7

1310 Words
Esa noche a Clara Isabel le tocó que dormir en un pequeño sofá que está en la sala, sin siquiera usar una sábana porque no quería ir a buscar una a la habitación donde su esposo está durmiendo con la amante, se quedó solamente con su ropa que anduvo puesta durante el día, que consta de un pantalón y una blusa manga larga, por fortuna ese atuendo le ayudó a no quedar tan descubierta. Pero aun así, el frío abrazador de la madrugada le pegó fuerte y por más que ella se enrollara en el sofá, siempre temblaba por lo helado. Mientras que su esposo, duerme muy calentito en una cama al lado de su amante. — Este idiota nunca se va a dar cuenta de que estoy embarazada, jamás sabrá que será papá ¡Lo juro por mi vida! —Dice Clara Isabel, mientras llora y se lamenta por haber sido tan bruta al enamorarse perdidamente de este hombre que la llevó a la luna con sus mentiras y luego la dejó caer de un solo golpe. Por la mañana ella se despertó un poco tarde porque hacía poco se había vuelto a dormir por el frío que sentía. Quiso ir a la habitación a ver si ya se habían marchado los amantes, ella quiere buscar algo con que arroparse para calentar un poco su cuerpo. Pero al final no se hayo en valor y mejor se fue a prender la estufa y se preparó un té, por mientras está lista su bebida fue al baño y se lavó el rostro, gracias a Dios ayer que fue a comprar la despensa para la cocina también trajo cepillo y pasta dental. Regresó a la cocina ya lista para tomar el té, pero con solo sentir el aroma le dieron ganas de vomitar, corrió de nuevo al baño a echar todo lo que había comido el día anterior y se volvió a cepillar por el sabor agrio que le dejó en su boca. Salió del baño y se asomó a ver si estaba el auto de su esposo, pero no está, eso significa que ya se ha marchado. — ¡Ojalá tu jefe te despida y te quedes sin trabajo! —Exclamó la chica en voz baja, está muy molesta y decepcionada por ese hombre que ahora la tiene prácticamente secuestrada. Ella pensó en salir para su casa, total él ni siquiera conoce donde vive. Pero no pudo hacerlo porque con la única puerta que cuenta ese apartamento está cerrada con llave. Ya desde ese momento ella empezó a preocuparse más porque su esposo ya se fue y no la llevó a traer su ropa como se lo dijo ayer. Para no estar con el mismo vestuario que tiene desde ayer, ella se bañó y se enrolló en una toalla que se encontró por ahí, va a lavar su ropa y está dispuesta a andar solo cubierta por esa toalla y sin ropa interior por mientras se le secan. …….. En la oficina, el joven Alberto está muy concentrado en su trabajo pero al recibir una llamada telefónica de su novia, todo lo mandó a la mierd4. — ¡Hola preciosa! — Hola cariño, perdón que te llame en horas de trabajo. — No importa, sabes que para ti siempre estoy disponible. — Llamo para pedirte que si puedes pasar por mí para que me lleves a la universidad. — Claro que sí guapa, a qué hora paso por ti. El joven Alberto, pasó por su novia Yeni, a la hora que esta le indicó. Ella le comentó que se siente muy triste porque su amiga Clara Isabel, ya no le habla y si ella intenta acercarse, aquella la evade. Le comentó que la ve muy mal y que está muy preocupada por ella, pero que no puede hacer nada porque ni siquiera le contesta sus llamadas y a su casa ha ido en varias ocasiones pero que tampoco le quiere abrir la puerta. El joven Alberto sintiendo empatía por su novia, le dijo que tal vez la chica haya tenido algún problema en casa con sus padres y por eso es que ella la ve mal. Pero se quedó sorprendido cuando ella le dijo que no puede ser eso porque su amiga no tiene familia, ella está sola en este mundo y que con la única persona que contaba era ella pero ahora ya la hiso a un lado. — No te preocupes querida, ya verás que ella volverá a ser la misma de antes. —Le dijo el joven Alberto, se despidieron y él se regresó para la empresa. Pero no fue a su oficina, se fue directo a la de su jefe y amigo. —Hermano, ¿Cómo estás? —Preguntó al entrar sin siquiera llamar a la puerta. — ¡j***r cabrón! —Exclamó su amigo, quitándose de encima de sus piernas a la bendita secretaria, mientras que ella sin ningún pudor se levantó y frente a los dos hombres se abrochó la camisa y se bajó la falda deslizándola por sus piernas en forma seductora. — ¿Qué quieres? —me has frustrado un buen polvo. —le reclamó con molestia a su amigo. — A la mierda tus putas, a lo que vengo es mucho más importante que un maldito polvo. —Le reclamó entre risas el joven Alberto. — ¿Dime que es más importante que comerse a la guarra de mi secretaria? — ¿Qué ha pasado con la chava aquella, la que conociste en la fiesta y me dijiste que te gustaba? — No lo sé, yo no soy su guardaespaldas para estar al tanto de lo que ella hace o no hace. — No te hagas el idiota José Luis. — ¿Quiero saber qué fue lo que pasó entre ella y tú? — No entiendo por qué estás tan interesado en ella, si se supone que eres el novio de su amiga. — ¡Basta José Luis! —Exclamó alterado su amigo, cansado de que el otro le diera tantas vueltas al asunto. Pero José Luis siguió insistiendo que no la ha vuelto a ver. — Pues la verdad es que yo desde hace varios meses no sé nada de ella, hace tiempo que dejamos de vernos y de comunicarnos. — Su amiga me comentó que le pidió que ya no le hablara. — Bueno ese es problema de ellas, tú no te metas en líos de faldas, hermano. — ¡Ay José Luis! —te conozco muy bien, y sé que algo me estás ocultando. — Que va hermano, no es nada. —Ya vete a hacer tu trabajo. —Le ordenó el jefe a su amigo. Cuando el joven Alberto se fue, su jefe se quedó pensando en que ayer por la tarde le dijo a la estúpida de su esposa que hoy la llevaría a traer su ropa y se le ha olvidado por completo. Apagó su computadora de escritorio, tomó su portafolio y salió de la empresa, va directo hasta los suburbios de la ciudad, a aquel barrio que parece de mala muerte y en el cual su auto sobresale de entre todos los que allí hay. Llegó al apartamento, abrió la puerta de entrada con la única llave que hay y que precisamente él la anda cargando en su llavero. Dentro del inmueble todo está en silencio, parece como si no hubiera nadie. — ¿Será que esta mujer se escapó? —No, no creo que lo haya hecho porque no hay por donde lo haga. —Se dijo en su mente y caminó hasta la habitación a buscarla pero tampoco la encontró y entonces si se empezó a preocupar. La buscó en el baño y nada, no hay señales de ella. — ¿Dónde estás maldita mujer? —Gritó con fuerza, temiendo lo peor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD