-Quede en el equipo de americano del colegio- me dice el después de lo que pudieron haber sido horas de silencio. Tomo mis libretas y cierro la puerta de mi casillero. Recargo primero una mano sobre este y después le dirijo una mirada cansada; el simplemente levanta un poco la comisura derecha de su labio. Se lo que trata de hacer, trata de distraerme. -No soy el mariscal, pero si corredor- quiero mostrarle que estoy feliz por él, pero una punzada de dolor recorre mi cabeza y recargo mi frente en el casillero, volteo a verlo y un brillo de preocupación aparece en sus ojos, le dirijo una sonrisa que se como luce; cansada.
-Es asombroso, me da gusto- digo, a penas si escucho mi voz me doy cuenta que realmente estoy agotada, el posa su mano sobre mi espalda y suelto un suspiro, sé que estoy a punto de romper en llanto por la forma en que un nudo se crea en mi garganta y las lágrimas amenazan por salir, pero no lo hago. Me dedico a sentir el tacto de su cálida mano sobre mi espalda, sintiendo como mueve un poco su dedo pulgar acariciándome sobre la ropa, aparto la frente de mi casillero y lo miro, -¿Cuando es el primer juego?-
-Es hoy en la noche- me dice él y ambos empezamos a caminar, él suelta un suspiro,
-¿Te gustaría que vaya?- le digo al cabo de unos segundos, ni siquiera lo pienso, simplemente las palabras salen sin más de mi boca,
-No es necesario que vayas- escucho decir su voz, en ese tono grave pero no exagerado que lo caracteriza,
-Pero quiero ir- digo de nuevo sin pensar, el sonríe un poco de esa manera tímida que acostumbra;
-Pues entonces estaría totalmente encantado de tenerte ahí- me dice él, no puedo evitar sonrojarme al escucharlo decir estas palabras. Agacho mi mirada al suelo por la vergüenza que me ocasiona mirarlo a los ojos.
El resto del día en la escuela me la paso realmente ansiosa, lanzándole miradas al reloj con la esperanza que este valla más rápido. En cuanto dan el timbre tomo mis cosas de mi lugar con la esperanza de ser la primera en salir, subo mi mochila a mi hombro derecho y me encamino a la puerta para ir directo a casa de Carla por mis cosas, pero cuando estoy a punto de hacerlo la maestra Alison me detiene,
-Dev, toma asiento- me dice con su suave voz respectiva indicándome las sillas vacías, bajo la mochila de mi hombro y la llevo a rastras al lugar que me queda más cerca, -Quiero hablar de lo que está pasando entre tú y John-
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-No ocurre nada entre nosotros- digo sintiendo como las palabras pesan al salir,
-Claro que no, eso es de lo que quiero hablar- >, -El año pasado eras su novia. Su pareja por así decirlo, pero este año ambos inician, con el pie izquierdo- me dice ella acomodando su escritorio, teniendo su mirada fija en los papeles que mueve de un lado a otro en este,
-No entiendo que quiere decir- >
-No quiero que alguno cometa un error que deje marcado al otro, como es el caso. Ya que John no es un pedazo de cielo precisamente- dice ella levantando la mirada y acomodándose el pelo apartándolo de su rostro, -Quiero que arreglen sus problemas de una manera poco conflictiva- dice ella. >
Exactamente cinco minutos. Solo cinco minutos para que el partido inicie y parece que yo soy la que va a jugar por los enormes nervios que tengo encima. Carla está sentada junto a mí en las gradas, y al lado de ella Joseph. Los tres llegamos temprano para estar hasta adelante, solo por estar más lejos cuando la banda toque y amenace con romper los tímpanos de todos. Ella lleva un short de mezclilla, una blusa blanca, una chaqueta negra y unos botines del mismo color. Sin contar la cantidad incontable de pulseras. Él una playera de manga larga gris, unos jeans y tenis; ambos con estilo de chicos malos. En cambio yo opte por unos jeans entubados, una blusa con el torso gris y tanto el contorno como las mangas de un color rojo, unas botas que están por debajo de mis rodillas a tan solo unos centímetros de color negras. Llevo el pelo lacio suelto y este cae sobre mis hombros, el las muñecas llevo al igual que Carla un sin fin de pulseras. Decidi vestir algo color rojo por el simple hecho que es el color del equipo del colegio.
En cuanto el equipo sale al campo todos gritan y la banda empieza con su música ensordecedora, los jugadores se reunen con el entrenador y empiezan a planear estrategias, no tardo nada en localizar a John, quien carga el casco con una mano y pone atención al entrenador. Desvío mi mirada al otro extremo del equipo y localizo a Ázim, con el uniforme rojo del equipo y las enormes hombreras haciendolo lucir más encantador, se coloca el casco y empieza a gritar junto con todo el equipo para darse ánimos. Como en todo partido las porristas están presentes robando la atención de todos los muchachos del público, volteo a ver a Joseph quien solo mira su mano entrelazada con la de Carla, como si nada más existiera.
El partido transurre normal, y ocurre lo que es típico en un partido entre colegiales, las porristas animan a gritos con rutinas ágiles, los de la banda tocan la música demasiado fuerte, el público grita y se siente la tención de este cuando estan cerca de hacer un touchdown.
Al transcurrir casi todo el partido el marcador va 51 a 42 favor nuestro colegio, pero aún asi se siguen sintiendo los nervios de todos por temor a un empate o a una derrota, lo cual sinceramente dudo; el entrenador llama al equipo de nuevo, dos touchdowns han sido de Ázim y otros dos de John.
Cuando Ázim quien es el número noventa y nueve llega al lado del entrenador se quita el casco, no puedo evitar sonreír al ver lo lindo que se ve, su piel se ve pálida pero tanto como sus mejillas y sus labios están realmente rosas, su pelo esta despeinado por culpa del casco y a pesar del cansancio que logra notarse en el, lleva una sonrisa.
El entrenador termina de darles las indicaciones para lo que parece ser la última jugada, Ázim levanta su mirada al público y por un momento parece dedicarme una sonrisa, se pone el casco y vuelve al campo. Muchas chicas están gritandole pero no presto atención, me inclino un poco más, apoyando mis codos sobre mis rodillas para verlo mejor.
Toman todas sus posiciones y el mariscal del otro equipo trae el balón, todos los defensas de nuestro equipo lo tratan de detener y nadie pone atención al mariscal o a los corredores. Entonces el balón cae en manos de Ázim quien empieza a correr y todos se reúnen para quitárselo. Mi mirada está centrada en el y logro ver cada mínimo detalle de como el número diez ósea John, lo taclea y le roba el balón.
Todos se quedan con la boca abierta y gritan de emoción cuando John anota, pero mi mirada se centra en Ázim, quien se quita el casco y pasa la mano por si nariz para limpiarse lo que al parecer es sangre, miro a John que tiene su estúpida sonrisa de suficiencia, provocándome ganas de ahorcarlo. Miro a Carla quien esta pasmada de pie tratando de ver a Ázim, su único error es que busca donde todos están celebrando. Me pongo de pie y empiezo a correr en dirección al campo. No sé cuanto tardo en arrodillarme al lado de Ázim y empezar a limpiarle la sangre del rostro, pero es el mismo que tarda Nubia en estar en la espalda de John cargando el estúpido balón con el que acaban de ganar.