La escalera se hallaba del lado izquierdo del living y por esta se subía al primer piso, la escalera que conectaba el primer y segundo piso estaba pegada a la biblioteca, pero la escalera que llegaba al tercer piso estaba bloqueada al público por una puerta de hierro, con una cerradura electrónica de pantalla táctil únicamente posible de abrir por John y éste era quien le permitía subir al mayordomo.
Una hora y media había transcurrido desde que Amaru y Miguel caminaban por la mansión cuando una de las domésticas les ofreció servirles unas bebidas y si deseaban podrían beber en el patio trasero; así lo hicieron trasladándose a la mesa del jardín donde un grupo de siete pequineses malteses jugaban correteando tras unas pelotas de tenis a través del césped sintético y las flores Maravillas, Rosas Rojas, Violetas silvestres, Gladiolos, Orquídeas, Jazmines y Amapolas. Las bellas flores mencionadas se situaban a los lados del jardín, mientras en el centro asombraba la vista un magnífico estanque de piedra con una estatua que representaba un ángel de bronce pintado de dorado con sus manos juntas en señal de entrega desde las cuales manaba un gran chorro de agua provisto de una presión poderosa, sin duda alguna resultaba ser una visión prodigiosa para los espectadores, mientras los alegres perritos jugueteaban entre las flores coloridas y frescas, el césped armoniosamente verde, todo ello proporcionaba una imagen cuasi divina.
Amaru y Miguel reposaban en las cómodas reposeras bajo el techo que los protegía del sol, mientras bebían sus bebidas, Miguel un jugo de naranja natural y Amaru una bebida energética batida con hielo. Mientras aguardaban la presencia de Brown ellos procedieron a compartir los motivos por cual se hallaban ahí, Miguel fue cauteloso y alegó ser un amigo en busca de consejo para una investigación ya que deseaba realizar su primer libro, Amaru lo felicitó ya que no había un mejor maestro posible que Brown, en cuanto a su motivo resultaba sencillo, solamente necesitaba de unas firmas por parte de su cliente para concretar la adquisición de una nueva propiedad en Miami la cual pondría en alquiler como forma rápida de recuperación de pérdidas gananciales.
Mientras se veían inmersos en la charla un alegre perrito se acercó y buscó el cariño de Miguel quien le acarició con alegría la cabeza, fue entonces cuando se sorprendieron al oír una voz que dijo: “Veo que conocieron a mis cariñosos amiguitos". Ambos presentes voltearon viendo a John sonriendo, iba vestido con un pantalón de jeans clásico, una chomba amarilla y zapatos deportivos, y en cuanto a su cabello estaba prolijamente recogido formando una cola; al verlo sus caniches corrieron felizmente a su encuentro y el los acarició a todos, se notaba que amaba a esos animales al igual que ellos a él, luego se acercó a sus invitados tomando asiento en una de las reposeras, unos minutos después llegó una de las domésticas trayendo un batido de frutas para Brown, mientras los caballeros bebían, John procedió a leer los informes que debería de firmar, al cabo de una hora él movió la cabeza en señal de aprobación y pidió una lapicera procediendo a firmar los documentos.
Tras acabar, Amaru revisó los mismos por última vez y los guardó dentro de su portafolios, ya sin más que hacer se disponía a retirarse, pero John lo invitó a almorzar si no resultaba en inconveniente, el abogado terminaría aceptando la propuesta.
Ya casi era mediodía, y ante el espléndido día se dispusieron a llevar a cabo el almuerzo en la terraza del segundo piso. Almorzaron una ensalada ligera de vegetales salteados, y de postre tarta de cerezas.
La doméstica había retirado los platos ya, mientras los caballeros continuaban apreciando la tarde, Miguel buscó en su bolsillo su paquete de cigarros Kindonnigth ofreciendo a sus compañeros, y ambos aceptaron, por su parte John confesó que esa sería la primera vez que fumaría, mas pensaba que en esta vida debía de probarse todos los placeres ya que no hay probabilidad de una vida luego de ésta.
