El avión volaba tranquilo, pero mi corazón no. Mateo estaba en mi regazo, medio adormilado, jugando con los cordones de su sudadera. Hasta que, sin mirarme, murmuró: —Mami… —¿Qué pasa, amor? —Vi a un señor hablando con la abuela Jen… ¿quién era? Sentí que el aire se detenía un segundo. Lo sabía. Tarde o temprano iba a preguntar. Tragué saliva. No podía seguir ocultándoselo. —Ese señor… —dije despacio— es tu papá. Mateo se quedó quieto. Levantó la mirada con una mezcla de confusión y algo más… algo que me dolió en el pecho. —¿Él es el que no nos quiere porque tiene otra novia? —¿De dónde sacaste eso, cielo? —Te escuché hablar con el tío Pato —respondió bajito, bajando la vista—y el tío dijo que era un estúpido, que estaba con su novia… Sentí cómo se me oprimía el pecho. Me culpé

