Abrí la puerta. Y ahí estaba Alfa Xavier, con pinta de haberse peleado con una tormenta y perdido feo. Su look de siempre, tan impecable, hecho trizas: la cara pálida, ojeras hasta el piso, la corbata floja dándole vueltas por el cuello. El leve mareo que tenía por el alcohol se esfumó de inmediato. La forma en la que me miraba... como si quisiera comerme viva —desayuno, cena y postre incluidos. Mi cerebro no ayudaba en lo más mínimo. Solo repetía: Mierda. Mierda. Miiiiierda. ¿Muy tarde para fingir que nunca estuve aquí? El silencio entre nosotros era tan tenso, que sentía que si respiraba fuerte, todo empezaba a explotar. Apreté el picaporte aún más fuerte. Vale. Modo supervivencia: activado. Y sin pensarlo dos veces, le azoté la puerta en la cara. ¡P

