Madison no se detiene, no se despega de mi pene, lo chupa y acaricia con su lengua como una experta. —¿Te gusta? —Pregunta, volviendo sus ojos hacia mí y lamiéndose los labios. —No pares, sigue así, lo haces perfecto. —¡Ah!, otro jadeo salió de mí. j***r, esta mujer… mi mujer me está volviendo loco, quisiera follarla duro, pero quiero que sea ella el que abuse de mí esta noche… nuestra noche… nuestro reencuentro lleno de sexo. Juro que no me lo esperaba, pero estoy demasiado satisfecho y estoy seguro de que ella también, su cuerpo lo confirma. —¡Eres una diosa, preciosa mía! —Alabo. Cuando ella lame mi glande, pasa su lengua haciendo círculos, me la imagino comiéndose una paleta… es como si mi m*****o fuera eso… un dulce manjar. —Me encanta tu v***a… gruesa y grande… siempre quise prob

