21 Las piedras crujían bajo las botas de piel de cocodrilo de Jeremy mientras caminaba por el camino de tierra. El sol le golpeaba implacablemente en la cabeza. Se sentía como si estuviera andando dentro de un horno gigante. ¿Cuántos kilómetros había caminado? ¿Dos? ¿Veinte? Se detuvo, secándose el sudor de la frente. Echó un vistazo al vasto desierto en busca de algún lugar conocido. El horizonte titilaba mientras trataba de enfocar la vista. Todo parecía distinto desde el suelo. Por centésima vez deseó poder volar. ¿Y por qué narices tenía que tener Saleos su sede central en mitad del desierto? Buscó por toda la isla a los hermanos demonios de Saleos. Fue incluso al mismo bar, con la esperanza de que estuvieran por allí. Cansado de esperar, le dijo a Leilani que tenía unos asuntos qu

