Capitulo 6: Las huellas de un pasado

1342 Words
En Élica, el aroma de los pescados fritos preparados por María impregnaba el ambiente. «Elis está completamente cegada por su ira… pero no permitiré que se meta en más problemas», pensaba María mientras sus manos se movían por la cocina. «Y tú, Jack, no tardes en llegar.» María sintió una fría presión en la garganta, como si una garra la estuviera rozando. Al mismo tiempo, unas manos la sujetaron con firmeza de la cintura y la empujaron hacia atrás. —¿Qué hago aquí? ¿Quién eres tú? ¿Y dónde está Elis? —exclamó Caeylia con una voz profunda. El cuerpo de María empezó a temblar. —Espera… ¿no eras la compañera de mi hermana? —¿Compañera? Esta más cerca de ser un c*****r que de ser considerada mi compañera. «¿Qué rayos te hizo mi hermana, mujer?», pensaba María mientras sus manos comenzaban a sudar. «¿Quién es esta mujer? ¿Y qué hago yo aquí?», pensó Caeylia. El silencio envolvió la casa de María como un ancla en el mar; así de pesado era. —¿Qué carajos…? Unas manos firmes le sujetaron la muñeca derecha. En un segundo, el mundo pareció dar mil vueltas y el impacto agrietó el piso de María. Con la mirada invertida, la joven vio una figura imponente con una gabardina como la que ella solía llevar. En el pecho, una insignia con la letra A brillaba con intensidad. En las afueras de Élica, Elis estaba de rodillas, con la mirada perdida. Gotas de sangre brotaban de su nariz y labios, tiñendo el verdor del pasto de un intenso carmesí. «Eres una idiota…», pensaba Elis. Sus manos se deslizaron hacia el césped; apretó los puños mientras comenzaba a arrancar grandes trozos de pasto húmedo y lleno de lodo. —Quizás… ¿y si realmente lo que estoy haciendo está mal? —susurró Elis, mientras sus dientes crujían. No obstante, en el hogar de María, Caeylia continuaba observando todo desde una perspectiva peculiar. —Sabes, mujer, tu esencia y parecido son similares a alguien que conozco… El ojo de Caeylia se abrió de par en par al escuchar esa voz que provocó que su piel se erizara. «¿Qué…? ¿Acaso…?» Unos guantes negros tomaron a Caeylia de su traje con fuerza, mientras ella observaba el rostro de esa persona, lo que provocó que su piel cambiara a un tono pálido. —Ah, eres tú, Cael… Nunca olvidaré el rostro de un traidor… —Jack… —logró articular Caeylia. —Cael, esta forma tuya no está nada mal. Incluso podrías servir como acompañante de mis soldados para saciar sus deseos —Jack dejó escapar una pequeña sonrisa. —Mírate. Por unos segundos creí que eras solo una ilusión o un truco, pero ahora que veo… —Jack deslizó su mano derecha sobre el rostro de Caeylia. —Siendo sincero, me gusta este cambio; te queda mejor, traidor. La mayor tortura para ti debe ser usado como un objeto por mis soldados —Jack fijó sus ojos morados en Caeylia. —Tu cuerpo ahora es tan delicado, sin embargo, considero que incluso la profanación de tu nuevo cuerpo no sería suficiente para pagar lo que nos hiciste. Caeylia sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza en su pecho, mientras que su garganta le dificultaba tragar la saliva.. —Me pregunto si todavía conservas el medallón que te regaló Kady… Jack sostuvo el peso de Caeylia con la mano izquierda. Con la derecha le aferró el rostro y desgarró la carne. La sangre fresca comenzó a recorrerle la piel… «¿Qué estás haciendo, Jack? No, espera… Mierda, no…» De sus mejillas empezaron a brotar lágrimas. Con su ojo dorado entrecerrado y los dientes apretados, Caeylia observaba a Jack. «¿Por qué mi cuerpo no se mueve…? ¿Acaso Jack piensa… hacerme lo que está hablando? ¡Y este maldito cuerpo está reaccionando de una forma extraña!». Jack introdujo su mano entre el cuello de Caeylia, tiró del cordón y sacó una medalla dorada con la letra B en relieve. Al darle la vuelta a la medalla, Jack pudo observar una