Chapter 2

2115 Words
Miguel no dudó y procedió en abrir la carpeta que poseía entregándosela a John abierta en una página específica -el cuaderno poseía una cubierta de cuero rústico y sus hojas lucían amarillentas, pero la forma en que estaba escrito daba la clara idea de ser un diario de investigación privada semejante a los cuadernos de notas llevados por policías- quien tras leer la misma fijó su atención en una sola línea que dictaba lo siguiente: “El demonio vestido de n***o se oculta bajo la obscura ciudad." El autor leyó una y otra vez estas líneas, y antes de articular palabra alguna su joven invitado dijo: “Sabe, mi abuelo solía narrarme historias tenebrosas, acontecidas en ciudades con nombres extraños como Dunwich, Arkham, Insmouth, entres otros, nunca estuve seguro de cómo sabía tantas cosas, y hasta llegué a creer que estaba loco, pero recientemente tras su accidente mi padre me confesó que de hecho mi abuelo en su juventud estudió en Miskatonic University, obtuvo su título como arqueólogo dedicándose a buscar bases científicas a sucesos inconcebibles, esto fue antes de migrar a Buenos Aires. Su mayor reto surgió cuando logró acceder a cierto libro prohibido llamado... «¡Necronomicón!» -interumpiría John- «Exacto, en él descubrió secretos horripilantes y asquerosos capaces de torcer las mentes más sensibles hasta enloquecerlas y cambiar a los más fuertes sometiéndolos bajo influencias poderosas; trató de convencerse de su falsedad, pero mientras indagaba descubría sucesos acontecidos en torno a ese libro, donde leyó una leve alegoría a un monje maligno, obsesionándose con ello. Hoy en día mi abuelo ha muerto, falleció hace veinte años debido a una complicación cardíaca; el motivo por el cual viajó a Buenos Aires fue mucho más obscuro y se lo llevó a la tumba, mas cuando creía que todo estaba perdido disponiéndome a sepultar todo, leí su libro más reciente y comprendí su obsesión con los secretos del Necronomicón, el motivo de mi viaje hasta aquí es solicitar su ayuda para dar con la verdad oculta tras las investigaciones de mi abuelo. ¿Me ayudará?» «Mañana partiré de regreso a Buenos Aires, si no tiene más pendientes aquí, entonces quiero que venga conmigo -continuaría John- si acepta, mañana a las 06:10 am una limusina lo recogerá en su hotel llevándolo al aeropuerto privado de Arkham, el AirKham, desde donde partirá mi jet privado» El joven aceptó la propuesta y marchó para descansar, ya deseaba con ansias retornar a su tierra, y desentrañar los misterios ocultos. A las 10:08 am el jet partió de AirKham con rumbo a Buenos Aires, el viaje fue silencioso, John durmió casi todo el vuelo debido al cansancio acumulado por los eventos a los que se vio obligado asistir. 14 horas 39 minutos demoró el vuelo, el jet aterrizó en el aeropuerto ArgentinaS.A al sur del Gran Buenos Aires. Una camioneta negra con vidrios polarizados aguardaba por ellos, la misma los transportó a la mansión Brown, esta se ubicaba en la calle Valladolid 1465 dentro de 9 de Abril en el partido de Esteban Echeverría. La mansión ocupaba toda una manzana extendiéndose a sus lados por las calles St María y la Rábida, y de St Magdalena hasta Valladolid, la misma contaba con tres pisos, enteramente edificada de ladrillos, adornada con un estilo gótico, su color denotaba un oscurantismo sepulcral, sus puertas principales parecían rebasar los dos metros, la entrada poseía dos gárgolas provistas de expresión desafiante y con alas extendidas, la mansión carecía de cochera lo que indicaba que John no poseía automóvil sino que llamaba a una remisería cuando deseaba transportarse. Frente a la mansión había un espléndido parque de césped prolijo, donde la estatua de un león rugiendo hecho en bronce reposaba en su centro, además estaba provista de hermosos pinos, paraísos, y nísperos tan altos que impedían ver la calle que seguía a este parque donde los horneros, palomas y algunas cotorritas descansaban, los primeros en sus “casas" hechas de barro similares a hornos, los otros en sus nidos. Al bajar de la camioneta las puertas de la imponente mansión se abrieron y un cordial anciano vestido con un traje gris los recibió dando a entender que era el mayordomo, John lo saludó entregándole su abrigo y presentando a Miguel quien sería un invitado esa noche. El mayordomo ofreció unos bocadillos a los caballeros, pero