El Chico que Entró a la Isla

4881 Words
(Pv Alberto) Luego de que se negociara una nueva reunión dentro de tres días, el príncipe se retiró llevándose la mitad del pastel de chocolate, no lo negaré, me sentí muy triste porque habían pasado muchos años desde que comí pastel y apenas pude probar un pedacito. Al terminar de limpiar, Atem dijo que fuéramos al bar de Ur para planear la próxima reunión, como dijeron que me pagarían si volvía a ser un asistente acepté rápidamente, después de todo era dinero limpio y lo apreciaba. Al llegar, el señor Ur nos recibió aliviado y el pequeño del señor Daniel nos saludó muy contento. —Hola Sora ¿Qué tal la pasaste con tus tíos? —le preguntó mientras lo abrazaba. —¡Muy bien! ¡Ayudé a sevi las mesas—dijo muy orgulloso, lo que me hizo sonreír. —Jeje podría entrenarse para ser asistente si ya puede servir mesas—dije divertido. —Uff la verdad es que estas reuniones entre ricos son agotadoras—se quejó Daniel sentándose en la barra—. Todavía no puedo creer lo que pasó. —Ni me lo digas—se quejó Atem mientras Rose nos servía algo de tomar —. Jamás pensé ver a ese tipo. —¿Y quien era esa persona como para que la pasaran tan mal? —preguntó Ur sirviéndonos un poco de sopa caliente. —El primer príncipe —dijimos todos. Ambos se quedaron congelados por un momento antes de gritar. —¡¿Qué cosa?! Tuvimos que contarle todo lo sucedido, por suerte ya no había nadie en el bar por lo que pudimos hablar sin que nos molestaran. —Esto es una locura —dijo Ur todavía en shock—. ¿Y? ¿Qué van a hacer? —No estoy seguro, aunque me gusta la idea de romper la barrera, siento que es demasiada carga para nosotros —meditó Atem. —Yo estoy igual, a duras penas puedo ser de ayuda curando a la gente, ser parte de algo así...siento que es demasiado —dijo Daniel —. Por cierto Ur ¿Puedes sacar lo que dejé en la caja fría? —¿Mn? Ah si—dijo antes de buscar algo. —Bueno chicos, ya debo irme antes de que salga el último tren —dije acomodándome la capa de viaje. —¿Por qué no te quedas esta noche? —preguntó Atem—. Nos sobró comida y puedes llevártela mañana. —Gracias Atem, pero tengo un compromiso mañana temprano así que debo regresar —expliqué. —¡Espera! ¡Al menos llévate un poco de pastel! —exclamó Daniel mientras Ur traía una caja de madera. ¿Pastel? Ur abrió la caja y vi que era otro pastel de chocolate, eso hizo que se me hiciera agua a la boca. —Este fue el primero que hice, no quedó tan bueno porque todavía no me acostumbro a las medidas, pero sabe bien —dijo sacando una caja más pequeña y cortando dos trozos de pastel para meterlos en la caja—. Veamos, si lo acomodo así...¡Listo! Creo que así llegará. Me entregó la caja y siguió cortando para todos, pero yo estaba sorprendido. Apenas conocía a este hombre y me estaba dando un pastel de un producto casi invaluable en la isla. —Espero verte pronto, Al—dijo Atem—. ¿Te acompaño hasta la estación? —N-no es necesario, pero gracias —dije muy agradecido —. Nos mantendremos en contacto, hasta luego. Todos se despidieron y salí del bar, el frío era bastante fuerte ahora, así que me acomodé la capa para correr a la estación. ____ El vagón de tercera clase ya estaba casi vacío, así que no tuve problemas para llevar la caja. Esto me traía recuerdos de mi país de origen, cuando mi tío usaba su portal para ir a la Tierra y traer cosas, comida y aparatos raros. Si, de donde vengo también podíamos ir al mundo del que vino Daniel, al menos mi familia podía hacerlo gracias a mi tía abuela, quien experimentaba con esos portales hasta que un día mi abuela fue transportada aquí por accidente. —¡Estación terminal, Pueblo del Norte! Salí de mis pensamientos y sujeté la