Tenía las manos acalambradas por el esfuerzo de pajear pollas durante tanto tiempo. Tras varias horas en la jaula siendo asediada por cinco hombres, sin parar de correrme por culpa de la s*x machine, el culo lleno por un plug, las tetas atadas y la boca llena de semen, apenas podía mantener los ojos abiertos. La excitación que me había mantenido cachonda durante gran parte de la tarde ya se había ido, y ahora tenía el cuerpo frío y tembloroso. Solo quería salir de la jaula y poder descansar. Ni siquiera pensaba en darme una ducha, solo quería echarme en una cama y dormir. Si me dejaba guiar por los ruidos de la habitación, los cinco Doms ya se habían ido, sino de la casa, al menos sí del cuarto. Escuché un clic, y el vaivén de la polla en mi v****a paró. Supuse que era Mateo. Sentí un d

