Capítulo tres: Bebidas en Wheeler's

1806 Words
—Los hombres son unos desgraciados. Brindo por eso —Olivia alzó su vaso de escocés y lo bebió de golpe, atragantándose segundos después. Dio unos golpecitos en su pecho y continuó como si nada—. Quiero otro, Sammy. —No me llames Sammy —espetó el joven, sirviéndole más. Me detuve a observarlo ligeramente. Se veía casi de la misma edad que Olivia. Entre sus dieciocho y veinte años apróximadamente. Su rostro cuadrado con facciones bastante finas, lo hacían ver mucho más joven. —¿Tú amiga va a querer algo? —Preguntó él, señalándome. Negué con la cabeza de inmediato. —Soy menor de edad, no puedo beber —respondí. —Sí, mi novia igual lo era cuando bebió y murió. ¿A quién mierda le interesa? ¿Quieres algo o no? —No —contesté algo impactada ante su b********d. Ese chico se veía enojado totalmente con la vida. Él asintió, luego se alejó de la barra. —No le tomes importancia, todos los avergonzados estamos enojados con la vida —musitó, dándole otro sorbo a su bebida. Mi ceño fruncido y mi mirada inquisitiva debió hacerla entender que quería saber de qué hablaba. Ella resopló antes de explicarse—. Éramos nueve alumnos de North Leston, todos estábamos terriblemente avergonzados de algo y sin saberlo formamos un club. Día con día nos desahogábamos, sin saber quiénes éramos realmente, pues teníamos seudónimos. Hasta que todo empeoró —una sonrisa melancólica atravesó su rostro al relatar aquello, se limitó a volver a beber y ya no mencionó nada más. Me daba miedo preguntarle qué había sucedido, no quería abrir heridas de una desconocida que se veía hundida en sus penas, los ojos de Olivia delataban el mismo dolor que los del tal Sam. —¿Tom era parte de los avergonzados? ¿Por eso lo expulsaron? —Pregunté. Olivia giró a verme, mientras se mordía el labio, meditando la respuesta. —No. Pero Tyler sí. Tyler y yo hicimos algo de lo que no estamos orgullosos, Tom se echó la culpa por mí —soltó un largo bufido—, por lo que ambos salieron expulsados. La revelación me tomó por sorpresa, después de lo que había presenciado horas atrás, no podía ni creer que Tom realmente fuera buena persona. Desde mi perspectiva, era un ser repudiable, infiel, malcriado, desgraciado, mentiroso y cualquier otro insulto que se me ocurriera. —A pesar de que era menor que yo por tres años, siempre nos llevamos bien, ¿sabes? Aquí, en las afueras del vecindario había una sección que los habitantes crearon para los niños, aunque casi nadie la usaba. Era un extenso terreno lleno de casas del árbol. Algunos las utilizaban para ir a jugar, probablemente los más pequeños. La mía quedaba junto a la de Tom. Yo tenía trece y seguía refugiándome ahí, de la pubertad, de los cambios, de no ser lo que mis padres querían. Y él todavía era un niño inocente. Así que nos acompañábamos. Leíamos cómics. Ambos amamos a Spiderman. Todas esas palabras me azotaron como un balde de agua fría directo en la cabeza, me encontraba con el labio inferior temblando, sin saber exactamente porqué. Olivia se dio cuenta de que me estaba haciendo daño, por lo que dejó de hablar. —Lo siento, de verdad. No creí que él fuera como Tyler. No mereces esto. Él pagará por lo que te hizo y tú mereces a alguien mucho mejor. Debes superarlo. —No es tan fácil. —Lo sé perfectamente, pero un día mirarás atrás y tendrás algo muchísimo mejor que Tom. Sonreí. Agradeciendo tener su apoyo moral al menos. Pedí que cambiáramos el tema, porque quería pensar en otra cosa. Ella accedió. Me contó todos sus hobbies. Le encantaba Supernatural, estaba obsesionada con KeyApp y amaba a Sherlock Holmes. Duramos eternidades hablando. Empezamos con Supernatural y terminamos preguntándonos si realmente existía la vida en otras planetas, tema que ambas finalizamos con un rotundo SÍ. Cuando la noche cayó por completo, me ofreció pagarme un taxi o llevarme en su auto, estaba tan ebria que definitivamente me negué. Llamé a papá para que fuera por mí, quien accedió totalmente. En el camino muy apenas hablamos. Él me notó. A pesar de que me sentía más tranquila y una parte de mi ser intentaba aceptarlo, sólo quería llegar a casa y desahogarme escribiendo poesía barata sobre lo estúpido que era. —¿Estás bien? —Preguntó papá, mirándome de reojo mientras conducía. Asentí, pensando que si le contaba lo que realmente había sucedido, él sería el primero en ir a matarlo. Aunque pensándolo bien... no era tan mala idea. ¿Eh? —¿Tú y Tom se reconciliaron?  No pude contestar eso. Me limité a guardar un rotundo silencio. Agradecí a los Dioses cuando llegamos a la casa. Así pude bajarme casi corriendo. Abrí la puerta principal con mi conjunto de llaves y subí las escaleras de dos en dos, metiéndome a mi habitación deprisa. Pasé el fin de semana escribiendo mi poesía barata y ahogándome en helado, sin que mis padres lo notaran, lo que menos quería era que me dedicaran sus miradas comprensivas y me dijeran: eso pasa, te van a romper el corazón una y otra vez. Ahora, si me disculpas, voy a castrar a Thomas Harper. Sabía con exactitud que esas serían las palabras de mi madre. Y sabía que era capaz de hacerlo. No contesté los mensajes de Bash, quien preguntaba si quería que saliéramos a ver la exhibición de Harry Potter que estaban realizando en el centro de la ciudad. Mi