A las afueras de Urs en aquella acogedora cabaña el par de ancianos se encontraban muy contentos con su hijo, Adriel los ayudaba en todo y ellos le agradecían con mucho amor, sabían que todo era una mentira pero querían disfrutarlo lo más posible ― ¿Baudilio está listo el pavo? ―si mujer, ya lo saque está en la mesa… ya estas lista los invitados no tardan en llegar ―si… en un momento ―dijo la anciana peinándose frente a un viejo tocador mientras tomaba un poco de talco de su tal quera y lo ponía en su cuello ―mujeres… porque no pueden ser tan rápidas como nosotros ―dijo el anciano dirigiéndose a Adriel, de repente tocaron a la puerta ―hola vecinos adelante ―a pesar de que ellos vivían alejados del reino tenían conocidos y eran muy queridos por todos ― Argimida no tardara en bajar… l

