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LA INTREPIDA NOVIA DEL VAQUERO

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Blurb

Julián Altamirano ya no esperaba mucho de la vida. Tras un matrimonio fallido, se refugia entre caballos y los campos de Miramar, decidido a cerrar las puertas de su corazón al amor.

Todo cambia con la llegada de Verónica.

La intrépida oveja negra de la familia Giordano Rinaldi irrumpe en su vida como una refrescante tormenta. Joven, impulsiva y traviesa, Verónica llega buscando refugio en la casa de su prima, huyendo de la furia de su abuela.

Julián no esperaba que aquella caótica chica de ciudad cambiara su mundo ordenado y removiera emociones que creía jamás volver a vivir. Mucho menos esperaba sentir cómo su corazón volvía a la vida.

Ella representaba todo lo que él no debería desear.

Él era todo lo que ella jamás imaginó necesitar.

Dos mundos, dos estilos de vida totalmente diferentes y una atracción imposible de negar llevarán a Julián a tomar una decisión: Resignarse a quedarse solo o atreverse a reclamar el amor de Verónica.

Porque a veces el destino es caprichoso y guarda una segunda oportunidad para quien creía haberlo perdido todo.

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Prefacio
Natalia miró a Julián con timidez y fue como verlo por primera vez. Sentados ahí, frente al juez después de haber compartido casi veinte años de relación. Luego de dormir tantas veces entre sus brazos… Él no la miraba. Apretó las manos con fuerza, sus uñas hirieron la palma de sus manos, pero lo ignoró cuando escucho la voz del juez. —¿Están seguros de poner fin a su relación firmando el divorcio? —preguntó. Ella miró a su esposo de nuevo, apretó las manos con más fuerza, lastimándose un poco más. Nerviosa. Natalia tenía una ligera esperanza de que el vaquero se echara atrás. Aunque… para ser honesta, no le había dado ningún motivo para elegirla de nuevo. Natalia era muy consciente de que había fallado. Como madre y como esposa, se había equivocado de la peor manera; el amor por Estela la cegó hasta el punto de terminar con la armonía de su hogar. Ese lugar seguro que mantuvo por años y que pensó que jamás iba a perder. Se había equivocado rotundamente. La vida le estaba dando un golpe de realidad. —¿Señores? —Julián… —comenzó a decir, aflojando uno de sus puños. Extendió su mano con timidez para tocarle el dorso. —Sí, señor juez… La mano de Natalia no llegó a tocarlo, quedó suspendida en el aire; sus dedos volvieron a cerrarse y dejó caerla a su costado; el anillo en su dedo anular de repente se volvió pesado. Muy pesado. Las lágrimas llenaron sus ojos, mordiéndose para contener el sollozo que subió a su garganta. No quería llorar; sin embargo, el dolor era demasiado y las lágrimas se precipitaron por sus mejillas sin permiso. Cualquiera que no conociera los recientes hechos pensaría que es la víctima. Ella sabía la verdad. Era su culpa. —¿Señora? Sin esperanzas, Natalia asintió; no tenía sentido negarse cuando Julián ya había confirmado que deseaba apartarla de su vida de manera definitiva. —Muy bien. Si esta es su voluntad de separarse definitivamente, procederemos. ¿Están de acuerdo con la liquidación del patrimonio conyugal presentada? Ambos asintieron en silencio. —Dado que el matrimonio no tiene hijos menores de edad, no corresponde establecer custodia ni régimen de pensión alimenticia. Por lo tanto, el señor Altamirano no adquiere ninguna obligación adicional hacia usted, señora Villareal. El eco de las palabras quedó suspendido en el aire, volviendo el ambiente denso en la sala. Natalia tragó saliva, pero no logró digerir el nudo que le apretaba la garganta. Tenía las manos entrelazadas sobre su regazo, jugaba el anillo de matrimonio con movimientos temblorosos. Como si su cuerpo reaccionara antes que su voluntad. —Firmen —pidió el juez. Julián fue el primero, miró a Natalia, la encontró con la mirada hacia sus dedos. Era inútil esperar que ella hiciera algo por él. Esperaba, tal vez, quizá de manera inconsciente, que se opusiera. No sucedió. Su reacción le dejaba claro que, su matrimonio duró tanto tiempo porque era él quien siempre cedía, quien siempre luchaba. Estaba cansado. Julián dejó el bolígrafo sobre el documento; fue el juez quien lo deslizó hacia Natalia. —Señora, firme y terminemos con esto. Las palabras golpearon a Natalia con más fuerza que todo lo demás. Quería decir algo, cualquier cosa. Una súplica o incluso una mentira para retrasar lo inevitable. Pero los labios no le obedecieron y terminó firmando con manos temblorosas el divorcio mientras el arrepentimiento subía por su cuerpo insoportablemente lento. Había tenido muchas oportunidades y ciega, las rechazó todas convencida de que al final, Julián iba a volver. Iba a elegirla de nuevo, que lo sucedido se volvería parte del pasado… Y no fue así. —Firma, Natalia. La voz de Julián fue como el golpe de una fusta. Terriblemente dolorosa. Natalia se obligó a levantar la mirada; solo fue un instante. Sus ojos buscaron los de él, como si aún pudiera encontrar algo ahí, una señal de que no todo estaba perdido. Pero no encontró nada. Ni un atisbo de esperanza. Sus acciones y decisiones acabaron con el amor de Julián. Natalia respiró hondo y, con el poco orgullo que le quedaba, firmó los documentos dando por terminada su historia. Porque ya no quedaba nada que salvar. Solo aceptar que había sido ella quien destruyó todo lo que tenía.

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