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MI CRUEL AMANTE

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Blurb

Un contrato la condenó a estar a su lado.

En la cama de ese monstruo egoísta, desalmado y cruel hombre, no se acepta un "no" por respuesta.

— Te vas a casar. Por favor, déjame ir.

— Tienes prohibido alejarte de mí.

¿Se puede vivir siendo una amante? ¿Una amante en cautiverio? ¿No duele ver cómo el hombre que amas se casa con su novia perfecta? ¿Se puede soportar el rechazo de todos?

Elena debía tomar una decisión aunque no se sea la correcta.

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"Límpiate" Elena Rush dejó de morder la almohada después de que Esteban dejó de embestirla. A pesar de los gritos, llantos y súplicas para que termine, ella era consciente que él nunca la escucharía. Jamás fue dulce y eso lo sabía desde hace muchos años. Tenía prohibido hablar después de hacerlo, así que limpiando sus lágrimas vio cómo se iba al baño para asearse mientras que ella sacaba las sábanas manchadas de sus fluidos y esas pequeñas manchas escarlatas. Un signo de la vehemencia y crueldad de su amante. "Será mejor que no vuelvas a salir sin preguntar" Esteban no la miró cuando salió, tomó su saco y se fue a su habitación sin decir ni una sola palabra más. Elena se duchó y limpió con rabia, arañando su piel clara y cremosa. Odiaba su olor y las marcas que dejaba en su cuerpo, pero no pudo hacer mucho para cambiar lo que tenía. Con eso en mente y después de llorar vio las noticias plasmadas en las revistas de entretenimiento. Nuevas fotos que los padres de Esteban, la familia Byrne, aprobaron para su publicación. Eran todas donde Esteban y Leticia Morgan caminaban y hablaban con complicidad. Como una pareja enamorada de la clase alta, destilaban elegancia y una amor extraño que era la envidia de aquellos que compraban dichas revistas. "Si eres feliz con ella, ¿por qué me retienes aquí?", susurró. Ella no salía sin pedir permiso. Todos esos años eran así, pero en los últimos meses encontró en su amigo algo que calentaba su corazón y no quería que Esteban hable sobre él. Ella quería proteger su identidad y sobre todo, quería protegerlo de él. Al día siguiente, sentía que su cuerpo dolía con el mínimo movimiento, pero gracias a las doncellas, pudo tener un día normal y visitar a su familia después de tanta insistencia. Esteban no se quedaba a desayunar, así que ella pudo salir con libertad hasta que oscurecía. "Mi niña volvió, ¿por qué tenemos que hacer una cita para que puedas visitar a tu familia?" Su madre tomó sus manos tan suaves y la sentó a su lado. "¿Es la forma de tratar a tus padres o, el señor Byrne te mantiene ocupada?" "¿Ahora cuánto necesitan?", suspiró. "¿Cómo puedes hablar así? Si un extraño viene de visita pensaría que exploto a mi hija" "Mamá, si no vuelvo es porque cada vez que estoy aquí hay un problema. ¿Quién querría volver solo por eso?" "¡Pequeña ingrata! ¿Sabes que tu padre hace de todo para nuestro bienestar? No es su culpa que siempre traten de engañar su buen corazón. ¡Las personas malas son las culpables! Si necesitamos tu ayuda es porque puedes hacerlo y el señor Byrne prometió que no importa el favor que pidamos, él está dispuesto a cuidar de nosotros". Elena sentía el calor subir por sus entrañas, sentía hervir su sangre y el repentino dolor de cabeza cada vez que escucha la voz chillona de su madre. "¿Por qué eres tan egoísta? Hicimos algo bueno por ti ya que está cuidándote y cubriendo tus carencias con dinero. ¡Solo nos está ayudando, pequeña egoísta!" "¡¿Egoísta?! ¡¿Está cuidando de mí o de nosotros?!" Elena gritó, perdiendo la cordura de solo escucharla. "¿A quién estás gritando, maldita mocosa?", su padre empujó a Elena sin importarle las lágrimas que ella derramaba por rabia. "¿Así es como tratas a tu madre cuando no estoy? ¿Ahora tiene que dejarse humillar por un poco de dinero que para los Byrne es solo polvo? Me da ganas de darte una paliza". "¡Ustedes no tienen idea de lo que eso significa! ¡¿Un poco de dinero?! ¡¿No saben lo que tengo que sacrificar por un poco de dinero?!", gritó, molesta y harta de que ignoren lo que pasaba por todo lo que obtenían de ella. "¡¿Y qué tiene?! ¡Tienes al hombre más poderoso de tu parte y vienes a llorarnos tus penas!" "Todos tenemos que sacrificarnos, querida. Puedes renunciar, no te obligamos, pero ten en cuenta lo mucho que necesitamos de los Byrne", la tranquilizó su madre. Elena quiso reírse de su familia. Para ellos solo era dinero, para ella eran sus años de juventud. "¡Ustedes no tienen idea de lo que dicen y me llaman egoísta!". Su voz se desgarraba con las ganas de gritarles lo que el dinero significaba para ella. Pero el golpe que sintió en su mejilla detuvo cualquier pensamiento o llanto. Su padre perdía la paciencia cada vez que la veía quejarse del despilfarro que hacían, así que no pudo evitar darle una lección. "Thomas, ¿qué hiciste? Su rostro..." Ambos padres sabían que no podían lastimarla porque pertenecía a Esteban Byrne; sin embargo, luego pensaron que un poco de maquillaje sería suficiente. Además, no era la primera vez. "Esta pequeña perr* se lo merece. Eso pasa cuando intentas desafiarme y te niegas a ayudar a tu familia", sentenció, furioso. Las deudas respiraban en su espalda y quería seguir alardeando del nuevo auto, así que tenía que buscar dinero pase lo que pase. Elena empezó a reír mientras las lágrimas bañaban sus mejillas y sus hombros se movían con violencia. Estaba cansada, adolorida y humillada. Y llorar ya no tenía sentido... "Ustedes no entienden, no entienden el precio de la ayuda de Esteban. ¡No saben que vendí mi alma por ustedes!". Esto último lo gritó tan fuerte que su hermano salió de su habitación al escucharla. "¡Unos cuantos dólares no significan nada para ustedes, pero para mí son años de sentencia!". Sin esperar más golpes o insultos, Elena se levantó y escapó cuando su padre volvió a acercarse para golpearla. "¡Ven aquí, maldita zorr*!" Elena corrió como si sus pulmones fueran mágicos. En realidad, sus padres no solo estaban preocupados por el dinero, sino que también temían que salga sin antes cubrir las heridas, como siempre lo hacía para que los guardias no vean lo que pasó. Así que una vez afuera no podían gritarle o golpearla, ya que sus guardaespaldas la llevaron a su jaula de cristal, según las órdenes de Esteban. Elena cubrió su rostro mientras suspiraba por permitir esto. Se arrepentía con tanta fuerza el firmar ese contrato que la sentenció de por vida. Pero también sabía que existía una cláusula que era su última oportunidad: el casamiento de Esteban y Leticia.

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