¿Vampiro?

889 Words
  La cabeza sentía que me iba a estallar y el cuerpo lo sentía más pesado de lo normal. Quería abrir los parpados, saber qué había sucedido, pero las pocas ganas que tenía poco a poco iban ganando terreno. -¡Danny!- escuché exclamar por parte de Juliana. Esa voz era única. -¿Q…Qué?- logré preguntar aun con los ojos cerrados. -¿Te encuentras bien?- me preguntó y sentí sus manos sobre mis cabellos.   Algo cómodo me mantenía la cabeza un poco más arriba que mi cuerpo, mientras que este último estaba… ¿apoyado en el suelo? Lo unico que sabía era que no era tan frío como había pensado. -¿Danny? -Estoy… bien- logré contestarle y poco a poco intenté abrir los ojos, intentando acostumbrarme a la luz blanca del techo, la cual debo de admitir era muy molesta para mis ojos.   Vi la cabeza de mi amiga a unos centímetros de la mía mirándome algo preocupada. -¿Estás seguro?   Apoyé mis brazos a cada lado de mi cuerpo y con esfuerzo logré sentarme en el suelo. La miré y luego al piso. ¿Por qué no me parecía tan frío cuando siempre había sido sensible a lo frío? -¿Sucede algo?- preguntó, debido, de seguro, a mi rostro de sorpresa.   La volví a mirar y negué con la cabeza. -Creí que tendría que llamar a un médico Danny. Me has dado un susto de muerte. -¡Tampoco para tanto!- le dije sonriendo- Fue solo un desmayo. -Pero me preocupaste- me dijo aun algo asustada y se levantó, tendiéndome la mano para que se la tomara y me levantar, cosa que hizo y ella se sorprendió- ¡Estas helado!- exclamó preocupada- Te haré un té para que entres en calor ¿vale? Tu solo quédate en el living que hace un poco más de calor que aquí- me dijo con una sonrisa, a lo que no pude negarme, porque decirle que no a Juliana y decirle que todo estaba bien, era… ¿Cómo podría decirlo? Mandarse a la ahorca uno solito.   Asentí con la cabeza y me fui hasta el living.   Yo no sentía mis manos tan frías. Incluso colé una de mis manos por debajo de mi remera para ver si sentía la distinta temperatura de mi cuerpo y el de mis manos, ya que casi siempre tenía las manos más frías que el cuerpo, pero no lo noté.   Me senté en el sofá esperando a mi amiga y tambien pensando en que me sentía extraño. Muy extraño. Escuchaba los pasos de Juliana en la otra habitación, cosa que debía de ser imposible para un humano, sentía el latir de su corazón, el cual, sin saber la razón, me tentaba a ir en su búsqueda, como si fuese un cazador y ella mi presa.   ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué sentía todo aquello? -Toma- me dijo mi amiga dándome una taza de té, la cual tomé intentando no tocar sus manos para que no notara lo helada que estaban.   Se sentó a mi lado tambien con una taza de té en sus manos y comenzó a tomar mirando hacia el frente, sin siquiera mirarme.   Yo me quedé contemplándola. El olor exquisito del té comenzó a invadir mis fosas nasales. Mi mirada nuevamente se clavó en su cuello, y vi nuevamente, como si me llamara a morderla, su vena.    Tan atractiva, tan llena de vida, tan exquisita.   Giré la mirada hacia otro lado y le di un sorbo al té. No estaba mal, pero… algo dentro de mi me decía que debía de estar mucho mejor… la sangre que corría por las venas de mi amiga.   ¿Qué me estaba pasando?   Dejé la taza en la mesa ratona y me paré. -¿Qué sucede? -Creo que debo de irme a mi casa. -¿Por? -Acabo de acodarme que tengo que hacer una cosa- le contesté nervioso y ella me miró algo extrañada. -¿Estás seguro que estas bien? No te ves bien, y si debo de ser sincera te ves algo pálido. -Estoy genial. Nos vemos mañana- le dije sin siquiera esperar qué tenía que decirme y me fui.   Comencé a caminar sin un rumbo fijo, hasta que me percaté que me encontraba en una plaza cerca de mi casa. No había niños, no había nadie, así que me fui y me senté en una de las hamacas.   Comencé a columpiarme, hasta que un hombre a unos pocos metros de mi captó mi atención. Lo conocía. Esos ojos plata eran muy conocidos para mí. Esos ojos eran como los de mi profesor de historia. ¡Profesor! Exclamé en mi mente, y los recuerdos de lo que había sucedido la noche anterior llegaron a mi mente.   ¡No! No podía ser real todo aquello. Si aquello era real.   Miré la arena sin poder creérmelo todavía y cuando la levanté para mirar al hombre, lo tuve a tan solo centímetros. -¿Co…?   Acercó su rostro a mi oído. -Todo eso que has recordado es verdad- se separó un poco y me sonrió con maldad- Ahora, poco a poco… serás un vampiro.   Tenía que estarme tomando el pelo. Solo debía de ser un sueño. Un muy mal sueño del que despertaría.   Pero no desperté y no… no era un sueño.
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