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1354 Words
—¿Otra copa? —preguntó Austin al ver que Renata había terminado su bebida. Ella soltó una ligera expresión de asombro ante la atención de Austin, y negó, no queriendo que él pensara que lo estaba rechazando deliberadamente. —Yo solo soy de una —sonrió para apaciguar el momento—. Ya sabes, no lo sé controlar. Austin alzó una ceja curioso. —¿Eres de las que se suben a la mesa a bailar o de las que se caen a la piscina sin querer? Renata miró hacia el lugar donde aún se encontraba Samuel, ya se veía un poco más recuperado. —Soy un poco de ambas —se encogió de hombros diciendo la verdad. Podía recordar su última borrachera, que había sido en la universidad, exactamente cuando se graduó, y agradeció que en ese entonces las r************* no existieran porque seguramente se habría hecho viral. De solo recordarlo, sentía vergüenza. Austin rió, de verdad rió con gracia, y Renata se quedó de nuevo observándolo. ¿En qué estaba pensando? ... —¿Hablaste con Austin sobre guardar mi secreto? —Tara y Owen estaban en la barra del club, un lugar donde perfectamente podían ver hacia la mesa donde sus novios se encontraban. —No lo hice, pero él sabe que no debe decirlo. Owen bufó y tomó de su copa. —Sí, claro. Tu novio me odia. —Pero le gusta ella —Tara señaló detrás de él, y el castaño se giró un poco para apreciar cómo su novia estaba riendo con el idiota de Austin—. Y al parecer, a ella le gusta él. —¿Qué dices? Renata solo está siendo amable, no la conoces —dijo con un tono enojado. —No lo entiendes, eso es perfecto —Tara se lamió los labios y miró seductoramente a Owen. —¿A qué te refieres? —Ahora la curiosidad de Owen había surgido, y más al notar que Tara se veía entusiasta—. Oh, ¿quieres que ellos...? —Ajá —la azabache sonrió. Owen se quedó pasmado, pensando en lo que había descubierto que su amiga quería, y lo sopesó por unos minutos incalculables. ¿Eso sería una buena idea? Tara se cruzó de piernas, esperando que su amigo le diera luz verde para comenzar a actuar. Esperaba que aceptara, si no tendría que pensar en otra manera de hacer que su diversión no se viera opacada. "Distrae un poco más a Marshall, Renata está a punto de caer", Tara miró su celular soltando una sonrisa, luego lo volvió a guardar mientras Owen la observaba detenidamente. —¿Entonces qué piensas? —Trató de persuadirlo. No entendía por qué estaba tan renuente sobre la idea, era divertido. ¿No era eso lo que quería? Salir de la rutina, que Renata fuera diferente, tal vez esa era su oportunidad. —Mira, se escucha bien la idea, pero... no creo que Renata acepte, ella se va a negar rotundamente. Tara desvió la mirada hacia la copa que sostenía, y luego lo miró inocente. —¿Qué tanta confianza le tienes? —Una absoluta, ella jamás me engañaría —dijo casi seguro, y era "casi" porque muy en el fondo no le gustaba para nada que Austin estuviera con ella a solas. Era por eso que cada cinco segundos volteaba a ver cómo estaba, y un deje de inseguridad se alojó cuando miró a Renata muy a gusto con el idiota de Blake. —Bueno, entonces no tendrás problemas con la idea que te planteo, será algo divertido —Tara acarició el brazo del castaño, mientras su tono de voz se suavizaba, tratando de convencerlo con un poco de sus encantos—. ¿Hace cuánto no la pasamos bien? Se acercó más a él, susurrándole casi al oído. Owen sintió cómo todos sus nervios despertaron ante el contacto; Tara era buena para hacer que la desearan, y tenía que admitir que estaba funcionando con él. —¿Y Renata y Austin? —Harán lo mismo, solo un juego, algo para pasar el rato. Cuando nos aburramos, cada uno regresará donde le corresponde. —¿Segura? —Tenía que estar