Gwyneviere estaba comenzando a impacientarse dentro de su celda. No se le ocurría una forma de escapar de allí, y su magia era inútil. Nimh no había regresado a visitarla, y no sabía qué pensar al respecto de todo lo que habían vivido juntas. –Oigan –dijo Graeme, haciendo que Gwyneviere volviera a la realidad–, en cualquier momento vendrá el autómata. Habían pasado unos días, y Vandrell y Darion habían estado quitando rocas. –Sólo un poco más –dijo Vandrell. Un sonido advirtió la llegada del autómata y pudieron escuchar el crujir de la puerta. –Rápido –dijo Darion–, deja esas rocas de este lado y sólo usa algunas para tapar el agujero. –Pero, ¿qué pasará contigo? –Asumiré las consecuencias. Lo golpearé con una roca, no lo sé. El autómata caminó por los pasillos de la cueva y se di

