Al día siguiente, por primera vez en mucho tiempo, Alice pudo dormir hasta que su cuerpo lo quisiera. Aún medio sumida en el sueño, sintió el suave roce de su almohada y se acurrucó entre las sábanas, disfrutando del descanso. Sin embargo, un ruido leve proveniente del balcón interrumpió su tranquilidad, aunque decidió ignorarlo, convencida de que era solo el viento o quizás un pájaro. Sin pensarlo mucho, se dio la vuelta para evitar los rayos de sol que comenzaban a colarse por las cortinas, buscando nuevamente la comodidad de la sombra.
Pero de repente, sintió un peso a su lado, hundiendo ligeramente el colchón. En su semiinconsciencia, asumió que era su madre, quien a veces la despertaba cuando ya era tarde. Estaba a punto de ignorar nuevamente la molestia y seguir durmiendo, cuando notó un suave susurro en su cuello, un aliento cálido que la hizo despertar de golpe. Al abrir los ojos, sorprendida, se encontró con Jimin sobre ella, mirándola con una sonrisa tranquila y divertida.
—Es increíble cómo sigues durmiendo de la misma manera, incluso cuando alguien entra en tu habitación —dijo él con una voz suave, sus ojos brillando con una mezcla de picardía y calidez.
Alice sintió que la sangre le subía al rostro, su sonrojo inevitable mientras se removía rápidamente, apartándose de Jimin y sentándose en la cama, claramente molesta por encontrarlo ahí.
—¡¿Qué haces en mi habitación?! —espetó, frunciendo el ceño.
Jimin, con la misma calma de siempre, simplemente se encogió de hombros. —Esta es mi casa también, entro y salgo por donde quiero.
Antes de que Alice pudiera responder, él se inclinó hacia ella, acortando la distancia de manera casi imperceptible, lo suficiente para que sintiera su presencia. —Alístate, vamos a almorzar. —Su voz era baja, casi íntima, y sus ojos se encontraron por un instante antes de que él se retirara, saliendo por el mismo balcón por donde había entrado.
Alice se quedó sentada en la cama, irritada, preguntándose cómo era posible que él apareciera de esa forma, tan descarado y confiado. ¿No conocía el concepto de privacidad? Gruñendo para sí misma, se levantó de la cama y se dirigió al baño, intentando calmarse mientras se duchaba. El agua tibia le ayudaba a despejar sus pensamientos, pero la imagen de Jimin en su habitación seguía rondando su mente. ¿Cómo se suponía que iba a enfrentarlo durante el almuerzo?
Una vez lista, Alice bajó al comedor, donde su familia ya se encontraba reunida. Sus padres, Lisa y Sebastián, estaban conversando alegremente con los padres de Darian. Su hermana Liliana y Darian también estaban allí, preparándose para el gran día de la boda. Y, por supuesto, Jimin estaba sentado en la mesa, como si no hubiera irrumpido en su habitación esa mañana. Alice suspiró al ver que su lugar asignado estaba justo enfrente de él.
Durante el almuerzo, todo transcurrió como en una típica comida familiar: risas, comentarios sobre los preparativos de la boda y algunas conversaciones triviales sobre el clima y los invitados que llegarían pronto. Sin embargo, Alice no podía evitar notar las miradas ocasionales de Jimin. Cada vez que levantaba la vista, sus ojos se encontraban con los de él, y aunque trataba de ignorarlo, la tensión entre ambos era palpable.
Después de la comida, las familias decidieron salir al jardín para dar un paseo. Las flores vibrantes adornaban los caminos, y los arbustos cuidadosamente recortados le daban un aire de paz al lugar. Alice, en busca de un respiro, se alejó un poco del grupo, encontrando un rincón tranquilo donde unas aves revoloteaban entre los árboles.
Mientras observaba las aves jugar entre las ramas, sintió la presencia de alguien detrás de ella. No necesitaba voltear para saber quién era. Jimin se detuvo a pocos pasos de ella, su aura inconfundible.
—¿Disfrutando del descanso antes de la ceremonia? —preguntó él, su tono más suave de lo habitual.
