Capitulo II

1536 Words
Los aplausos y risas de los niños eran un alivio al alma, por lo que al terminar de perrear sujete los juguetes y junto a los dos grupos de voluntarios ingresamos al hospital —¡Jo Jo Jo! Feliz navidad —exclamo con alegría, mientras me ajustaba la panza imaginaria, en eso una pequeña me tomo del traje, esta estaba pálida con una sonda de oxígeno en su nariz, su voz era sumamente dulce mientras a su lado su madre cargaba un tanquecito de oxígeno, está se veía cansada con una ojeras visible, en su cuello cargaba un carnet de discapacidad. Lo más probable ese era el carnet de la pequeña que se veía que sufría del corazón —¡Santa! Hoy es 23, mañana es navidad —me agache hacia su altura, y acaricie su rostro —Mañana no voy a poder, tengo que llevar a Rodolfo al veterinario —señalando al reno que frotaba su rodilla —¿Sabes? Un elfo me contó que una niña se porto muy bien, demasiado bien, aunque por problemas técnicos no pude ver las cartas, ya que estamos actualizando la base de datos a sss, dime hermosa ¿cuál prefieres? ¿La muñeca o el camióncito? —la pequeña tomo la muñeca para luego acercarse al reno —Hacele caso al doctor así estás bien —La nariz de este brillaba potente, mientras esté a un estilo dramático se desmayaba como si se derritiera por la ternura, por lo que allí iba arrastrando a Rodolfo mientras la niña sonreía, saliendo con su madre a la parada frente al hospital a esperar el 109 un colectivo que venía de Liniers y terminaba en Av Corrientes y Madero, justo al frente del Luna Park. ¡Adiós hermosa! —me despidia de ella, moviendo la mano de forma eufórica y continuar nuestro camino. n Nuestro destino principal era la sección más complicada del hospital, una zona donde la seriedad debía volver a mi, al acercarnos podíamos visualizar mientras recorríamos los pasarelas que conectaban los edificios, estos ya eran bastantes antiguos que ya cumplían más de un siglo. Al pasar las plazas internas,a los padres que estaban alli con sus rostros destruidos, casi como muñecos automáticos que no pensaban o quizás pensaban demasiado, rogando que el médico no los llamase a hablar en privado. En eso la campana de la iglesia sonó una vez, luego dos. Mientras a los lejos veiamos una pareja abrazarse y llorar, quebrarse mientras el médico y unos enfermos los asistían. Era una zona muy complicada por lo que debiamos ser cuidadoso ante aquel edificio del cual por sí solo emanaba un terrible tristeza, el edificio de la terapia intensiva. Muchos padres se quedaban en la planta baja, mientras esperaban informes de sus pequeños, por lo que debían vivir allí. Muchos venían de otras provincias al nosocomio, los padres a veces trabajaban y venían las noches allí, a dormir a las afueras del hospital ya que no tenían los recursos para pagar un hotel, otros se alojaban en el hotel de madres de Ronald McDonald's, cercano al hospital ya que algunos tenían otros hijos, al llegar a la zona, ver a esos padres quebrados, mientras los otros padres solo lagrimeaban ante el miedo de ser los siguientes. Los voluntarios repartían las aguas y los pan dulces, abrazando y conteniendo a los padres, saque el pernil y lo voluntario improvisaron una mesa para servirselo a los padres, el reno estaba estático mirando a la pareja de padres. En eso oí algo que me quebró el corazón. ¿Como la vamos a trasladar? ¿Como la voy a velar? ¿Como nos volvemos a la provincia con los otros niños? No tengo dinero, dejamos todo allí para venir aquí, ¡No podemos dejar a nuestra nena aquí! —estaban solos sin dinero, en otra provincia, en una situación dolorosa, con dos niños pequeños, y una niña fallecida. Aunque el gobierno quizás podían ayudarlos, nadie merecía ese trámite doloroso. Me acerque al reno, y solo fue una señal, y mientras el consolaba a los padres. Yo fui a hablar con el pediatra a charlar, mientras charlaba yo me comunicaba con la casa de sepelios cercana al hospital para que se contactara con ellos, yo cubriría tal gasto y el hospital se encargaría del trámite. Luego hablaría con los padres por el tema de los pasajes para que pudieran volver a sobrevivir a su luto tranquilos en su casa, con sus otros hijos que los necesitaban. —Yo hablaré con la casa de sepelios, ellos vendrán a hablar en un rato con ustedes y los padres, podrán hacer que todo