Alice sintió cómo la energía fluía a través de ella, una chispa que no podía ignorar. El eco de su corazón resonaba en sus oídos, y mientras el caos a su alrededor crecía, se dio cuenta de que no solo era un espectador. Era parte de la manada, y tenía un papel que desempeñar. —¡Jimin! —gritó, enfocando su mirada en el licántropo que la había atacado. La rabia y el deseo de proteger a su nueva familia se arremolinaron dentro de ella, alimentando esa energía recién descubierta. Jimin, que estaba a su lado, parecía sentir el cambio en ella. Sus ojos se iluminaban con admiración y preocupación mientras se preparaba para el siguiente movimiento. —¡Vamos, Alice! —la instó, su voz llena de urgencia. Sin pensarlo, Alice se lanzó hacia el frente. Con cada paso, el dolor en su costado se desvanec

