—Papá ahora no puedo seguir hablando tengo que atender unos asuntos — le digo a lo que él suspira. —Entiendo, espero que me llames luego — dice de seguro con su cara de depresión al no saber qué hacer. —Lo are — le digo a lo que él cuelga la llamada — adelante — hablo fuerte a la persona que está tocando. No pasan ni cinco segundos cuando la cabeza de Miranda asoma por la puerta — ¿Qué ocurre? — le pregunto con mi carácter habitual. Lo que provoca algo de incomodidad e inquietud a la mujer. —Disculpe la interrupción, pero lo mandan a llamar, le están esperando — dice Miranda viendo cada detalle de mí oficina. La ignoro y veo la hora y efectivamente es verdad ya han pasado diez minutos en los que yo debería de haber estado allá. Así que rápidamente me paro y camino hacia la puerta en

