Horas más tarde, Madison se comunicó con la señora, donde actualmente está trabajando, y le comentó el motivo de su ausencia. La jefa le recomendó que descansara y, cuando considerara conveniente, podía presentarse nuevamente. —¿Con quién hablas, madre? —Preguntó el hijo acercándose a ella. —Ah, es Madison, la chica que nos ayuda en la cocina. La pobre está muy enferma y no vendrá durante un tiempo. —Lamentó. —Le haré una visita sorpresa. —dijo el apuesto joven. —Es una buena idea, tú que sabes dónde está su casa, ve a visitarla. Pero no te olvides de llevarle flores y chocolates, eso le levantará los ánimos. —¡Mamá! —se quejó el hijo por el atrevimiento de la señora. —¿Qué tiene? Eres un caballero que visitará a una dama hermosa, no pretendes llegar con las manos vacías, ¿o sí? —cue