el trámite hacerlo ustedes para ya no agobiarlos más, hablaré con el SAME para que se contacte con ustedes y poder asistirlos en caso de traslados a otra provincia. Yo me haré cargo de todos los gastos. Incluso de si ellos deciden cremar. —Estaremos a la orden —el pediatra bien dispuesto, solo me sonrió mientras asentía y regresábamos donde los padres para charlar con ellos que estaban exaltados debido a que sus mente procesaba todo mil por hora para sobrellevar el dolor. Era como que no podían permitirse no pensar para no sentir el dolor del momento. Me acerque a los padres para abrazarlo, allí estaban el bebé en un carrito con el bebé durmiendo, mientras el niño más grande de unos 5 años, dormía en una colchóneta donde a veces dormía algunos de los padres, esperando los informes médicos, allí los bolsos bien armaditos, con cosas de los niños, estos vestían ropajes tradicionales de los aymaras, lo que los volvía más vulnerables, gente de montaña ante un ambiente inhóspito como la ciudad, todo por salvar a su pequeña, aunque parecían indígenas algo no coincidía, la mujer tenía un paño en la cabeza, y el hombre la cabeza mal rapada no era eso común en sus constumbres donde el pelo era parte de su identidad, al acercarme al niño este abrió su corazón, mostrandome los hermosos padres que tenía y ahora necesitaban ayuda —¿Quieres un juguete? —ofreciendole los camioncitos, este no le quitaba los ojos encima a la muñeca de trapo que en el supermercado me había agarrado con una de las Santas que estaban en otras partes del hospital —Mi hermana quería esa muñeca. Ella se veía frágil, pero era muy fuerte. Ella tenía un pelo muy bonito, pero la enfermedad tuvo que raparse. Por eso mami siempre anda con un trapo en la cabeza, y p**i parece un kiwi. —Estos solo miraban sorprendidos, mientras el niño seguía hablando, de lo hermosa que era su hermana, de su dulzura y como está luchaba contra con el cáncer. Sus padres al ver la grandeza de su hijo, solo sonrieron a pesar del terrible dolor que cargaban. Ambos aún era muy jóvenes, padres jóvenes en sus 25 años, afrontando el terrible dolor de la pérdida. —No se, preocupen, veré que puedan volver a su casa, es doloroso, pero tienen dos pequeños que los necesita a ambos, veré si puedo contactar con alguien de Jujuy que pueda ayudarlos en todo lo que puedan necesitar, y esto les pertenece, debe ser para ella o para ustedes cómo lo deseen. —Dandole aquella muñeca a ellos dándole mi número y un abrazo nuevamente. Al terminar fui por unos sanguches de pernil para que comieran algo, mientras se hacían los trámites. Por lo que me retire para seguir con el resto de repartición de juguetes, en eso sonó una notificación de mí cita, en esta decía que tuvo un imprevisto llegaría una hora más tarde, por lo que solo le respondí —No hay problema, esperaré. —Al fin al cabo la cita era en el emblemático bar frente al hospital, Cocodrilo, lugar donde los famosos visitaban, por lo que seguro la cita era algúnos de esos riquillos, que se movían por el mundo de la noche, personas que nunca me simpatizaron, por lo que con Sergio hice una excepción aunque él no era un riquillo, podía darse esos lujos de cenar en bares, debido a su gran puesto y inversiones que tenía —¡Te odio Sergio! —mordiendo mí labio ante el recuerdo de nuestra ruptura. Debía aguantar tal malestar, ya que seguro en un rato me llamaría furioso, al ver mis gastos abismales, ya que aunque ya no fuese mí pareja era mí asesor financiero, y al que más confianza le tengo, aunque quisiera odiar a su nueva pareja, la desgraciada era la persona más dulce, simpática y amorosa que conocía. Ella lo había vuelto un hombre hogareño. Mientras refunfuñaba, llegue al sector de nefrología, y la alegría volvió. Ya que los niños estaban en planta baja desde lo que se dializaban, los que se hacían estudios y los que estaban internados, todos reunidos por el reno. Al verme sus caritas brillaron ¡Santa! —¡Jo jo jo! Feliz navidad. —empezando con la repartición de regalos en nefrología. Mientras Rodolfo ponía música alegre y bailaba para los niños, disfrutando del ambiente mientras mi celular vibraba sin parar, sabiendas de la regañadiza que mí ex me daria ante mis terribles gastos de último momento. Continuara...
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