No sabía dónde estaba. Todo estaba oscuro y frío, si incluso más frío que mi propio cuerpo. Me sentía atado. Incapaz de mover siquiera un milímetro los dedos. Era como un poder. Un poder fuerte, siniestro y aterrador. Oí que alguien bostezaba y poco a poco, la oscuridad comenzó a desvanecerse, hasta que él apareció frente a mí. Él, me refiero a mi parte “vampiro” por decirlo de alguna manera. –¿Ya has perdido por completo la consciencia? –preguntó y me miró con sus ojos escarlata. Se llevó una de sus manos a su corazón. –¿Sabes? –comenzó y clavó su mirada enojada sobre mí, estaba cabreado –Deberías de tener en cuenta nunca bajar la guardia –me sonrió tan falsamente que hasta me resultó irritante. Pero no dije nada al respecto. –¿Qué fue lo que sucedió? Él entrecerró los ojos y s

