Me senté en la cama luego de soñar algo completamente extraño. Me llevé una de mis manos a mi cabeza, la cual dolía a más no poder y luego miré a mi alrededor.
¿Cuándo había llegado a mi habitación? ¿Cómo había llegado? ¿Y Juliana?
Tomé mi celular y lo miré atentamente, percatándome que tenía varias llamadas perdidas por su parte, así que, con pocas ganas decidí llamarla para que me explicara qué había sucedido y cómo había terminado todo, ya que mi cabeza no me permitía recordar todo lo que había sucedido el día anterior.
-¿Hola?- preguntó mi amiga del otro lado de la línea con voz adormilada.
-Hola Juli- le contesté casi con la misma voz y algo ronca como siempre me sucedía por las mañanas- ¿Estás en tu casa?
-Sí, ¿por qué?
-¿Puedo pasarme y hablamos?- le pregunté ya que tenía muchas cosas qué hablar con ella.
Quería saber qué había sucedido, cómo había llegado, todo.
-Pásate en media hora que me visto y tomo el desayuno ¿sí?
-Está bien- le contesté y me levanté, sintiéndome levemente mareado, pero aun así, llegué a la ducha sin ningún improvisto por medio.
Cuando terminé me puse unos jeans algo holgados, ya que fueron los primeros que encontré y sobre este una remera de mangas largas color verde militar con unas inscripciones en el centro.
Bajé las escaleras, encontrándome una nota de mi madre en la mesa de la cocina, la cual tomé y leí.
-¡Genial!- exclamé al terminar de leerla y me propuse a hacerme el desayuno.
Las piernas no me dolían, como tampoco lo hacía mi espalda, lo que me resultó algo extraño, ya que siempre que salía de noche a la mañana siguiente esas partes me dolían más que de costumbre, aunque la cabeza me estaba matando.
Sin pensarlo dos veces me fui al baño y tomé una píldora para el dolor de cabeza y me preparé el desayuno, el cual tomé sintiéndome algo asqueado por el sabor que tenía.
Miré la fecha de vencimiento del sachet de leche, pero a este le faltaba vencerse. La olí y sentí algo de nauseas al hacerlo, así que sin pensármelo mucho, tiré el poco contenido que le quedaba.
¿Mi madre no se había dado cuenta que estaba vencida?
Me encogí de hombros y me fui al dormitorio para poder abrir las ventanas y agarrar las lleves de casa con la billetera para poder irme.
Apenas abrí la ventana el sol pegó contra mis ojos de una manera que casi termino ciego. Retrocedí hasta que el sol no me daba en ninguna parte del cuerpo e intenté no caerme porque veía todo nublado gracias al sol que me había cegado.
Nunca me había sucedido aquello, pero aun así no le di importancia. Miré la hora y decidí irme para poder llegar a la casa de mi amiga y saber qué era lo que había sucedido, pero antes tomé unos lentes de sol para no quedarme ciego.
Salí de mi casa y me fui caminando hasta la casa de mi amiga. La verdad era que no podía ir caminando porque las piernas nunca me daban, pero ese día tenía ganas de caminar, disfrutar del aire, sacando la parte del sol y tambien me sentía lo bastante bien como para poder ir caminando y no agitarme o sentirme débil.
Toqué el timbre de la casa y Juliana apareció del otro lado con una leve sonrisa en el rostro. Me abrió la reja y me dejó pasar dentro.
-¿Qué haces con lentes de sol?- me preguntó algo extrañada- No hay mucho sol.
-Me molestaba en los ojos y no podía salir sin ellos- le contesté mientras me los sacaba y me acomodaba en el sillón del living de su casa.
Juli se sentó a mi lado y tomó las galletas que había en un plato en la mesa ratona frente al sofá.
-¿Quieres?- me preguntó mientras ponía el plato frente a mi rostro- Las hizo mi mamá esta mañana.
Desde donde me encontraba lograba oler el aroma para nada agradable que daban aquellas galletas.
