20 Iba a besarla. Si no dejaba de tocarla en ese mismo instante, iba a besarla. —Yo también necesito decirte algo. —Jeremy se metió las manos en los bolsillos de los pantalones. Tenía que asegurarse de que no la volvía a tocar, pasase lo que pasase. No se atrevía a acercarse más a ella. No sabía cuánto tiempo podría retener todas las emociones que le inundaban. El dolor revoloteó en el rostro de Leilani y él se arrepintió inmediatamente. Su corazón golpeaba su caja torácica, exigiendo que la volviera a tocar. —Lo siento por lo de hoy. No era mi intención ofenderte con el tema del dinero. Eres una gran surfista y sé que puedes ganar, pero no deberías tener que preocuparte por el dinero. Trabajas muy duro. Mereces un descanso. —No estaba enfadada por eso. Bueno, puede que un poco sí. Ya

