En la madrugada, exactamente a las tres de la mañana, el incesante timbre de mi celular me despertó de mi cómodo sueño. Tuve que estirarme sobre la cama para alcanzar mi teléfono de la mesa de noche. Casi cegada con la luz de la pantalla, deslicé mi dedo para contestar el número desconocido. —¿Freya Donovan? —Preguntó una voz masculina. —Mmjh —proferí como si eso fuera un sí. Estaba bastante somnolienta. —Soy Chase Danders —se presentó, asentí medio adormilada como si pudiera verme—. Dejaste tu número telefónico en el club. Pues... esto es una emergencia. —Cuenta el chisme, amiguito —murmuré intentando conseguir despertarme por completo y no volver a roncar apenas el chico empezara a hablar. El tal Chase tenía el peor problema amoroso de su vida, según. Había agarrado con las manos e