amor por Harry Potter no fue tan fuerte como para levantarme de la cama y dignarme a salir al aire libre. Perdóname, Santo Merlín. He pecado. Tampoco le contesté a Stacy, quien me contaba con miles de signos de exclamación y emojis sonrientes que había entrado al equipo de animadoras. El lunes, llegó la hora de la verdad. El domingo dormí tan poco por entretenerme viendo Supernatural que me quedé dormida en la ducha. Si no fuera por mi padre, que casi tumbaba la puerta apresurándome, me hubiera ahogado en la bañera. Me vestí con la lentitud de una tortuga, pues con cada prenda que me ponía, me acostaba en la cama a dormir unos minutos. Cuando terminé de vestirme por completo, me limité a hacerme una coleta de caballo y agarrar mi mochila. En el camino, me quedé dormida recargada contra la ventana del auto. —¿Acaso dormiste? —Me preguntó, con el entrecejo fruncido. —¡Sí! Mentirosa. Sabía que si le decía que había dormido menos de dos horas por acabar la segunda temporada, me lanzaría su mirada fulminante y me cambiaría la contraseña de Netflix. Me bajé del auto entre tropezones e intenté caminar como las personas normales, mis piernas parecían gelatina del cansancio. No podía ni mantener mis ojos abiertos. Eran varias cosas las que dejaban mis ánimos por los suelos; el cansancio, el tener que esperar para iniciar la tercera temporada, el saber que vería a Tom. Y por supuesto... tener que averiguar si Blaine sabía sobre eso. Una traición de él me desgarraría por completo. Entré al aula y más de uno se llevó un susto al ver mi aspecto. Stacy me miró detalladamente con los ojos entrecerrados y Bash... (quien para mi sorpresa había asistido) estaba durmiendo recargado sobre el hombro de Stacy. Más de uno de mis compañeros le tomó fotos disimuladamente a Bash, mientras se partían de risa. Me senté a un lado de Stacy, en esa clase si podíamos estar en los asientos de atrás. Al profesor no le interesaba la conducta, y curiosamente, en su clase todos guardaban silencio. —¿Qué te pasó? ¡Frey! Ni siquiera me contestaste los mensajes que te mandé. ¡Entré al equipo de animadoras! —Chilló totalmente emocionada. Sonreí sin ganas. —Yay —comenté sin ganas de festejar. Stacy parpadeó sin comprender mi humor, por lo que despertó a Bash de un golpe. —¡Yo maté a Sirius Black! —Gritó despertándose de golpe. Al parecer, estaba a mitad de un sueño relacionado con Harry Potter. Como siempre, todos giraron para ver a Bash y carcajearse. El azabache se refregó los ojos, mirando en todas direcciones, medio espantado por la manera abrupta en que Stacy lo despertó. —Adivinaré, ¿ayer te quedaste viendo el prisionero de Azkaban? —Indagué. Mi mejor amigo asintió, al tiempo que se estiraba soltando un largo bostezo. —Sí, así que más les vale que me hayan despertado por algo importante. —A Freya le sucede algo —puntualizó Stacy. Para evitar que el profesor nos sacara de la clase por platicar, los tres nos saltamos la clase. Nos dirigimos a la cafetería que estaba casi vacía. Terminé dándome por vencida y contándoles todo. Me sentía patética. Estúpida. Una total tonta. Ambos me consolaron, diciendo que no era una estúpida por haber creído en Tom, él era un estúpido por haberme engañado sin sentir culpa alguna. Cuando sonó el timbre que indicaba que la primera clase había terminado, los tres salimos de la cafetería, camino hacia Ciencias Sociales. Me detuve abruptamente cuando vi a Tom, en compañía de Blaine, ambos se reían de no sé qué. Y me hirvió la sangre. Mi alma de Hufflepuff se fue. ¡Quería exigirle una explicación! Lanzarme a él, gritarle. Darle un buen puñetazo en su hermoso rostro. —¡Frey, Bash, Stacy! —Exclamó Blaine a lo lejos cuando nos vio. Agitó su mano en modo de saludo. Vi claramente la expresión que puso Tom cuando se dio cuenta que estaba ahí. Se le heló la sangre, lo sé. Intentó huir. Pero fui más rápida.  Llegué hasta ellos, deseando con todas mis fuerzas que no fuera cierto lo que tanto temía, halé a Blaine de la camisa, acercándolo a mi rostro. —Dime que tú no lo sabías. —¿Qué demonios, Freya? ¿Saber qué? ¿Estás bien? —Dime que no sabías que Tom se burlaba de mí mientras decía quererme y en realidad estaba con otra —lo solté de la camisa. Tom se quedó sin palabras, abría la boca intentando formular una oración pero no salía nada. Blaine volteó a verlo, con una expresión totalmente distinta. —¿Es cierto lo que dice Freya? —Preguntó Blaine. —Sí —titubeó Tom. —Por lo menos eres sincero, Tom —sonreí con amargura sintiendo como miles de puñaladas llegaban a mi corazón. Me dolía ver que no le interesaba en lo absoluto. No intentaba explicarme. No pedía mi perdón. Tal vez se sentía culpable o apenado, pero no lo suficiente. —Eres un imbécil —espetó Blaine. Me tomó suavemente del brazo para alejarme de Tom y volvimos con Stacy y Bash, que observaban la escena sin intervenir.  Más tarde, en el último periodo, me enteré que Bash intentó noquearlo en los baños con una patada ninja, pero que sólo ocasionó que Bash se resbalara con un charco de agua y terminara en la enfermería. A pesar del fallido intento, se lo agradecí, porque sabía que mi mejor amigo me quería tanto como yo a él, y estaba dispuesto a echarse de enemigo a todo el que me hiciera daño.
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