John cordialmente los rechazó alegando que iría a su cuarto donde dormiría rápidamente buscando adaptarse al cambio de horario, por su parte Miguel aceptó los bocadillos, preguntando vergonzosamente donde podía establecerse ya que el cansancio lo rendía. El amable mayordomo lo guiaría a una de las habitaciones para huéspedes en el segundo piso, esta poseía una cama de dos plazas, un minibar bien provisto, una computadora y una televisión, además de un baño propio. Antes de dormir, Miguel tomó una ducha caliente y ya en la cama mientras bebía una botella de té helado, llamó a su madre comunicándole su regreso y el lugar donde estaría esa noche, enterándose que la salud de su padre había mejorado mas aún continuaba internado. Luego se dejó absorber por los cálidos abrazos del sueño siendo transportado por criaturas flacas, monstruosas, con cuernos, cola y alas de murciélago, desprovistas de rostro, en su sueño estas le permitieron montar en sus espaldas guiándolo por tierras pobladas de rarezas intrigantes, donde hasta sus oídos llegó un nombre “Nodens", y pudo ver un gas violáceo extendiéndose en los cielos penumbrosos. II Museo Privado Las primeras horas de la mañana permitieron despertar al joven Miguel tras ver los rayos del sol introduciéndose por las rendijas abiertas de la ventana, los cuales daban de frente a sus ojos, al notar la hora él se sento al borde de la cama esperando unos minutos para despabilarse del todo, tras esto tomó una ducha y buscó una camisa y un pantalón dentro de su bolso cambiando su indumentaria. Acostumbrado a vivir solo, armó la cama y bebió un yogur del minibar lo cual sería su desayuno, supuso entonces que tal vez sería demasiado temprano para despertar al dueño de la mansión. En vista de esto pasó dos horas frente a la computadora analizando los informes de sus clientes y contestando algunos emails. Cerca de las diez de la mañana el mayordomo llamó a su cuarto comunicándole que el desayuno estaba servido, Miguel preguntó si John estaría presente, pero el anciano cordial respondió negativamente admitiendo que el señor había desayunado al amanecer en su habitación y luego como le era menester cotidiano a las 9:30 am se dirigía al gimnasio de la mansión situado en el ala oeste, donde realizaba su rutina de ejercicio cotidiana, generalmente demoraba dos horas, así que lamentablemente debería desayunar en soledad, cuando acabara tendría permitido visitar la biblioteca de la mansión o el área de juegos. Así luego del desayuno, Miguel prefirió dirigirse al área de juegos donde mató el tiempo jugando dardos. El cuarto de juegos situado en el primer piso estaba provisto de dos mesas de pool, una de billar, un metegol o futbolito, una mesa de hockey, una mesa para jugar a los naipes, cuatro parlantes modernos de medio metro cada uno atornillados a cada una de las esquinas por sobre el metro y medio desde el suelo, estos estaban conectados de forma inalámbrica a dos leds tv a cada lado de los muros, con estos se podía sintonizar música, deportes o películas con internet, por medio de cualquier dispositivo móvil ya sea una tablet o un celular con la contraseña. El cuarto también poseía un bar bien provisto, una máquina tragamonedas, dos sofás de terciopelo rojo, el suelo estaba adornado con una alfombra suave color beige, y al igual que toda la mansión estaba provisto de un aire acondicionado electrónico, un dato más importante que alegró a Miguel fue que este lugar poseía un sistema purificador de aire por lo cual estaba permitido fumar. Miguel sacó su cigarrera tomando uno de sus cigarrillos marca Kindonnight, una marca fundada hacía siete años en la provincia de Santa Cruz, dentro del pueblo de Surparín, era una marca cara y su tabaco del primer nivel. El tiempo transcurría sin noticias de John, por su parte Miguel estaba aburrido de jugar a los dardos, así que puso música -ya que el mayordomo le había entregado la contraseña de los dispositivos- y se sirvió un trago, martini seco mientras descansaba sentado en uno de los sofás, comenzó a imaginar que complaciente sería vivir en ese "Palacio", mientras permanecía sumergido dentro de sus pensamientos se vio sobresaltado por una tos volteándose viendo a un hombre de mediana edad, quien vestía un traje italiano de buena clase, el rostro del hombre no evidenciaba elegancia sino todo lo contrario, sus rasgos faciales