-¿Estas segura que están buenas?- le pregunté con una leve mueca de asco, pero aun así tomé una.
-Sí, desayune con ellas y para mi estaban bien- me contestó encogiéndose de hombros- Las hizo como siempre- se acomodó contra el brazo del sofá un poco alejada de mí, dejando sus piernas cercanas a mi cuerpo- ¿Quieres ver una película? Mi madre compró un par hace unos días y no las he visto todas- me preguntó mientras se volvía a levantar y abría un pequeño armario que se encontraba contra la pared derecha, al lado de la puerta que daba a la cocina.
-Solo quería preguntarte…- la miré y ella tambien lo hizo al ver que no había terminado mi pregunta- ¿Cómo llegamos cada uno a nuestras casas? No recuerdo nada.
-La verdad es que yo tampoco recuerdo mucho- me contestó encogiéndose de hombros- pero llamé a mi prima y me dijo que ambos nos fuimos juntos en un taxi.
Eso me había aliviado algo, pero algo en mi interior me molestaba, como si intentara decirme que había algo que no estaba recordando o que tenía bloqueado.
-¿Quieres ver esta?- me preguntó mostrándome una película de zombis.
-Sabes que no me gustan mucho ese tipo de películas- le contesté con una mueca algo de disgusto.
-¡Vamos!- exclamó mostrando una leve sonrisa- Además está hecha en broma… seguro te gustará- terminó y se colocó frente al reproductor para poner la película y luego se sentó a mi lado con el mando en la mano- Créeme que te reirás y no estarás como nenaza escondiéndote detrás del almohadón ese- agregó señalando el pequeño almohadón que se encontraba a mi lado y que varias veces había usado para tapar mi rostro al ver películas de terror con mi amiga.
Cuando la película estuvo a la mitad ya me estaba aburriendo y ganando más ganas de asesinar a mi única amiga por la cosa que me estaba haciendo ver. Si cosa, porque ESO NO ERA UNA PELICULA, era un castigo.
Giré mi rostro hacia mi amiga, viendo como esta se reía por una escena que me había perdido. Mi mirada se centró en su cuello. Vi como su vena se marcaba más sobre su liso cuello y sentí ganas de morderla. Probarla y sentir como poco a poco la sangre de…
¡Maldición! Me llevé una de mis manos a mi cabello y me los revolví mientras miraba hacia el lado contrario de mi amiga.
-¿Qué sucede?- preguntó mi amiga algo preocupada deteniendo la película.
-Na… Nada- le contesté con dificultad.
Sentía la boca reseca luego de aquello. Quería tomar algo. Necesitaba hacerlo.
-Voy… Voy por un vaso de agua- le dije levantándome y yendo a la cocina, cuando antes de abrir la puerta para ingresar a esta me voltee y miré a mi amiga- Tu sigue mirando la película que parece que te interesa más que a mí- terminé con una leve sonrisa forzada.
-De… acuerdo- me contestó no muy segura de sí me encontraba bien de seguro. La conocía demasiado como para saber qué era lo que pasaba por su mente.
Las manos me temblaban al igual que las piernas. Llegué a la mesada tomándome de ella con ambas manos, sin saber cómo. Mi corazón estaba agitado, al igual que mi respiración.
Me llevé una de mis manos a mis cabellos y los quité de mi rostro, tirándolos hacia atrás.
¿Qué me estaba pasando? Me pregunté mientras intentaba tomar un vaso de la alacena y llenarlo con agua.
Tomé el agua, pero poco a poco sentía como subía nuevamente por mi interior llegando hasta mi garganta y escupiéndola como si mí estómago no fuera capaz de tragarla.
Abrí los ojos de par en par al ver el agua que había querido tomar sobre el suelo de porcelanato de la cocina.
¿Qué me estaba pasando?
La puerta de la cocina se abrió y sentí como poco a poco iba perdiendo la consciencia con juliana gritando mi nombre de fondo.