Madison no me dio la oportunidad de responder a su pregunta, se puso de puntillas y me dio un largo beso en los labios. Un beso que me dejó totalmente aturdido, al mismo tiempo tomó el nudo de la toalla y lo desató, haciendo que esta caiga al suelo y me quede en puro bóxer. Estaba sorprendido de esta Madison que tenía frente a mí. La inocente gatita se ha convertido en una feroz y sugerente pantera en celo. Sin perder más el tiempo, se separó un poco de mi pecho y le volvió a dar un vistazo a mi erecto y sufriente pene, sonrió… sonrió tan jodidamente sexi que mi v***a ya no soportaba estar dentro de mi bóxer. Pero quise dejar que Madison hiciera lo que quisiera conmigo, temía que… todo fuera un juego provocador y finalmente se burlara dejándome excitado y con deseos de follarla. —¿Te gus

