-Sígueme-Mateo estaba bajando las escaleras. Yo me había quedado este tiempo sentada en una de las sillas de la entrada perdida en mis pensamientos, los cuales no se aclararon lo más mínimo. Además, aunque no lo hubiera estado, tampoco podría haberme movido mucho porque no tenía otro sitio al que ir. No me atrevía a subir arriba, y todas las habitaciones de la planta baja tenían las puertas cerradas. Con las manos a la espalda no había llegado a abrir ninguna puerta. Además, no quería abrir una y que resultara que dentro hubiera alguien que me viera de esta guisa. Aunque claro, por aquí podía pasar alguien en cualquier momento, pero decidí que era menos peligroso que ir abriendo habitaciones sin saber qué o quién podía haber dentro. Porque no sabía cómo podría explicar el llevar unas espos

