Alice se lanzó contra el líder de los licántropos oscuros, la furia y determinación ardiendo en su interior. Su oponente la esperaba con una sonrisa maliciosa, pero ella no vaciló. Con un giro rápido, esquivó su primer ataque y lo golpeó con la rama que sostenía. El impacto resonó, pero el licántropo no cayó; se mantuvo firme, gruñendo con ferocidad. —No eres rival para mí —dijo el líder, su voz gruesa y gélida—. No tienes idea de lo que realmente soy. —¡Jimin! —gritó, sin apartar la mirada de su oponente. Sabía que él la entendería sin necesidad de más palabras. Apenas terminó de pronunciar su nombre, Jimin apareció a su lado. Su figura imponente y sus ojos llenos de determinación le dieron a Alice la seguridad que necesitaba. Ambos estaban conectados, sus movimientos sincronizados com

