Hoy era un día muy especial: el cumpleaños de Giokook número once.
Su madre pasó el día entero con él pero ahora debía irse a trabajar.
- Kookie ya debo irme, Rya está abajo. - el pequeño corrió hacia su madre y besó sus mejillas con amor.
- Ten cuidado omma, te amo. - se separaron del abrazo y su madre se fue con una sonrisa en el rostro.
Lo que más le hacía feliz era ver a su pequeño bien, aunque sacrifique todo su día y no pueda verlo más que por las mañanas, si Giokook estaba feliz, ella también.
Go AhRa era una mujer muy trabajadora, después de todo, no tenía a un hombre que trabaje por ella, ella debía ser el sostén de la familia.
Su pequeña familia de dos.
Giokook acomodó su pijama y su cabello mientras se miraba al espejo,hoy era el día.
Hoy le pediría un regalo especial a su Noona, ¿Quien le dice que no a un cumpleañero? Se supone que hoy,Giokook es el rey.
El puede pedir todo lo que quiera y eso incluye lo que su imaginación quiere.
Miró por la ventana que su madre se vaya, cuando vió el auto de su madre alejarse a una cuadra, cerró las cortinas y corrió escaleras abajo.
- Kookie no corras en las escaleras. - Giokook sonrió enamorado de esa voz que siempre lo regaña, corrió hacia ella y la abrazó.
- Hola Noona. - susurró aspirando el perfume.
Aunque por su altura no llegamos más que al abdomen de ella.
- Feliz cumpleaños Kookie. - susurró la chica con una sonrisa y sacudió los cabellos de él.
- Gracias Noona. - él se separó de ella y sonrió.
- Como hoy es un día muy especial, traje películas para ver. - el pequeño sonrió ampliamente y miró curioso la bolsa que ella tenía sobre la mesa.
- ¿Son las películas? - quiso saber pero ella negó con la cabeza y rió de su cara de curioso.
- Es tu regalo. - ella se alejó de él y abrió la bolsa para sacar una caja de allí.
- Noona no era necesario, no tenía que comprarme nada. - ella negó con la cabeza y le entregó la pequeña cajita.
- Pronto serás un adolescente, como los juguetes ya no te gustan tanto, pensé que esto te gustaría. - Giokook invadido por la curiosidad, abrió la caja y se sorprendió al ver una cadenita preciosa.
Era color plata, con una piedra brillante colgando, Giokook observó la piedra y notó que tenía forma.
- ¿Es un conejo? - preguntó inspeccionando el collar.
- Si, es un lindo conejito como tu. - la sonrisa de Giokook se amplió y sintió sus mejillas arder.
- Muchas gracias Noona, la cuidaré con mí vida. - abrazó nuevamente a su Noona y ella se separó para tomar el collar.
- Date vuelta, te lo pondré. - Giokook obedeció y expuso su cuello.
Mientras ella le colocaba el collar, él imaginaba cuándo le pida matrimonio.
Sería algo parecido, aunque ella lloraría mucho por la emoción.
- Kookie. ¿Estás bien? Te noto muy distraído. - ella se arrodilló frente a él y tocó su frente.
El niño tenía las mejillas rojas, pero no tenía fiebre.
- Estoy bien Noona. - él sonrió y escondió su piedra de conejo dentro de su ropa.
- ¿Vamos a merendar y ver películas? - él asintió repetidas veces y tomó la mano de su Noona para ir hacia la cocina.
Giokook amaba ver cómo su futura esposa le hacía chocolatada, preparaba panqueques y una rica torta.
Ella era perfecta, sabía sus gustos, sabía cómo hacerlo reír, sabía cómo hacer que deje de llorar.
Simplemente perfecta.
Cuando tuvieron todo listo, ambos se acomodaron en el sillón y la película comenzó.
Giokook comía un trozo de panqueque y bebía chocolate cuando algo en la película llamó su atención.
Los héroes de la película eran amados por todos, eso lo sabía ya.
Pero no sabía que los héroes besaban a la chica de sus sueños.
El hombre araña estaba besando a la chica, se veía tan dulce.
Giokook miró hacia su derecha y vió como su Noona sonreía viendo esa escena.
A Noona le gusta.
Giokook sonrió en grande y dejó la taza de chocolate sobre la mesa, ella lo miró confundida.
- ¿Que pasa Kookie? - él se paró frente a ella y sonrió ampliamente.
- Quiero mí regalo de cumpleaños. - ella frunció el ceño y rió bajito.
- Te di tu regalo, Kookie. - dijo entre risas pero dejó de reír cuando sintió el cuerpo del menor sobre ella.
Giokook aprovechó el ser más pequeño para acomodarse sobre ella, con sus piernas a los lados y sus manos en sus hombros.
- Quiero otro regalo, Noona quiero un beso. - los ojos de la chica casi se salen de sus órbitas.
- ¿Qué? Giokook no, baja ya. - ella estaba abrumada, jamás se había comportado así con ella.
- Por favor Noona, solo un beso. Por mí cumpleaños. - él se negaba a salir de encima suyo, se aferraba con fuerza.
- No Giokook, ¿De dónde sacas esas ideas? Soy más grande que tu, me vas a meter en problemas. - Giokook negó con la cabeza y sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Por favor, solo uno. Prometo no decirle nada a mamá. - ella vió como la primer lágrima caía por la mejilla del pequeño y suspiró derrotada.
- Está bien, pero no llores. - limpió las lágrimas de él y Giokook sonrió.
- No lloraré Noona. - prometió sonriendo y sin esperar más, besó los labios de su Noona.
La chica estaba en shock, esperaba que le dé un beso en la mejilla como mucho.
Pero Giokook se encontraba en sus labios, aunque era un beso inocente, ella sabía que estaba mal.
El pequeño sintió su corazón latir más fuerte que nunca, por fin había besado a su Noona.
Era mejor de lo que imaginaba, era suave y dulce.
Aunque fueron unos segundos, Giokook estaba feliz.
- Gio-kook... ve a dormir. - ordenó la chica que no salía de su transe mental.
- Gracias Noona. - dijo Giokook con una sonrisa enorme y corrió hacia su cuarto.
Besé a Noona, fue hermoso.
Ella es hermosa.
Quiero casarme con ella, tener muchos hijos y hacerla feliz.
Con la cabeza llena de dulces pensamientos fue a dormir, sin borrar la sonrisa de su rostro.
Después de todo, había besado a su Noona.