Lo último que escuché antes de que todo se volviera n***o, por segunda vez en mi vida, fue el ruido de mi cuello rompiéndose. No sabía la razón por la que lo había hecho, aunque claro, luego lo entendí claramente. Poco a poco comencé a abrir los ojos, encontrándome así la hermosa vista de mi cajón fúnebre. La verdad que la experiencia de sentirse uno mismo dentro de uno es, asfixiante y horrible, para que mentir. Para mi buena suerte, o mala, como uno quiera verlo, la tapa se abrió, dejándome ver así, la fría noche y sus ojos grises hermosos, pero malditos a la vez. Porque verlo frente a mí y en aquellas condiciones solo se podía significar una cosa. Que para todo… ya estaba muerto. -¿Por qué lo hiciste?- le pregunté aun sin levantarme y mirándolo desde donde me encontraba. -N

