Capitulo 2

1442 Words
El sol comenzaba a ocultarse tras los árboles, y una suave brisa traía consigo el murmullo del bosque. Alice se sentía extraña después de su encuentro con el lobo blanco; una conexión inexplicable había florecido entre ellos. Sin embargo, ese no era el único cambio que notaba en su hogar. Desde aquel día, su familia había comenzado a comportarse de manera distinta, como si un velo de misterio cubriera sus acciones cotidianas. Los días pasaban y la atmósfera en casa se tornaba cada vez más tensa. Su madre, Lisa, parecía más ausente, perdida en pensamientos profundos. A menudo miraba por la ventana, sus ojos fijos en el bosque, como si esperara la llegada de algo o alguien. Alice, observando desde la distancia, notaba que su hermana, Liliana, y su padre también mostraban comportamientos extraños. A veces, Liliana salía al bosque y regresaba con un grupo de lobeznos que parecían seguirla con una devoción inusitada. Alice se encontraba en la cocina, cortando verduras para la cena, cuando un aullido resonó a través del aire, llevándola a detenerse y mirar hacia la ventana. Vio a su hermana, rodeada por lobos pequeños que brincaban y jugaban a su alrededor. La imagen le pareció extraña, y un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Por qué estos lobos se acercaban tanto a su casa? ¿Qué significaba todo esto? —¿Liliana? —preguntó, incapaz de contener la curiosidad. —Sí, Alice, ¿qué pasa? —respondió Liliana, sonriendo como si nada fuera raro. —¿Por qué esos lobos están tan cerca de la casa? —Alice no pudo evitar sentir un retorcimiento en su estómago. —Solo son unos amigos —dijo Liliana, encogiéndose de hombros, como si no fuera nada extraordinario. La inquietud de Alice crecía. Esa noche, mientras cenaban, no pudo evitar preguntar. —¿Papá, mamá, por qué hay tantos lobos alrededor de la casa últimamente? —sus palabras salieron más bruscas de lo que había planeado. Sus padres intercambiaron miradas, y la tensión en la mesa era palpable. Finalmente, su madre tomó aire, y su voz sonó tranquila pero seria. —Alice, hay cosas que debes saber, cosas que no hemos podido decirte antes. Alice sintió un nudo en el estómago. Las palabras de su madre eran como un presagio. —¿Qué cosas? —demandó, sintiéndose cada vez más ansiosa. —Somos una familia especial, Alice. Y tu hermana y yo somos... —su madre vaciló, buscando las palabras correctas—, licántropos. Alice se quedó en silencio, incrédula. Sus ojos se abrieron con sorpresa. —¿Qué? —exclamó, sintiendo que el mundo que conocía se desmoronaba. —¿Licántropos? ¿Como los de las películas? —Sí, exactamente —dijo su padre, apoyando su mano en el hombro de su madre—. Tu madre es un licántropo puro. Yo soy humano, por lo que tú y Liliana son medio licántropos. —¿Media licántropos? —Alice repitió, intentando procesar la información. —Es por eso que tus ojos son diferentes —explicó su madre—. Tu ojo derecho es gris porque es el color de nuestra familia. El izquierdo es marrón, como el de tu padre. Liliana también tiene esta mezcla en sus ojos. La incredulidad y el miedo comenzaron a aferrarse a Alice. —No puedo creerlo. Esto es una locura. ¿Por qué no me lo dijeron antes? —su voz se alzó, llena de frustración. —Porque había cosas que necesitabas entender primero —dijo Lisa, su voz suave pero firme—. No queremos que te asustes. —¿Asustarme? ¡Esto es una broma! —Alice se levantó de la mesa, sintiendo que su mundo se desvanecía. —No puedo quedarme aquí. ¡Tengo que irme! —Alice, espera —intervino Liliana, levantándose también. —No es seguro que salgas sola por la noche. —¿Por qué no? —preguntó Alice, sintiendo que se desbordaba de rabia. —¿Qué hay de tan peligroso en esta situación? —Nos han encomendado una misión —dijo Liliana, sus ojos buscando los de su hermana—. Papá y yo estamos aquí para ayudar a una manada que necesita cambios en su civilización. Necesitan arquitectos y maestros. El alfa nos contrató para eso. —¿El alfa? ¿Quién es ese hombre? —preguntó Alice, cada vez más confusa. Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe, y un par de hombres entró en la casa. Uno era de piel morena, con cabellos finos que caían sobre su frente y una mirada oscura que parecía leer el alma. El otro tenía una presencia casi etérea, con ojos celestes que brillaban como el hielo y cabello rubio que capturaba la luz. Alice sintió un escalofrío recorrer su columna al mirar al hombre de ojos celestes. Era como si lo hubiera visto en algún lugar antes, como si una conexión fugaz existiera entre ellos. —¿Alice? —dijo el hombre de piel morena, su voz resonante y calmada. —Soy Darian, el alfa de la manada, él es mi hermano Jimin. Creo que lo mejor es presentarnos a como se debe. Alice sintió que el aire se le escapaba. ¿Jimin? ¿Era posible que él fuera el mismo Jimin del bosque? Su corazón latía con fuerza al pensar en él, pero no había tiempo para confundir sus pensamientos. Tenía muchas preguntas que hacer. —¿Qué hacen ellos aquí? ¿Que necesitan? —preguntó Alice, intentando mantener la compostura. Darian intercambió miradas con Liliana y luego con su madre. —Comenzare por responder tu segunda pregunta, hay una antigua rivalidad entre manadas —dijo Darian, su tono grave—. Los cambios que estamos haciendo son para asegurar la paz y la seguridad de todos. Necesitamos la ayuda de tu padre y Liliana para esto y no solo ahora si no siempre de ahora en adelante. —¿Siempre?... —la voz de Alice se tornó casi un susurro. —Si Alice, veras… quizás dentro de unos meses podamos unir nuestras familias—dijo Liliana, en tono suave— Darian y yo nos casaremos dentro de unos meses posiblemente. Alice sentía que todo se movía demasiado rápido. El mundo que conocía se desmoronaba, y la realidad de su familia se expandía en formas que nunca había imaginado. —Pero, ¿por qué no me lo dijeron? —su voz se tornó casi un susurro, mientras el pánico comenzaba a aflorar en su interior. —No queríamos asustarte, Alice —dijo su madre, acercándose. —La vida aquí es diferente. Necesitamos que entiendas que los licántropos también somos humanos. Amamos, sentimos y luchamos como cualquier persona. —Pero hay más en juego de lo que crees —intervino Jimin, su voz suave, pero había un aire de autoridad en su presencia—. Debes estar lista para lo que se avecina. Alice miró a su hermana y luego a su madre. Sus corazones parecían latir en un ritmo diferente, uno que ella aún no comprendía. Pero, a medida que sus miradas se cruzaban, comprendió que este era su hogar, y aunque la revelación la había sacudido, su familia estaba en esto junta. —¿Y qué pasa si no quiero formar parte de esto? —preguntó, sintiéndose más valiente de lo que se sentía. —No tienes opción —dijo Darian, pero su tono era suave. —Hay cosas que no puedes evitar. La naturaleza tiene su propio camino. Alice sintió que su vida comenzaba a cambiar de manera drástica, pero había una chispa de curiosidad que la mantenía interesada. ¿Qué significaba ser medio licántropo? ¿Cuál sería su papel en todo esto? —Estoy lista para conocer la verdad —dijo Alice, sintiendo una resolución crecer en su interior. —Quiero entender lo que está sucediendo. Jimin sonrió, y su mirada se volvió más cálida. —Entonces empecemos —dijo, gesticulando a los otros dos hombres para que se acercaran—. Hay mucho que aprender. Mientras se acomodaban alrededor de la mesa, Alice no podía evitar sentir que su vida había dado un giro inesperado. Todo lo que conocía había cambiado, y aunque el miedo a lo desconocido era abrumador, había algo emocionante en la idea de descubrir quién era realmente. La noche avanzaba, y las sombras del bosque parecían bailar a través de las ventanas, como si estuvieran observando la revelación de secretos que estaban destinados a salir a la luz. Alice sintió que una nueva historia comenzaba a escribirse en su vida, una llena de licántropos, misterios y una conexión especial con el mundo que la rodeaba.
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