero antes de decirle de qué se trata todo esto, quisiera pedirle que firme este documento.
Esta vez, sí que pudo salir de su aturdimiento el tiempo suficiente para ver el papel que Garrick le acababa de plantar en frente. No tuvo las fuerzas para leerlo por completo, pero solo le bastó con ojearlo por encima para darse cuenta de que se trataba de un acuerdo de confidencialidad, nada más y nada menos. Un poco asustada, miró a uno y otro antes de farfullar:
—Disculpe que pregunte, pero…yo…yo no entiendo por qué tendría que firmar algo así. Quiero decir, ¿es tan importante esta reunión como para que no pueda comentársela a nadie?
—De hecho, sí—esta vez, el que contestó fue Erick Miller, quien la miraba con una fijeza que a Olivia le provocó cosquillas en la parte más baja de su ser—. Le puedo asegurar que nada de esto pondrá en riesgo su integridad, pero resulta que la mía sí podría verse en peligro, y es justamente por eso que le pido que firme. Para yo saber que puedo confiar en usted.
La sola idea de ganarse la confianza de un hombre como aquel era demasiado tentadora como para resistirla. Aunque, mientras tomaba el bolígrafo de manos del abogado y estampaba su firma en el documento que sellaba sus labios, Olivia no pudo sino preguntarse qué significaría, exactamente, ganarse la confianza de Erick Miller. Al terminar, levantó la mirada y la posó en Garrick.
—Muy bien—le dijo—, ya he firmado su acuerdo. Ahora, si es usted tan amable, le agradecería que por favor me explicase qué es lo que hago aquí, y por qué me ha llamado.
Y, en efecto, eso fue lo que el hombre hizo, aunque no fue su culpa que Olivia no creyera (o tal vez no quisiera creer) ni una sola palabra de lo que decía. Garrick Hudson habló durante al menos veinte minutos, y en todo ese tiempo, Olivia tuvo que batallar con sus ganas de interrumpirlo, reírse en su cara y decirle que lo que estaba diciendo era un absurdo de proporciones gigantescas. Por un momento llegó a pensar también que se trataba de una broma, pero los dos hombres se veían tan serios, tan preocupados, que se dio cuenta de que, al menos para ellos, toda esa locura era verdad. ¿Casarse con Erick Miller, fingir ser su adorada esposa solo para que él no perdiera la custodia de sus hijos? Era demasiado cursi e imposible, como la trama de una de esas novelas rosas que las madres suelen leer cuando logran apartar un poco de tiempo para sí mismas. Y es que ahí estaba el detalle: cosas como esas pasaban únicamente en la novelas y en las películas, más no en la vida real. Nunca.
—Y ese es, básicamente, el trato que le ofrecemos—al terminar de hablar, Garrick parecía realmente cansado, pues incluso se vio obligado a tomar una buena bocanada de aire antes de seguir—: Con Erick estuvimos hablando y llegamos a la conclusión de que la cifra mensual por sus favores, podría quedar establecida en veinte mil dólares. Puede que no suene a mucho dinero, pero si toma en cuenta que no tendrá que pagar alquiler, ni comida, ni nada…
—Disculpe—lo interrumpió Olivia—, no sé por quién me toman ustedes dos, pero definitivamente no soy el tipo de persona que considera estas cosas como…graciosas, mucho menos algo posible, o real.
—Le puedo asegurar que para nosotros, especialmente para mí, es algo muy serio—afirmó Erick Miller, tomando la palabra por primera vez desde que Garrick había comenzado a hablar—. También entiendo que para usted pueda resultar algo…chocante, la propuesta que le estamos haciendo, pero créame cuando le digo que estoy desesperado, y que si tuviera alguna otra forma de solucionar todo este asunto, ya la habría usado. Pero no la tengo, señorita Johnson, se lo juro que no la tengo, y es por eso que recurro hoy a usted y a su buen corazón, y le suplico que me ayude a mantener a mis hijos conmigo.
—Además—intervino Garrick, quien casi parecía igual de angustiado y ansioso que Erick—, antes de tomar alguna decisión, tome también en cuenta los beneficios que este trato podría traer para usted. El dinero sin duda alguna le ayudaría a terminar de pagar sus estudios, además, el prestigio de llevar el apellido Miller podría abrirle puertas que de ninguna otra forma se abrirían.
En realidad, no hacía ninguna falta que el abogado se tomase la molestia de enumerar los beneficios de aquel trato, pues con solo escuchar la forma en la que Erick hablaba de sus hijos, el amor que les profesaba con cada palabra, con cada mínimo gesto, Olivia ya se estaba planteando seriamente la posibilidad de aceptar. Era una completa locura, sí, pero una que podría darle muchas ventajas. Tampoco se molestó en preguntar cómo es que sabían lo de su carrera, pues supuso que la habrían investigado a fondo antes de llamarla para hacerle la propuesta. Ahora solo quedaba decidir. Solo restaba elegir entre aceptar casarse con el multimillonario más codiciado de todo el país, o hacer de la vista gorda a sus propios deseos y fantasías y negarse a lo que bien podría ser el inicio de una aventura excitante, peligrosa y de alto voltaje.
— ¿Qué dice, señorita Johnson?—preguntó entonces el abogado—. ¿Acepta el trato?
Por supuesto, para un trato de aquel tipo no había ningún documento que pudiera firmarse, por lo que Olivia solo podía decir sí o no. El problema, claro, era que le costaba mucho hablar. Se debatía entre negarse por completo a aceptar ser parte de una locura como aquella, y meterse de lleno y sin mirar atrás. No obstante, cuando fijó sus ojos en los de Erick Miller, y vio el anhelo y la desesperación que se arremolinaban detrás de éstos, sintió que su corazón se arrugaba un poco por el deseo de ayudarlo, así que, antes de poder arrepentirse, soltó todo de golpe:
—De acuerdo, estoy dentro. Aún no estoy muy segura de que nada de esto sea buena idea, pero los ayudaré.
— ¡No sabe cuánto se lo agradezco, señorita Johnson!—exclamó Erick, visiblemente aliviado, mientras se levantaba de su asiento como accionado por un resorte y corría hacia ella para estrechar su mano—. Es usted un ángel, y mientras estemos trabajando juntos, puedo prometerle que no se arrepentirá de la decisión que ha tomado hoy.
Con un gran esfuerzo por su parte, Olivia compuso lo más parecido a una sonrisa. Estrechó la mano del que, dentro de poco, sería su esposo falso, y mientras Garrick se lanzaba de lleno a explicarle los demás detalles del plan, rogó con fuerza para sus adentros que Erick Miller tuviera razón. Rogó para que más adelante no se le presentara la oportunidad de arrepentirse en grande de lo que acababa de hacer.