—No seas tan extremista, es una enfermedad terminal, pero estaré bien al menos por el tiempo que me queda. —Renata seguía llorando y negó. Se supone que eso la tendría que hacer sentir mejor, miró al cielo preguntándose cómo había podido pasar esto. —Debe haber algo que podamos hacer, ver a otro especialista, operaciones, quimios. —Isabel tomó la mano de su hija para intentar tranquilizarla, se estaba saliendo de control. La entendía porque ella misma había actuado igual al saberlo, pero después llegó a la resignación. Renata se escuchaba preocupada y la entendía, pero también tenía que hacerla entender que no había solución para ella. —Estoy en fase cuatro, no puedo hacer nada. —Renata la miró a los ojos, su madre también quería llorar, lo podía ver, y tal vez quería hacerse la fuerte p

