–Nigromante. Te lo dije –dijo Darion, del otro lado de la celda. –Cállate, Darion –respondió Gwyneviere–. Estoy soñando, esto no puede ser verdad. –Pero lo es, te pellizcaría, pero estas cadenas no me lo permiten. Poco después, el autómata regresó y extrajo sangre de Darion. Gwyneviere estuvo atenta escuchando. –Maldito –dijo Darion, en voz baja, cuando hubo terminado. Cuando finalizó con Darion, se dirigió a la celda de Vandrell. –Desvístete –dijo. Gwyneviere podía escuchar cómo Vandrell se desvestía, y luego escuchó el tintineo de unos viales chocando entre sí. –Más bombas –dijo Vandrell–¿No tienes demasiadas ya? El autómata no respondió. Luego de un momento, Gwyneviere escuchó la puerta de barrotes cerrarse y vio la silueta del autómata alejándose de allí, con un cargamento de