eran rústicos y marcados de origen aborigen, su cabello n***o como la noche y lacio como la cola de un potro salvaje. Este hombre se acercó de manera amable estrechando la mano de Miguel, disculpándose por el sobresalto ocasionado, presentándose como Amaru Antug abogado del señor Brown, añadiendo: “Veo que no soy el único que se ve obligado a esperar". «Si al parecer, hemos de aguardar -respondería Miguel- ¿desea jugar billar?» Amaru gustoso accedió quitándose su saco, mientras jugaban comenzaron a charlar sobre la mansión, el abogado confesó que la lujosa residencia estaba provista de tres pisos, en el segundo estaba el cuarto de Brown y los cuartos de huéspedes en el ala este, incluyendo los cuartos del personal hacia el ala oeste, estos estaban integrados por veinte personas, el mayordomo Alan Richbaum “el veterano" como lo llamaba Amaru, los demás integrantes eran nueve domésticas, un chef profesional, dos mucamas, cinco guardias de seguridad y dos guardaespaldas resaltando entre ellos Quillen un hombre tosco de escasos modales y fiero mirar, pero muy leal hacia Brown obedeciéndolo sin cuestionamientos. Al cabo de veinte minutos y en vista de que John tardaría en su rútina de entrenamiento ya que al acabar según Alan el mayordomo, el señor tomaba una larga ducha seguida de un baño de espuma que ayudaba a relajar su cuerpo tras el ejercicio. En vista del nuevo tiempo que deberían de esperar, con permiso del señor Richbaum, Amaru se dispuso a enseñar la mansión al joven Miguel. El primer piso poseía el cuarto de juegos del cual acababan de salir, además había un cuarto de proyecciones equivalente a un minicine, y una biblioteca provista de los ejemplares más exquisitos de la literatura Española, Inglesa y Francesa, poseyendo los ejemplares en sus lenguas originales y sus traducciones al español, entre sus estantes se posaban entre otros, “El Socavador", “La Escarlata de la Cripta", “Shaggai", “En el Valle de Pnath", “El Devorador de las Estrellas", "The King in Yellow", "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha", “El Lazarillo de Tormes", “La Gitanilla", “Bodas de Sangre", “La Divina Commedia", “El Matadero", “The Picture of Dorian Gray", “Strange Case of Dr Jeckyl and Mr Hide", “Dracula", “Frankeinstein; or The Modern Prometheus", “The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucked", “La Cruz del Diablo", “Paradise Lost", "Robinson Crusoe", “Les Liaisons Dangereuses", además de un amplio conglomerado de libros recopilatorios de cuentos entre tantas otras obras literarias. Estos cuartos no sólo estaban para el disfrute del señor Brown o sus invitados ya que según Amaru estas también estaban para el disfrute del personal de limpieza en sus horas libres. No cabía duda que John Brown era en efecto un hombre extraordinariamente educado y amable. La planta baja estaba provista de la sala principal que en ciertos eventos funcionaba como sector para “fiestas" de presentación de sus libros, hacia el ala este de la sala se hallaba la cocina, y el comedor, hacia el ala oeste se hallaba el living, el gimnasio y en el área trasera había una piscina climatizada bajo techo para natación de 10 metros de largo por 7 de ancho y un jaccuzi. Sin duda la mansión estaba bien provista, además de existir una despensa bien provista de suministros, y un sistema de cuatro generadores en caso de un corte de luz con la finalidad de no verse interrumpida la escritura de Brown. Según Amaru las paredes estaban aisladas para evitar que los vecinos se vieran turbados por los sonidos de las “fiestas" para anunciar los nuevos libros de Brown. Mas a pesar de ver todas estas maravillas y los estupendos retratos coloridos en las paredes, mientras estaban de pie al borde de la piscina Miguel no pudo evitar sentir curiosidad por el tercer piso, preguntando por el mismo, fue entonces cuando Amaru respondió tajantemente alegando que allí se albergaba “el museo privado" al cual sólo ingresaba John y el mayordomo nadie más, y hasta el mismo Alan Richbaum reconoció en una charla con Amaru que jamás vio bien qué había en este “Museo" ya que sólo podía realizar algunas limpiezas menores, y siempre con la luz apagada solamente iluminado por los tragaluces, por ende sólo John Howard Brown sabía qué había allí dentro siendo su colección privada.
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