A medida que los días pasaban, la cosa entre Diego e Isabel se iba complicando más y más. El gustito de andar en lo secreto se iba opacando con la presión de la gente y los quilombos para mantener su amor en las sombras.
Diego, re embolado con el peso de su secreto, cada día se hacía la cabeza sobre qué hacer. El cagazo de perder a Isabel si tiraba la posta luchaba contra las ganas de vivir una vida de verdad. Y, por otro lado, Isabel, que estaba re enamorada, ya sentía el peso del secreto encima. La sombra de la mentira pintaba para tapar el brillo de su amor de verano.
Un día, paseando por la playa, Isabel rompió el silencio incómodo. "Diego, sé que hay algo más que no me contás. No quiero estar a oscuras. Necesitamos encarar esto juntos, o se nos va a ir el amor entre las manos por las mentiras."
Diego, captando la angustia de Isabel, decidió abrir más el juego sobre su pasado. Contó detalles de las expectativas familiares, las responsabilidades de negocios y todo el rollo que venía con la guita. Isabel escuchaba con compasión, pero a medida que caía la ficha, también sentía el peso de la posta.
Juntos, decidieron salir del encierro. Diego estaba ready para bancarse lo que venga y asumir su identidad. "No quiero que te cargues con esta mierda, Isabel. Estoy dispuesto a enfrentar cualquier cosa para estar con vos."
La noticia de que Diego era el dueño de la isla se esparció rápido. La prensa local armó un quilombo con titulares que opacaban la historia de amor de Diego e Isabel. Pero, la reacción de la gente de la isla sorprendió a todos.
En vez de rajarlos, un montón de habitantes los bancaron. Reconocieron que el amor entre Diego e Isabel era posta y miraron más allá de las diferencias sociales. La aceptación de la gente se volvió su refugio, dejándolos vivir su amor sin preocuparse por la crítica.
A pesar de este respiro, vinieron desafíos nuevos. La prensa les tiraba más y los entrometidos querían saber todo de la vida de la pareja. Diego e Isabel tuvieron que aprender a cerrar el orto a los chismosos y a reforzar su conexión en medio de toda esta exposición pública.
Mientras enfrentaban estos desafíos, el amor entre Diego e Isabel crecía, alimentado por la posta y la valentía que compartieron. El sol de San Rafael seguía re brillante para ellos, pero ahora, con la verdad sobre la mesa, la luz del amor alumbraba cada rincón de sus corazones. La historia de "Bajo el Sol de San Rafael" seguía su curso, explorando cómo el amor verdadero puede crecer incluso cuando las cosas se ponen densas. ¡Esto se pone cada vez más intenso, che!