Capitulo 3

1667 Words
La mesa estaba iluminada por la cálida luz de una lámpara de estilo antiguo que colgaba del techo. Los rostros de la familia de Alice se veían serios, casi tensos, mientras Darian y Liliana comenzaban a contar su historia. Alice se sentía como si estuviera observando una obra de teatro donde ella era la única sin conocer el guion. —Nos conocimos hace un par de años, cuando ambos éramos parte de una reunión de manadas en la frontera —comenzó Liliana, su voz suave, pero el brillo en sus ojos delataba la emoción que sentía al recordar. —Darian siempre fue protector, y yo... yo solo estaba tratando de encontrar mi lugar. Darian asintió, mirando a Alice con una expresión seria. —Tu hermana se destacó en ese encuentro. Era la única que se atrevía a cuestionar a los alfas, y eso me atrajo de inmediato —dijo Darian, sonriendo con orgullo. —La familia de Liliana estaba muy involucrada en los asuntos de la manada, pero había cosas que nunca habíamos compartido, incluso con ellas. Alice sintió que su corazón se hundía. Años de secretos y mentiras la habían rodeado, y ella había sido la última en enterarse. ¿Cómo podían haberle ocultado algo tan importante? —Siempre creí que tenía una familia normal —murmuró, sus ojos llenos de frustración. —Alice, no era nuestra intención —intervino su madre, la voz entrecortada por la culpa. —Queríamos protegerte. La vida que llevamos no es fácil de entender. —Pero, ¿por qué? —preguntó Alice, la voz temblorosa. —¿Por qué no me lo dijeron antes? La tensión en la habitación se hizo palpable. Las miradas de sus padres y su hermana se dirigieron hacia Darian, quien tomó la palabra de nuevo. —Hay cosas en nuestra vida que son difíciles de compartir. La naturaleza de ser un licántropo conlleva riesgos, y no queríamos que te sintieras diferente o asustada. Pero ahora, con la llegada de las nuevas circunstancias, no podemos ocultarlo más. Alice sintió que la decepción la invadía. Su familia le había escondido su verdadera identidad durante tanto tiempo. Con un nudo en el estómago, se levantó abruptamente. —Necesito tiempo —dijo, su voz casi un susurro antes de salir de la habitación. Subió las escaleras, sintiendo que cada paso era más pesado que el anterior. Al llegar a su habitación, se dejó caer en la cama, las manos en la cabeza. La confusión y la tristeza se mezclaban en su mente como un torbellino. ¿Cómo podía ser que su vida fuera tan distinta de lo que había creído? La luna iluminaba su habitación con un brillo plateado, creando sombras danzantes en las paredes. A través de la ventana, el aire fresco y cargado de misterios parecía llamarla. A pesar de la tristeza, algo dentro de ella anhelaba salir y explorar. Se levantó, decidida a dar un paseo por el jardín. Pero antes de que pudiera abrir la puerta del balcón, esta se abrió de golpe, y Jimin apareció, con su aspecto etéreo resaltando bajo la luz de la luna. Alice sintió un escalofrío recorrer su columna al encontrar su mirada azul, tan familiar y desconcertante. —¿Qué haces aquí? —preguntó Alice, la sorpresa y la irritación cruzando su rostro. Jimin se paseó por la habitación, observando los detalles. Los carteles de bandas en la pared, las fotos de su familia y sus amistades. Parecía encantado, como si explorara un mundo nuevo. —Tu madre me dio permiso para recorrer la casa —respondió, sin dejar de sonreír. —Es un lugar acogedor. Alice frunció el ceño, sintiéndose incómoda. —No es tu casa. ¿Por qué no te quedas en la sala o en el jardín? Jimin la miró, su expresión era tranquila, pero sus ojos destilaban una intensidad que la hacía dudar. —Alice, no puedes escapar de tus problemas. Ya es hora de que madures y enfrentes la realidad. La ira brotó en Alice. —¿Y tú quién te crees para darme lecciones de vida? ¡Acabo de enterarme de que soy medio licántropa y que mi familia ha estado ocultando cosas! Solo necesito un minuto para procesarlo. —Entiendo que esto es difícil —dijo Jimin, acercándose y tomando su brazo con suavidad—. Pero tienes que aceptar que hay más en juego de lo que crees. No puedes vivir en la ignorancia. —¡Ignorancia! —exclamó Alice, zafándose de su agarre. —He vivido una vida entera sin saber la verdad, y tú no puedes venir aquí a decirme lo que debo hacer. Con un profundo suspiro, decidió que no quería continuar la conversación. La frustración y el enojo eran demasiado abrumadores. Salió de la habitación y se dirigió al jardín, donde la brisa nocturna le acarició la piel. Mientras caminaba, su mente giraba en torno a sus pensamientos. El bosque oscuro se extendía ante ella, sus sombras danzaban con cada movimiento de la luna. No sabía cuánto tiempo pasó así, sumida en sus pensamientos, hasta que