El teléfono en la oficina sonó; era Arnaldo quien le pedía al contador que le llevara los documentos que hace rato, le pidió modificar para el pago de planilla a los empleados. —Están listos, jefe. En un momento los tendrá en sus manos—. Le respondió el gerente. —¿Era mi nieto?—pregunta el señor Ferreira. —Sí. —¿Qué quería? —Unos reportes contables. Si gusta, puede acompañarme para que usted también sea partícipe y compruebe el rendimiento positivo que tiene la empresa gracias a la buena administración de su nieto? — propone. —Oh, no. Ni de hablar, en este momento no es conveniente que nos acerquemos a esa oficina. —¿Por qué no? ¿Qué está sucediendo que yo no me doy cuenta?—pregunta con el ceño fruncido. —Usted escuchó que el jefe pidió llevarlos de inmediato. —No podemos ir ahor

