Dos días habían pasado desde la última vez que nos habíamos visto. Sentía como la ansiedad crecía en mi cuerpo por esta lejanía, pero tampoco se pudiera haber hecho otra cosa. Estos dos días yo había tenido pequeños trabajos para hacer y había estado ocupada. El primer día había estado repartiendo folletos anunciando la discoteca que me había contratado por media ciudad. No me habían pagado mucho, pero tampoco es que el trabajo hubiera sido lo más difícil del mundo, así que no tenía demasiadas quejas. El segundo día me habían cogido como parte de una cuadrilla para pintar una fachada, pero solo pude estar el primer día porque, según las propias palabras del capataz de la obra, “entretenía a sus muchachos demasiado y no hacían bien su trabajo cuando me tenían cerca”. La verdad es que agrade

