Alice pasó los días siguientes lidiando con la mezcla de emociones que la consumían. Había momentos en que se sentía fuerte, como si pudiera enfrentar cualquier desafío que la vida le arrojara. Pero, por otro lado, había noches en las que la soledad la invadía, y las dudas la hacían sentir como una extraña en su propia piel.
La boda de su hermana Liliana con Darian se acercaba, y Alice había asumido un papel activo en la planificación junto a Jimin. Su madre le había confiado muchas tareas, desde elegir el vestido de la novia hasta organizar los detalles de la ceremonia junto a la planificadora que había contratado Darian. Sin embargo, cada vez que veía a Darian y a Liliana juntos, recordaba la conversación con Jimin y el secreto de su familia. La idea de ser medio licántropa la seguía atormentando.
Una tarde, mientras ayudaba a su hermana a elegir flores para la decoración, Liliana notó que su hermana parecía distraída.
—¿Estás bien, Alice? —preguntó con una mezcla de preocupación y ternura. —No te he visto muy entusiasta con los preparativos.
Alice se encogió de hombros, tratando de ocultar sus sentimientos. —Solo tengo muchas cosas en la cabeza. Estoy emocionada por tu boda, realmente lo estoy. Solo... hay tantas cosas que estoy tratando de entender.
Liliana se acercó, su mirada seria. —¿Te refieres a lo que discutimos sobre la familia? ¿Sobre ser parte de este mundo?
—Sí —admitió Alice, sintiéndose vulnerable. —Me siento como si estuviera atrapada en una historia que no entiendo. Nunca pensé que mi vida sería así.
—Es normal sentirse así —dijo Liliana, tomando la mano de Alice con calidez. —Es un cambio grande, pero no estás sola. Tienes a tu familia, y tienes a Darian. Ambos estamos aquí para apoyarte.
Alice asintió, sintiendo un pequeño alivio. Sin embargo, en el fondo de su mente, una parte de ella seguía inquieta. Esa noche, mientras se preparaba para dormir, recordó la mirada de Jimin. Sus ojos azules aún resonaban en su memoria, como un eco de algo que no podía entender completamente.
La luna llena brillaba intensamente en el cielo cuando Alice salió al jardín. El aire fresco de la noche la envolvió, y se sintió atraída por el bosque cercano. Los árboles parecían susurrar secretos, y, aunque el miedo a lo desconocido la asaltaba, no podía resistir la llamada de la naturaleza.
Se adentró en el bosque, donde la luz de la luna iluminaba el camino. Los sonidos de la noche, como el canto de los grillos y el suave susurro del viento, creaban una atmósfera mágica. Fue entonces cuando lo vio: Jimin estaba de pie junto a un árbol, su figura recortada contra la luz plateada.
—Alice —dijo, su voz como un suave murmullo que resonó en la quietud de la noche—. No esperaba encontrarte aquí.
—Tú siempre apareces cuando menos lo espero —respondió ella, tratando de ocultar incomodidad en su voz.
Jimin se acercó un paso más, su mirada intensa. —La luna llena es especial para nosotros. Hay cosas que necesitas saber, cosas que son importantes para tu futuro.
Alice sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. —No estoy segura de querer saber más. Estoy lidiando con suficiente en este momento.
—Lo sé —dijo Jimin, su tono era serio—. Pero lo que no comprendes es que no puedes escapar de tu destino. Ser medio licántropa es solo una parte de lo que eres. Tienes un gran potencial, pero necesitas aprender a controlarlo.
—¿Controlarlo? —preguntó Alice, confundida. —¿Qué quieres decir con eso?
Jimin dio un paso más hacia ella, sus ojos reflejando la luz de la luna. —Los poderes que llevas dentro son más fuertes de lo que imaginas. Pero para desbloquearlos, necesitas entender tu herencia. Necesitas aceptar quién eres realmente.
Alice tragó saliva, sintiendo que su corazón latía con fuerza. La idea de explorar sus poderes era aterradora, pero a la vez, había algo intrigante en ello. —¿Y cómo se supone que debo hacer eso?
—Déjame mostrarte, considera esto como un regalo para alguien de tu especie—ofreció Jimin, su voz firme pero seria. —Con el tiempo, aprenderás a conectarte con tu lobo interior. Pero primero, necesitamos ir a un lugar especial, un lugar donde puedas sentir la energía de la manada.
Alice dudó. Sabía que adentrarse más en este mundo significaba arriesgarse a perder lo que había conocido, pero la curiosidad la dominaba. — ¿Regalo? ¿Qué significa tu comentario?
—Sígueme —dijo Jimin ignorando lo que Alice le había preguntado, extendiendo su mano hacia ella—. Te llevaré a un lugar donde podrás entender más sobre ti misma.
Tomando un profundo respiro, Alice aceptó su mano. Mientras se adentraban más en el bosque, la atmósfera se volvía más intensa. Los árboles parecían cobrar vida a su alrededor, como si la naturaleza misma estuviera celebrando su unión.
Después de caminar durante un tiempo que pareció eterno, llegaron a un claro donde la luna brillaba con toda su intensidad. El lugar estaba rodeado de árboles altos y fuertes, y un manantial de aguas cristalinas relucía en el centro.
—Este es un lugar sagrado para nuestra manada —dijo Jimin, liberando su mano de la de Alice. —Aquí es donde muchos de nosotros aprendemos a conectarnos con nuestros poderes.