Lanzando el humo de sutil forma John demostró ser muy ágil en el arte del fumar cosa que asombró sobremanera a Amaru quien cabe destacar lo conocía desde hacía muchos años, John notó con facilidad el asombro de su amigo respondiendo a una pregunta jamás ejecutada diciendo: “Saben el fumar consiste fácilmente en inhalar y exhalar humo, carece de ciencia, por ende no resulta complicado aprender tan rápido como lo he hecho".
Las horas transcurrieron sagazmente mientras ellos hablaban y compartían sus gustos significativos de música clásica. Cerca de las cinco de la tarde Amaru vio la hora en su reloj pulsera de oro con incrustaciones de diamantes, y se disculpó ya que debía de proseguir con sus labores, y en una hora le era menester hacer acto de presencia en su Estudio Jurídico, tras esto se retiró dejando a John y Miguel solos en la terraza donde, el primero reposando sus antebrazos en el barandal mantenía la mirada fija en el horizonte soltando una palabras: “Cuanta belleza en una sola tarde eterna, no eterna porque no posee fin sino porque no habrá otra igual, ¿No lo crees?".
«Si concuerdo, las tardes o los momentos son únicos como el arte y sus retratos, no el arte moderno eso es asqueroso sólo son manchas sobre un lienzo que se hacen llamar arte, yo hablo de L'Enigme» -diría Miguel-
«Exacto, sabias palabras; Siempre me han encantado de sobremanera las obras de Doré en especial las litografías que realizó para el Quijote; hace algunos años mandé realizar una serie de copias de 2×1 de sus litografías, las mismas adornan los muros del living»
Casi eran las seis de la tarde cuando el mayordomo interrumpió la charla avisando que la cena estaba servida, los comensales abandonaron la terraza dirigiéndose al comedor.
El comedor resultaba espacioso provisto de cuatro esculturas de tigres de bronce en sus rincones, en sus muros abundaban los retratos de paisajes alegres pintados por un tal Richard Wer -pintor que resultaba desconocido a los ojos de Odonoju-, una mesa redonda de madera caoba con patas de metal los esperaba en su centro. Al sentarse en las cómodas sillas negras la cena fue servida, siendo albóndigas con arroz, patatas y salsa, para beber había un sabroso jugo de manzana.
Mientras cenaban John preguntó a Miguel si habría tenido oportunidad de hablar con sus padres, a lo cual respondió que en efecto lo había hecho comunicándole que la salud de su padre había mejorado, luego la conversación se vio volcada de lleno en algo que le causaba curiosidad a Miguel preguntándole por qué había internet en toda la mansión mas ningún teléfono, de hecho en la noche él utilizó su móvil para llamar a su madre, John le explicó entonces que eso se debía al uso que él hacía de internet ya que para escribir sus libros y publicar, los mismos servicios resultaban fundamentales, en caso de necesitar comunicarse solía utilizar emails, messengers, teleconferencias, videollamadas entre otros medios del internet, y sólo había ordenado la línea telefónica porque era debido para adquirir el internet, y de hecho reconoció que solamente existía un teléfono en toda la mansión hallándose en el living siendo de uso general tanto para el personal de limpieza como para el personal de seguridad y los invitados, pero rara vez fue utilizada por John ya que detestaba hablar por teléfono, prefería los medios que proporciona la internet o de ser absolutamente necesario un encuentro en persona le resultaba más placentero.
Luego Miguel continuó la conversación sumergiéndose en la esplendidad de la mansión y sus habitaciones de los cuales Amaru fue su guía, reconociendo que John resultaba ser el hombre millonario más amable y comprensivo que jamás existió para con sus empleados e invitados, ya que permitía el libre paso de todos en especial del mayordomo Alan Richbaum a quien Amaru se refirió como “el veterano", a lo que John con una sonrisa acotaría: “En realidad Richbaum no es ningún veterano aquí, Amaru lo apodó así debido a su edad. Casi todos los empleados fueron contratados al mismo tiempo, pero reconozco que por tiempos los mismos renuncian o se jubilan, es lo único en que Amaru se equivocó. Cambiando de tema, dime he notado gustas del arte, ¿qué opinas de las obras aquí presentes?".