vio a Darian y Jimin salir de la casa. Darian miró hacia ella, y a su lado, Jimin se detuvo, volviéndose para mirarla. Movió los labios en silencio, formando las palabras “nos veremos pronto”. Alice sintió una mezcla de irritación y curiosidad, sus ojos se encontraron con los de Jimin, y por un instante, el mundo pareció detenerse. La imagen del lobo blanco le volvió a la mente. ¿Era él? ¿El mismo que la había protegido en el bosque? Antes de que pudiera responder a sus propias preguntas, se giró y se alejó, tratando de olvidar la conexión que sentía hacia él. Pasaron dos años y medio. Alice ahora tenía 21 años y había aprendido a manejar sus poderes de licántropa. Aunque aún usaba lentillas para ocultar sus ojos, había comenzado a aceptar su identidad. A menudo practicaba en el bosque cercano, sintiendo la libertad que le daba su naturaleza. Su hermana, Liliana, seguía ocupada con la planificación de su boda con Darian. Alice había intentado estar presente en cada detalle, aunque su corazón no siempre estaba en ello. A veces, la decepción por los secretos que había descubierto aún pesaba en su mente. Esa noche, mientras ayudaba a Liliana a organizar algunas cosas para la celebración, la conversación se tornó hacia los eventos del pasado. —¿Aún te sientes mal por lo que pasó? —preguntó Liliana, observando a su hermana con preocupación. Alice se detuvo, mirando al suelo. —No sé. Siento que me han mentido por tanto tiempo, y aunque estoy aprendiendo a aceptar quién soy, a veces me pregunto si realmente puedo confiar en todos. Liliana se acercó, abrazándola con ternura. —Alice, somos familia. Siempre estaremos juntas en esto. No puedes dejar que los secretos nos separen. La vida es complicada, pero estamos aquí para apoyarnos mutuamente. Alice asintió, sintiendo un pequeño alivio en su interior. Pero la verdad sobre Jimin y Darian seguía en su mente. Cada vez que pensaba en ellos, sentía una extraña mezcla de temor y atracción. A la mañana siguiente, mientras el sol se alzaba por el horizonte, Alice decidió salir al bosque. Era su lugar de paz, un refugio donde podía estar sola con sus pensamientos. Al adentrarse entre los árboles, sintió la energía de la naturaleza fluyendo a su alrededor. Estaba sentada en una roca cubierta de musgo cuando escuchó un crujido detrás de ella. Volteó rápidamente, y su corazón se aceleró al ver a Jimin salir de entre los árboles, su presencia casi mágica bajo el sol matutino. —¿No te había dicho que es peligroso estar aquí sola? —dijo, una sonrisa juguetona en su rostro. —No te preocupes, Jimin. Sé cuidar de mí misma —respondió Alice, tratando de mantener la compostura. —Eso espero —contestó él, acercándose. Su mirada se suavizó. —Quería hablar contigo. —¿Sobre qué? —preguntó Alice, aunque en el fondo sabía que la conversación no sería fácil. —Sobre lo que pasó la última vez que estuvimos juntos. Sé que no fue fácil para ti —dijo Jimin, cruzando los brazos. —Quiero que entiendas que estoy aquí para ayudarte. Alice suspiró, sintiéndose atrapada entre la frustración y la curiosidad. —No estoy segura de poder confiar en ti, Jimin. Tus palabras suenan bien, pero no sé cuáles son tus verdaderas intenciones. —Mi intención es protegerte, Alice. No puedes seguir ignorando lo que eres. Tienes un papel importante en todo esto, y necesitas prepararte —le dijo, con una seriedad que la sorprendió. La atmósfera se volvió densa, como si el aire mismo estuviera cargado de tensión. Alice sintió que su corazón latía más rápido. —¿Y qué papel es ese? ¿Qué se espera de mí? —Es un secreto que debes descubrir por ti misma. Pero te prometo que estaré a tu lado cuando llegue el momento —respondió Jimin, su mirada fija en ella. Alice sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. La atracción que había sentido hacia él no se había desvanecido, y eso solo complicaba más las cosas. —Tal vez no estoy lista para eso. Tal vez necesito más tiempo. Jimin dio un paso atrás, respetando su espacio. —Está bien. Solo quiero que sepas que estoy aquí. Nunca estarás sola. Mientras Jimin se alejaba, Alice no pudo evitar sentirse conflictuada. Había algo en él que la atraía, algo que despertaba su curiosidad. La conexión entre ellos no podía ser ignorada. Pero al mismo tiempo, el temor a lo desconocido la mantenía a la defensiva. A medida que el sol se ocultaba en el horizonte, Alice se quedó en el bosque, mirando hacia el oscuro manto de árboles. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar nuevamente. Las decisiones que tomaría en los próximos días definirían no solo su futuro, sino también su conexión con su familia, Jimin y su verdadera naturaleza.
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