Alice lo miró por encima del hombro, su expresión neutral, pero con un rastro de irritación aún latente. —Sí, disfruto de mi paz... mientras tanto.
Jimin, en lugar de inmutarse, sonrió ligeramente. —Estaba pensando en salir a cenar esta noche. ¿Te gustaría acompañarme?
La respuesta de Alice fue rápida, casi automática. —Me parece bien. Que te vaya bien —dijo, girándose para irse.
Pero Jimin no la dejó marchar tan fácilmente. Con un movimiento rápido, la tomó suavemente de la muñeca, deteniéndola. —Alice, solo intentemos conocernos mejor, al menos. ¿No crees que sería más fácil?
Las palabras de Jimin resonaron en su mente, haciéndola dudar por un momento. A pesar de todo lo que había sucedido entre ellos, había una parte de Alice que sentía curiosidad, aunque no quería admitirlo. Finalmente, asintió con un suspiro.
—Está bien, intentemos.
Regresaron juntos hacia sus familias, y antes de que pudieran despedirse, Darian se interpuso. —Voy con ustedes —anunció con un tono protector.
Sin embargo, Liliana intervino rápidamente. —Déjalos, Darian. Necesitan pasar tiempo juntos para llevarse mejor.
Jimin lanzó una mirada agradecida a Liliana, y pronto, él y Alice se dirigieron hacia el auto. El viaje fue relativamente tranquilo, aunque Alice no pudo evitar preguntarse a dónde la llevaría Jimin para cenar. Sin embargo, cuando llegaron al destino, su sorpresa fue evidente.
—¿Un restaurante de pollo frito y cerveza? —dijo Alice, arqueando una ceja, claramente incrédula.
Jimin la miró con una expresión de completa inocencia. —¿Qué? Es un lugar común y corriente, cómodo para conocernos mejor. Además, el pollo es excelente.
Alice suspiró, pero decidió no hacer un gran problema al respecto. Se sentaron en una mesa junto a la ventana, y pronto les trajeron su comida. Mientras comían, Jimin aprovechó la oportunidad para iniciar una conversación.
—Sabes, Alice, siempre has sido un misterio para mí. Nunca sé lo que realmente piensas.
Alice levantó la vista de su plato, sorprendida por su franqueza. —¿En serio? Pensé que yo era bastante clara en lo que pienso.
Jimin negó con la cabeza. —Solo en la superficie. Pero creo que hay más en ti de lo que dejas ver. Como esta mañana, por ejemplo.
Alice volvió a sonrojarse, recordando el incómodo encuentro en su habitación. —No hablemos de eso —dijo, tratando de desviar el tema.
Jimin, sin embargo, no la dejó escapar tan fácilmente. —Lo digo en serio. No deberías preocuparte tanto por lo que piensen los demás... Ni si quiera lo que digo yo. He tenido problema con medio licántropos desde que tengo memoria y a veces se me es imposible no ser algo molesto, cuando estoy con uno… Por eso quiero disculparme contigo.
Alice lo miró por un momento, sorprendida por el giro de la conversación. —Acepto tus disculpas, solo si dejas de hacer ese tipo de comentarios tanto para mí como para los demás.
Jimin asintió, su expresión más seria. —Lo dejare de hacer si dejas de usar tus lentillas.
La sinceridad en sus palabras tomó a Alice por sorpresa, aclarando su garganta se enderezo un poco en su asiento. No esperaba que Jimin hablara de esa manera.
—Siempre los llevo, no hay nada que hacer con respecto a eso—murmuró Alice, sin saber exactamente qué decir. — los uso por costumbre y tu dijiste que incomodaban.
Jimin la observo una vez más, con una expresión seria. — Supongo que no di a entender bien mi punto… — Solo sé tú misma, Alice. Eso es lo único que importa —dijo Jimin, antes de levantar su vaso de cerveza y sonreír. —Por un nuevo comienzo para ambos.
Alice levantó su vaso, sintiendo que, por primera vez, quizás había una posibilidad de que las cosas entre ellos mejoraran. Pero al mismo tiempo, sabía que el camino hacia esa paz no sería tan simple.