El camino se me hizo corto, podía jurar que la universidad en la que Ezra asistía estaba a la vuelta de la esquina, sin embargo no para mi acompañante, el que no podía dejar de remolinarse inquieto en su asiento, su rostro preocupado miraba por la ventana como si el cielo se fuera a caer, no me anime a hablarle, juraba que si lo hacia él terminaría gritando como un loco, Edmon nos miraba por el espejo retrovisor desde el asiento del copiloto pendiente de que el príncipe del castillo no brincara por la ventana; no fue hasta que llegamos a la entrada de su universidad que vi la magnitud de acompañar al hijo menor, ¿Dónde lo esperaría? ¿Qué haría?, tragué saliva con dificultar mirando el enorme complejo barroco, casi salgo por la ventana contemplando la belleza de mi alrededor, no se parecía