caja para bajar, la estación estaba casi vacía ya que no mucha gente vivía por aquí y mucho menos regresaría a esta hora. El cielo nocturno estaba totalmente oculto por nubes ya caían copos de nieve, así que usé un hechizo de calefacción a mi alrededor y salí de la estación hacia el camino de la montaña, donde había un bosque ya sin ninguna hoja sobre sus árboles, caminé siguiendo el río hasta llegar a una cascada. Vi por los alrededores para asegurarme de que no me siguieran y cuando estuve seguro usé mi magia para elevarme y volar sobre la cascada hasta llegar a mi jardín, aunque en esta época no había nada más que flores de nieve, normalmente habían muchas más coloridas y plantas medicinales que cosechaba y vendía, no era mucho lo que ganaba pero no era lo único a lo que me dedicaba. Al fondo del jardín, había una pequeña cabaña de madera que construí, de apenas cuatro habitaciones, pero era un sitio tranquilo y cómodo de vivir, y sobretodo alejado de los intrusos. Crucé el jardín y al llegar a la puerta la abrí rápidamente, entré y me quité la capa sintiendo el calor del hogar y la chimenea encendida, por lo que el frío se esfumó casi por completo. Solo faltaba lo más importante. —¡Sofía, ya estoy en casa! —¡Bienvenido, papi! De uno de los cuartos, salió mi mayor tesoro y motivo de vivir, una hermosa niña de cinco años con larga cabellera negra y ojos grises, con sus lindas y hermosas alas negras iguales a las de su madre resaltando sobre su pijama, ella corrió a abrazarme así que dejé todo para abrazarla y besar sus mejillas. —¿Cómo está mi hermosa princesa? —¡Jaja! ¡Papi me haces cosquillas! —Es que te extrañé mucho—dije muy feliz—. Por cierto, no vas a creer lo que traje—tomé la caja y se la mostré. —¡¿Qué es?! ¡¿Qué es?!—preguntó Sofía al ver la caja. —Lo sabrás cuando lo abramos—reí antes de sentarnos a la mesa junto al fuego—. Gracias por mantener la casa caliente. —¡También hice sopa!—exclamó muy contenta—. Aunque bueno sólo eché las verduras sobre la olla y las dejé cocer. —Jaja pues eso ya es bastante, la verdad tengo mucha hambre y necesito algo caliente—dije muy feliz. Sofía me sirvió un poco de sopa y al tomarla me sentí mucho mejor, claro que algunas verduras tenían cáscaras o estaban muy blandas, pero era una sopa hecha con mucho amor y estaba feliz de tomarla, ella sonrió al verme comer y mientras comíamos nos contamos cómo fue nuestro día. Mi hija Sofía era una híbrida, mitad humana y mitad garza negra, una especie que fue eliminada por los humanos por creer que era de mala suerte, por eso debíamos tener cuidado cuando salíamos y evitar que la gente viera sus alas. Aunque ya mucha gente no tenía esa creencia, su madre fue cruelmente asesinada por unos humanos ignorantes. __Flashback__ Nací en un país muy especial, fui el tercer hijo de la familia Farender, una familia de magos al servicio del Rey, podríamos decir que éramos personas importantes en muchos sentidos. Pero había un secreto muy bien guardado en la familia, y es que mi bisabuela Sofía venía de otro mundo. Una vez al año, usábamos un portal que mi tía abuela construyó para ir a la Tierra y visitar a la familia de mi bisabuela, también aprendíamos de su mundo y de su cultura, lo que nos daba ideas para ayudar a la gente cuando volvíamos, realmente tuve una buena infancia y cuando desarrollé mis poderes entré a la Academia de Magos para entrenar y saber todo lo necesario para proteger a mi gente. Pero también quería viajar por el mundo, conocer más sobre Proreita y descubrir cosas nuevas que pudieran ayudar, así que me despedí de mi familia y partí, así conocí nuevos lugares del continente y su gente, fue realmente