Seis de la mañana. Mi mente estaba hecha un lío, como si aún estuviera medio dormida y medio despierta. Parpadeé, la luz temprana me daba de lleno en la cara y, sinceramente, no tenía ni media gana de enfrentarme a la cruda realidad. Moví la mano distraída, y mis dedos rozaron una piel tibia y suave – firme, claramente masculina. Tenía la pierna enredada sobre... bueno, alguien. Y en cuanto intenté moverme, todo mi cuerpo se quejó en bloque. Un gemido bajito, totalmente fuera de mi control, se me escapó. Ah. Claro. Los recuerdos me golpearon como un tsunami – intensos, salvajes... y sin filtro. Vale que la vez anterior fue un "adelanto", pero anoche... eso fue la versión extendida en 4D – y terminé hecha trizas. Ni mi juguete top del cajón se le acerca. En s

