Desde que amanecí, sabía que hoy sería uno de esos días en los que no quería pensar en nada más que en Mateo. Anoche estuvo mal del estómago, y como madre, no podía dejarlo solo. Estaba en la cocina preparándole un té para aliviarlo, cuando de repente, sonaron unos golpes en la puerta. Pensé que sería el delivery con las cosas que había pedido, pero al abrirla, me encontré con una sorpresa. —¿Qué haces aquí? —pregunté, sin poder evitar un tono de sorpresa. Frente a mí estaba Elliot Morgan, mi tío, el hombre que siempre había sido una especie de figura paternal en mi vida, pero que en ese momento me resultaba completamente ajeno. —Es hora de que tú y yo hablemos —dijo, con un tono serio, como si viniera con una misión que no podía esperar. —Me encantaría, tío, pero estoy muy ocupada...

