Capitulo 20

1340 Words
El aire en el claro seguía cargado de tensión, como si el bosque mismo contuviera la respiración. Los ecos del conflicto recién vivido aún resonaban en los oídos de Alice, mientras los licántropos de la manada comenzaban a dispersarse para preparar defensas y estrategias ante la amenaza inminente de Gerard. Sin embargo, en medio de esa vorágine, Alice se sentía más enfocada que nunca. No podía, ni quería, alejarse de la situación. Darian lideró a su manada, organizando a los licántropos y asegurándose de que cada uno conociera su rol en la defensa del territorio. Alice observó cómo la fuerza y la unidad de la manada se entrelazaban con el espíritu de lucha que resonaba en todos ellos. Era una imagen poderosa, y por un momento, se sintió tentada a retirarse. Pero el recuerdo de Gerard y sus palabras amenazantes la mantuvo anclada en el lugar. Jimin, siempre alerta, se acercó a Alice y la miró a los ojos, buscando su resolución. “No te pongas en peligro”, le dijo suavemente, como si temiera que sus palabras no fueran suficientes para disuadirla. —¿Y dejar que luchen solos? No puedo hacer eso. Quiero ser parte de esto —replicó Alice, su voz firme y decidida. Jimin respiró hondo, y una sombra de preocupación cruzó su rostro. —Entiendo, pero también entiendo a Darian. Este mundo es peligroso, y no deberías ser parte de ello. Alice se sintió herida por la preocupación de Jimin, pero también le generó una mezcla de determinación y desafío. —No estoy aquí solo para observar. He estado en el medio de esto desde el primer día. No puedo dar la espalda a lo que soy. Jimin se quedó en silencio, consciente de que su argumento carecía de peso ante la convicción que emanaba de Alice. Sin embargo, su instinto protector seguía latente. En ese momento, Darian se acercó a ellos, su presencia imponente. —¿Estás segura de que quieres hacer esto, Alice? —Preguntó, su tono directo, pero no carente de respeto—. Hay mucho en juego y podrías perder más de lo que estás dispuesta a dar. Alice lo miró a los ojos, y en su interior sintió que la conexión con su familia, su nueva realidad y su propia fuerza emergía con más fuerza que nunca. —Lo estoy. Esta es mi lucha tanto como la de ustedes. Darian asintió lentamente, reconociendo su valentía. —Entonces prepárate. Si Gerard vuelve, vamos a necesitar a todos en pie de guerra. En ese instante, un profundo aullido rompió el silencio, proveniente del bosque. Los rostros de los licántropos se tornaron serios, y todos se pusieron en alerta. Alice sintió que su corazón latía con fuerza al recordar lo que había presenciado. No era un simple aullido; era una llamada, una señal de que algo se acercaba. —Viene más de ellos —dijo Darian, y su voz era un susurro grave. Las sombras comenzaron a moverse en el bosque, y Alice pudo distinguir las siluetas de licántropos emergiendo entre los árboles. No eran de la manada de Darian; estaban más allá de su territorio, y una sensación de inquietud la invadió. —Jimin, ¿quiénes son? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y temor. —No lo sé, pero no parecen amistosos. Prepárate —respondió él, adoptando una postura defensiva. El grupo que se acercaba estaba compuesto por al menos cinco licántropos, todos con pelajes oscuros y miradas fijas. Los licántropos de Darian se alinearon, formando una línea de defensa protectora ante la amenaza. Alice se unió a ellos, su mano firmemente apretada alrededor de la rama que había encontrado. El líder de los licántropos oscuros avanzó, su mirada desafiante y feroz. Tenía una cicatriz que le cruzaba la cara, lo que solo aumentaba su presencia intimidante. —Venimos en busca de Gerard —dijo con voz profunda, resonando en el aire como un trueno lejano. Darian dio un paso adelante, mostrando su autoridad. —Este es mi territorio. No toleraré que interfieras aquí. —No hemos venido a luchar con ustedes —respondió el licántropo, pero sus ojos eran duros como el acero. —Gerard ha cometido un error al desafiar a la manada de los Oscuros. Venimos a recuperarlo. —¿Recuperarlo? ¿Acaso es un perro que se ha perdido? —Darian soltó una risa fría, pero sus ojos reflejaban seriedad—. Gerard es un traidor. —Lo sabemos. Pero es un traidor que pertenece a nuestra manada. Si ustedes lo han encontrado, entonces debemos llevarlo de vuelta, o enfrentaremos las consecuencias —dijo el líder, gesticulando hacia sus compañeros que se mantenían en alerta. La tensión se palpaba en el aire, como si la batalla pudiera estallar en cualquier momento. Alice miró a Jimin, que permanecía junto a ella, su cuerpo rígido, listo para reaccionar. No podía evitar sentir que el enfrentamiento era inevitable. —No lo hemos encontrado, él nos taco primero—dijo Darian, su voz baja y amenazante—. Gerard ha elegido su camino. Ahora enfrentará las consecuencias de sus acciones. El licántropo de los Oscuros frunció el ceño, y una chispa de rabia brilló en sus ojos. —No toleraremos esta actitud. —¿Y qué vas a hacer al respecto? —desafió Darian, sin retroceder. El aire se volvió pesado, y Alice sintió que la adrenalina corría por sus venas. Estaba al borde de la lucha, y aunque el miedo amenazaba con invadirla, una parte de ella anhelaba la acción. No era solo un espectador, sino alguien dispuesto a luchar. Sin más advertencias, el líder de los Oscuros avanzó, dando la señal para que sus compañeros atacaran. La batalla estalló de inmediato, gritos de guerra y aullidos resonando en el bosque mientras los licántropos se lanzaban unos contra otros. Alice, asustada pero decidida, levantó la rama para defenderse. Jimin se movió como una sombra a su lado, protegiéndola y derribando a uno de los atacantes. —¡Alice, mantente cerca de mí! —gritó, y ella asintió, tratando de ignorar el caos a su alrededor. Mientras el enfrentamiento continuaba, Alice se esforzaba por recordar lo que había aprendido en sus encuentros anteriores. Sabía que no podía dejar que el miedo la controlara. Buscó la oportunidad de ayudar, esperando el momento adecuado para actuar. Con un grito de dolor, uno de los licántropos de la manada de Darian fue derribado. Alice sintió que su corazón se detenía al ver el cuerpo caer. Fue un recordatorio escalofriante de la seriedad de la situación. —¡Concentrémonos! —gritó Darian, intentando organizar a su manada—. ¡No podemos permitir que nos superen! Alice se lanzó hacia un licántropo que estaba a punto de atacar a Jimin. Con todas sus fuerzas, golpeó su espalda con la rama. El licántropo se tambaleó, permitiendo que Jimin lo derribara con un movimiento rápido. Sin embargo, Alice no tenía tiempo para celebrar. Otra figura apareció detrás de ella, y aunque se giró, fue demasiado lenta. Sintió un fuerte golpe en el costado, y el dolor la atravesó. Cayó al suelo, sintiendo cómo la rama se deslizaba de su mano. Su visión se nubló momentáneamente mientras intentaba recuperarse del impacto. —¡Alice! —la voz de Jimin resonó en su mente como un eco, pero la confusión le dificultaba concentrarse. Mientras se esforzaba por levantarse, una mano poderosa la ayudó. Era Jimin, con sus ojos llenos de preocupación y determinación. —No te vayas. ¡Debes seguir luchando! Alice respiró hondo, el aire le dolía, pero se aferró a la mano de Jimin, levantándose con su ayuda. A su alrededor, el conflicto seguía, cada aullido y cada golpe resonaban en su mente. Mientras se recuperaba, un impulso poderoso emergió dentro de ella. Había algo más en su interior, algo que se había despertado con cada desafío que había enfrentado. Era una parte de su herencia, de su naturaleza. Alice sintió cómo la energía fluía a través de ella, una chispa que no podía ignorar.
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