Alice miró a su alrededor, sintiendo una energía vibrante en el aire. Se acercó al manantial y, al mirar su reflejo, notó que sus ojos brillaban de una manera que nunca antes había visto.
—¿Qué sucede? —preguntó, confundida.
—Estás comenzando a conectarte —respondió Jimin, con una sonrisa que iluminó su rostro. —La luna llena despierta nuestros instintos. Siente el agua, deja que te hable.
Alice se agachó y sumergió las manos en el manantial, sintiendo el frío penetrar en su piel. En ese momento, una oleada de energía la envolvió, y una imagen fugaz cruzó su mente: un lobo n***o, fuerte y majestuoso, corriendo libremente por el bosque. La conexión era tan intensa que sintió que podía oír su aullido en la distancia.
—Esa es tu esencia —dijo Jimin, observando con atención—. Tu lobo interior. Puedes aprender a comunicarte con él.
Alice levantó la vista, los ojos llenos de asombro. —¿Cómo? ¿Qué debo hacer?
—Primero, debes aprender a escuchar. La naturaleza tiene un lenguaje propio, y nosotros somos parte de ella. Con el tiempo, podrás invocar tu forma de lobo y sentirte libre en ella.
La idea de convertirse en lobo era fascinante y aterradora a la vez. Había sentido esa conexión antes, pero nunca había imaginado que podía ser tan real. Alice sintió una chispa de determinación. —Quiero aprender.
Jimin sonrió, y su expresión se suavizó. —Entonces, empecemos.
Bajo la luz de la luna, Jimin guio a Alice a través de ejercicios que la ayudaron a conectarse con su energía. Se sentaron en círculo alrededor del manantial, y él le enseñó a cerrar los ojos y a escuchar el latido de su corazón, a dejar que la naturaleza hablara a través de ella.
—Imagina que eres un lobo —dijo Jimin, su voz baja y tranquilizadora—. Siente cómo la tierra se siente bajo tus patas, cómo el aire huele a libertad.
Alice siguió sus instrucciones, dejándose llevar por la meditación. Cerró los ojos y dejó que sus sentidos se agudizaran. Podía oír el susurro del viento entre las hojas, el gorgoteo del manantial, y, por un momento, sintió que estaba en sintonía con todo a su alrededor.
Las imágenes comenzaron a llenar su mente: un lobo corriendo, explorando, libre y fuerte. Alice pudo sentir el viento en su pelaje, la emoción de la caza, la alegría de la libertad.
Cuando finalmente abrió los ojos, se sintió renovada, como si una parte de ella hubiera despertado. Jimin la miró con admiración.
—Lo hiciste muy bien —dijo, su tono lleno de orgullo—. Estás más cerca de tu verdadero yo de lo que crees.
Alice sonrió, sintiendo una chispa de esperanza. —Nunca pensé que podría sentir esto. Es... liberador.
—Eso es solo el comienzo. Debes seguir practicando. Habrá momentos difíciles, ahora en adelante queda de ti descubrirlo —dijo Jimin, su mirada fija en ella.
A medida que la noche avanzaba, Alice se dio cuenta de que había encontrado algo más que una conexión con su naturaleza.
—Gracias, Jimin —dijo, con sinceridad— Ayudaste con lo que salió de tu corazón, por lo menos no eres tan malo como pensaba.
Él se acercó un paso más, y en ese momento, la tensión entre ellos se volvió palpable. —No soy un superhéroe lo de hoy lo hice por mi hermano, no me importa lo que hagas o dejes de hacer Alice. Nunca confíes en mí no lo olvides.
En ese instante, la luna llena iluminó sus rostros, y el tiempo pareció detenerse. Alice sintió que su corazón latía más rápido por un momento sin embargo, la realidad de su situación la golpeó de inmediato.
—No sé, ¿por qué eres así conmigo?…—dijo, apartando la mirada— ¿acaso me odias o he hecho algo para irritarte?... Si lo que pasó esa vez en mi habitación yo lo siento estaba alterada y…
Antes de que pudiera terminar la frase, él la interrumpió, acercándose aún más. —Todo acerca de ti me estremece lo suficiente.
Alice sintió un tumulto de emociones. Sabía que había una línea delgada entre ellos, un abismo que no debía cruzar. Pero al mismo tiempo, había algo irresistible en su presencia.
— ¿No te agrado? ¿Eso es lo que quieres decir?—dijo finalmente, su voz suave pero firme. —Estoy tratando de entender todo esto y llevarme bien contigo, si tan solo pudieras colaborar. —
Jimin con expresión seria en su rostro. — Puede que tu hermana se case con Darian, pero no significa que debo llevarme bien contigo, tú no tienes nada que ver conmigo ni yo contigo ¿entiendes?
Mientras se alejaban del claro luego de la pequeña discusión, Alice sintió que su vida estaba cambiando de manera irrevocable. Había un nuevo camino por delante, lleno de incertidumbre, pero también de oportunidades. Con el tiempo, quizás podría encontrar el equilibrio entre su humanidad y su naturaleza de licántropa.
Cuando regresaron a casa, Alice se sintió llena de una nueva energía una sensación de pertenencia, a pesar de su discusión con Jimin. La noche había sido mágica, y aunque el futuro seguía siendo incierto.
Esa noche, mientras se acomodaba en su cama, sintió que el miedo y la confusión comenzaban a disiparse. Alice cerró los ojos, sonriendo al recordar la conexión que había sentido en el bosque. Mañana sería un nuevo día, y estaba decidida a abrazar cada momento.