En cuanto mi Amo paró el Lexus frente a un local de tatuajes y piercings los nervios llegaron y apenas me dejaron moverme para bajarme del coche. Mateo, que pareció intuir lo que me pasaba, simplemente me cogió de la mano y me hizo de guía. Yo me sentía segura cuando estaba con él, así que en cuanto él me tocó supe que no había de qué preocuparse, porque mi Amo estaría ahí para cuidarme en todo momento que yo necesitara. El resto del tiempo la verdad es que se me pasó volando. El dueño del local fue el que vino a atendernos, y me puso anestesia local en las zonas a anillar, ya que según las palabras de mi Amo, “solo él tenía derecho a hacerme sentir dolor. El resto me lo evitaría siempre”. Por tanto, una vez que me eché en la camilla y centré mis ojos en Mateo, todo pasó muy rápido. Al