«A decir verdad me he de disculpar, puesto desconocía tal artista»
«No es motivo de vergüenza, de hecho es digno de admiración ser capaz de reconocer el desconocimiento, ello nos permite hacernos con nuevo conocimiento; sin más rodeos, Richard Wer fue un artista y poeta con cierta fama a principios del siglo XX, su arte estaba plagado de belleza y sus poesías dejaban ver un alma perturbada por la soledad y el miedo. Toda su vida habitó en un apartamento ubicado en Penumbras city, la ciudad cercana a Cruzlatina dentro del Gran Buenos Aires; Sufrió una repentina muerte el día 22 de junio de 1918 mismo día que aconteció la primer nevada en Buenos Aires, es todo lo que se sabe de él, en cuanto a sus obras fueron pasando por diversos coleccionistas versados en el tema, hasta hacerme con ellas en una subasta hace cuatro años»
Miguel quedó emocionado por la historia, sumiéndose ambos en una charla apreciativa; una vez finalizada la cena Odonoju preguntaría los nombres de los alegres cachorros, John se mostró muy contento al decir los nombres siendo, Livy, Navie, Lindy, Henry, Bodhi, Celia y Buddy ésta resultaba su favorita siendo la única de sus maltesas que tenía dos colores siendo marrón y n***o.
Una vez levantada la mesa, Odonoju expresó sus deseos de llamar a su madre y fue dirigido al living por una de las mucamas, no sin antes que John le dejara en claro que ya resultaba propicio enseñarle el motivo por cual lo invitó a su humilde morada, pidiéndole que al concluir la llamada subiera al segundo piso, donde él lo estaría esperando en su oficina, la mucama lo guiaría.
La oficina de Brown estaba amueblada con un sofá de cuero marrón situado frente a su escritorio del siglo XIX y su silla que parecía un trono, sobre el escritorio se hallaba su tablet, un cuaderno, varias lapiceras, y a un lado estaba su netbook. A su espalda estaba la impresora y una vieja máquina de fax, las paredes amarillas carecían de retratos o cuadros, mas rebosaban una gran cantidad de árboles bonsái y cactus enanos.
John estaba revisando sus notas electrónicas, comparándolas con las que poseía en su cuaderno, cuando llamaron a la puerta, tras permitir el paso la doméstica abrió la misma dejando ingresar al joven Odonoju y cerrando la puerta tras éste por orden de Brown. El señor Brown alegremente se levantó de su cómodo asiento, caminó hasta su joven invitado comunicándole abiertamente que las respuestas a si el abuelo de Odonoju ocultaba algo o no, se hallaban dentro de su museo privado, y él sería la segunda persona en subir con las luces encendidas y observar con calma su peculiar colección. Para ello salieron de la oficina recorriendo casi todo el extenso pasillo que atravesaba el segundo piso, para llegar a la puerta de hierro que permitía el acceso al tercer piso donde resguardaba las respuestas esperadas. Mientras caminaban Miguel preguntó quién fue el primer invitado en acceder a tales exquisiteces desconocidas, John respondió que dos años atrás el Doctor Allen Morgan, quien entonces ejercía como profesor en Miskatonic University, había sido enviado a Buenos Aires con el fin de conferir una clase única para los alumnos de la Universidad de Buenos Aires, naturalmente y en vista de su amistad, Brown lo invitó a pasar su estancia allí, éste al notar la puerta de hierro preguntó insistentemente hasta que John pensó que no sería malo que alguien quien compartía sus aficiones subiera allí, pero lo que vio lo dejaría estupefacto según narró Brown. Una vez frente a la puerta de hierro, John voltearía preguntando seriamente a su joven amigo si estaba seguro de conocer la verdad, al ver el asentimiento de éste, John colocó su palma izquierda en la pantalla táctil que abrió la cerradura electrónica, tras abrirse la puerta se vio unas escaleras alfombradas con terciopelo color rojo, en principio todo estaba obscuro, mas John con su teléfono móvil encendió las luces mediante una aplicación. Ambos ingresaron y la puerta fue cerrada tras ellos.