Me quedé paralizada con espanto, como lo haya oído... Se aproximó a mí aún con su labio aferrado a sus dientes y yo retrocedí un poco. Quedó frente a frente pegado a mí y acarició mi muslo por debajo de la falda del vestido. — ¿Qué pasa? ¿Por qué te apartas? — Frunció el ceño y me pegó más a él. — Yo... pensé... nada — Suspiré aliviada. — Me encanta como te queda este vestido, te ves tan linda y tan... dios... No quiero decirte todas las guarradas que se me vienen a la mente ahora mismo sobre que haría contigo porque te asustarías... — Me encanta cuando me habla así. Le sonreí de manera delicada y me encogí un poco. — ¿Con quién hablabas que no dejabas de reír? — Preguntó, estaba algo intrigante, pero su expresión seguía siendo de deseo puro. Apretó mi muslo y me sobresalté un poco. —