bien seguro de hacerlo. —Tú mismo lo dijiste, Renata te ama con locura y perdona todo, aceptará. Además, es Austin, solo le importa divertirse sin compromiso, la pasaremos bien —Tara acarició la pierna del castaño, un suave movimiento que poco a poco fue subiendo—. Ambos sabemos que te mueres por estar de nuevo conmigo, imagina hacerlo sin esconderte. Su mano hizo un movimiento certero, tomando entre ellas el m*****o semi flácido de Owen por encima de la ropa. Este se paralizó. Estaba más que decidido lo que quería. . . . —Dime, ¿qué haces cuando no estás diseñando casas y dando entrevistas sobre cómo ser una mujer exitosa? —Austin sonrió con picardía. Renata rió y negó con la cabeza. Austin la estaba tratando como si fuera una deidad; no sabía si estaba siendo amable o si realmente pensaba eso de ella. —Hago lo que todos... —Sus palabras quedaron en el aire al ver a Owen y Tara en el escenario, bailando de la misma forma en que lo hacía con Austin. No supo qué sentir. Tara era amiga de Owen, y Austin era el novio de Tara; no creía que pudieran hacer algo inapropiado frente a ellos... ¿O sí? Austin rió al notar la reacción de Renata. Era realmente adorable, siempre tan tímida. A pesar de ser una mujer exitosa y segura en su profesión, lo que más le atraía de ella era esa vulnerabilidad escondida que la hacía aún más encantadora. —¿Quieres bailar? —Austin extendió su mano. —Yo no bailo —respondió seria. —Por favor, todo el mundo baila. Además, ¿vas a dejar que se burlen así de nosotros? —Austin señaló a Owen y Tara. Renata siguió su mirada. Efectivamente, ambos los observaban con sonrisas burlonas. No iba a permitir que se rieran de ella. No sabía si era el orgullo o la segunda copa que Austin le había insistido en tomar, pero sintió que no podía quedarse quieta. Tomó la mano de Austin y se levantaron. Se dirigieron hacia la pista de baile, donde los otros dos los esperaban impacientes. —¡Al fin se unen a la fiesta! —exclamó Tara mientras seguía bailando sensualmente junto a Owen. Renata los observó con nerviosismo. Nunca había tenido la necesidad de bailar así, y no sabía por dónde empezar. Estaba a punto de rendirse cuando sintió las fuertes manos de Austin rodear su cintura. La cercanía la tomó por sorpresa, descolocándola por completo. El azabache la atrajo hacia su cuerpo con naturalidad, sonriendo al ver sus ojos azules llenos de incertidumbre. Renata era como una niña inexperta, y él estaba dispuesto a enseñarle a soltarse. —Solo déjate llevar —susurró al oído. Renata miró de reojo a Owen, pero pronto se dio cuenta de que él ya no la miraba. Owen parecía haberla olvidado por completo, quizás por el exceso de alcohol, el ambiente o porque estaba mostrando su verdadero yo. —Owen... —Olvídate de ellos —Austin le levantó la barbilla con un dedo, atrapando su atención—. Diviértete. Renata sonrió tenuemente. Estaba bien, se dejaría llevar un poco. Austin comenzó a moverse despacio al ritmo de la música, una canción suave y erótica, perfecta para su propósito. Los movimientos fluían con naturalidad, y Renata, al principio rígida, empezó a soltarse. Ambos cuerpos se rozaban deliberadamente, sus pasos se acoplaban a la perfección, y el aroma varonil de Austin la envolvía, hipnotizándola. Esos ojos oscuros chispeantes parecían devorarla, y Renata sintió algo extraño, algo nuevo. Jamás se había sentido así, tan libre. Sabía que el alcohol tenía que ser el responsable, porque en sus cinco sentidos nunca habría actuado de esa manera. Pero lo peor de todo era que le gustaba. Le gustaba cómo se sentía, cómo Austin la hacía sentir: segura, cómoda en su propia piel, sin importar las miradas ajenas.
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