Cuando íbamos a salir de la habitación me agarró la mano, entrelazando sus dedos con los míos. Yo levanté la mirada hacia él y respondí a su pequeña sonrisa con otra mucho más amplia. No entendía muy bien por qué estaba tan feliz ante esta situación, cuando lo más normal sería que estuviera completamente enfadada o incluso asustada, sin embargo era todo lo contrario. Apenas nos conocíamos desde hacía una semana, pero sentía como si nos conociéramos desde hacia años. Estaba tan cómoda con él, y me sentía más segura de lo que había estado en toda mi vida. Ya no quería poner más en duda lo que él me hacía sentir. Era feliz a su lado, con su dominación, entregándome a él y siendo su sumisa. A pesar de todos los problemas financieros que teníamos en casa, ahora tenía fuerzas para pensar que en