inscripción. —Observa las palabras que Kady ha grabado en esta medalla. El pasado no define quién eres en el presente… —Jack esbozó una sonrisa tenue y, con decisión, lanzó a Caeylia al suelo nuevamente. «Esta sensación en el pecho no me deja en paz», pensaba Caeylia. —No comprendo por qué Kady sintió tanta compasión para intervenir… en tu destino. —Kady te brindó una segunda oportunidad cuando solo eras un gato callejero, y así es como le retribuyes: traicionándola y acabando con su vida. Así de cobarde fuiste. María sujetó con fuerza el brazo de Jack. —¿Acabas de amenazar a una chica? ¿Frente a mí?— le dijo, antes de propinarle una fuerte bofetada que resonó en toda la vivienda. —Por favor, no te involucres, mujer… Después de darse cuenta de que Jack desvió su mirada por unos instantes, Caeylia emprendió la carrera y se lanzó contra la pared, rompiéndola en el proceso; su medalla colgaba contra el viento. Caeylia corrió sin mirar atrás, mientras la sangre que había corrido desde su rostro comenzaba a desaparecer. Jack la observó mientras se alejaba, apretando los dientes. Con ternura, tomó a María por la cintura y la apartó, acercándose al espacio que había dejado Caeylia y contemplando su carrera. —Huye, cobarde, eso es lo que verdaderamente eres: un cobarde. Caeylia avanzaba a una velocidad inalcanzable para las personas comunes, sin detenerse a mirar atrás. A pesar de ello, logró escapar de Élica, empujando y lastimando a quienes se interponían en su camino. Sin embargo, el collar de Elis se activó únicamente debido al alejamiento de Caeylia. Los intensos dolores abdominales provocaron que Caeylia se desplomara en el suelo mientras se sostenía el abdomen. —No puedes escapar de mí, Cael… ¿Por qué no peleas? ¿Acaso el cambio también te quitó tu honor? —exclamó Jack mientras se acercaba lentamente a Caeylia. María salió corriendo hacia donde ellos se encontraban. Mientras tanto a kilómetros de distancia, Los pasillos se alargaban hacia donde la figura de un hombre avanzaba con paso lento y firme. Su cabello caía cubriendo sus hombros con una melena larga. Su respiración era lenta y calculada. El hombre se detuvo frente a una imponente ventana de cristal. Su mirada se expandió sobre la vasta ciudad que se extendía ante él, bajo la intensa luz del sol. «Hoy, el sol brilla con una calidez inigualable. Pronto, esta ciudad prosperará aún más,» pensó el hombre. —Señor, hoy he formalizado el acuerdo con Dom acerca de los minerales y el cargamento de flor Sorio. —La voz resonó en los espacios, rebotando contra las paredes. —Perfecto… buen trabajo, Sax. —El hombre se volvió en dirección a la voz… Sax se acercó con delicadeza y calma hacia el hombre, llevando una mano al pecho y inclinándose ligeramente hacia adelante. —Señor Levis, me gustaría aprovechar la ocasión para expresarle algo de gran importancia. —Dime, Sax, te estoy escuchando. —Eh… Hemos descubierto un cambio sobre el acantilado. Los expertos dicen que es cuestión… —Sax hizo una pausa antes de levantar la mirada-. Tiempo para que el acantilado se venga abajo. Durante unos segundos, el ambiente se impregnó de un silencio gélido que era palpable incluso en el propio pasillo. —¿Te informaron acerca de las razones por las cuales el acantilado está cediendo? —Sí, señor Levis. Me informaron que la robustez de los mecanismos de defensa de las murallas estaba causando el deslizamiento del acantilado. —Entiendo, Sax. Agradezco la información. Puedes retirarte. El hombre volvió su atención hacia la ventana una vez más. —Está bien, señor, lo dejaré solo… Sax se inclinó nuevamente hacia las espaldas de Levis y se alejó del pasillo. Levis continuó observando cómo las nubes se deslizaban por el cielo azul, mientras el sol resplandecía en todo su esplendor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD