Vamos a dejar algo claro: Alfa Sebastian no dio un beso cualquiera, el tipo lanzó una ofensiva total. Si besar fuera deporte olímpico, este hombre estaría compitiendo por el oro... y probablemente rompiendo récord mundial. Ese beso venía con cláusula de advertencia: riesgo de amnesia instantánea, debilidad generalizada en las piernas y unas ganas descontroladas de tomar malas decisiones. Cecilia pensaba que sería un paseo junto al lago con algo de flirteo inocente. Lo que obtuvo fue un contacto directo con la tentación vestida de n***o, y un aroma que olía a provocación pura. Y cayó redondita. Balbuceó algo que tal vez sonó a protesta—quizá un "espera" responsable, o un "deberíamos hablar"—pero lo único que salió fue un suspiro apenas audible, que él atrapó sin esfuerzo