agradable hasta que un día cuando cruzaba el océano en un barco, una tormenta me tiró y por poco muero. Fue así como llegué a la isla, totalmente herido, agotado y apenas con algunas de mis cosas, incluyendo la espada de mi bisabuela y mi propia arma. —¡¿Estás bien?! ¡Aguanta por favor! Estaba tan débil que apenas supe lo que pasó después. Cuando por fin desperté estaba en una cama, todavía incapaz de moverme pero mis heridas se habían tratado e incluso fueron curadas. —¿Cómo te sientes? Mientras trataba de comprender lo sucedido, una joven con cabello castaño oscuro recogido con un moño se acercó a mí y me revisó el pulso, parecía ser una enfermera. —Todavía no pareces recuperado—dijo antes de revisarme—. ¿Puedes hablar? ¿Sabes quien eres? —S-Si—susurré con una voz muy ronca, lo que me hizo toser. Ella me dio un poco de agua y luego me examinó, al parecer tenía algunas costillas rotas y lesiones internas. —¿Dónde...estoy? —pregunté. —Es el hospital de la Santa del Oeste—explicó ella. —Me refiero...al país donde estoy —comenté. Ella me miró extrañada, como si no esperara que dijera algo así. Cuando le dije de donde venía se quedó boquiabierta. —¿V-vienes...de afuera de la barrera? ¿Y no de otro mundo sino de este? No esperaba que mencionara el otro mundo, pero decidí no decir nada por si acaso. —¿A qué te refieres con la barrera? —le pregunté desviando el tema. —Aquí hay una barrera mágica que evita que los reyes demonio escapen —explicó —. Pero también evita que otras personas la crucen a menos que usen un barco con un permiso especial. No esperaba algo así, tendría que buscar la forma de salir en cuanto pudiera, pero por ahora debía recuperarme y buscar mis cosas. —¿Cómo es el mundo exterior? —me preguntó de golpe. —¿Disculpa? —Es que eres la primera persona que conozco fuera de la barrera—me confesó—. Los que tienen permisos no vienen a esta zona, así que no sé nada del mundo exterior. La verdad es que no sabía ni por donde empezar, pero ella rió al verme tan confundido. —Jeje ahora que lo pienso, ni siquiera pregunté tu nombre—dijo ella. —Alberto—dije sin más ya que no estaba seguro si debía decirle mi apellido. —Mucho gusto Alberto, me llamo Celles—se presentó ella—. Estoy muy feliz de haberte conocido. —Lo mismo digo—dije divertido. Y ese fue el comienzo de una linda amistad. ____ Mientras me recuperaba, ayudaba a Celles con algunas cosas en el hospital, ya que era el único mago del pueblo y podía hacer cosas sencillas como mover objetos o cargar cajas pesadas, aunque ella no quería que trabajara tanto le decía que prefería hacer algo a estar todo el día en la cama y no tenía que hacer esfuerzo físico, por lo que que no me molestaba. Cuando me recuperé del todo, Celles me ayudó a buscar por la playa mis cosas e incluso en el mercado, lo que me hizo conocer que estaba en un pueblo llamado Puerto Coral, un lugar al oeste de la isla Kemohen y que vivían casi apartados debido a que el único camino que conectaba ambos lugares era cubierto por la marea, sólo recibían ayuda o visitas una o dos veces al mes por la gente del Templo de la Gran Santa, por lo que todos era muy creyentes en sus enseñanzas y tradiciones, lo que incluía el desprecio de las Bestias. —Entiendo, es bastante triste que rechacen a los demás—dije una tarde mientras caminábamos por la playa una vez que pude recuperar casi todas mis cosas, del resto ya las daba por perdidas en lo profundo del mar. —Si, de hecho es bastante agotador tener que escuchar que mis tratamientos no son correctos porque la Gran Santa no los aprueba—explicó Celles suspirando con pesar. —Qué estupidez—gruñí—. Si no fuera por tus tratamientos dudo que me hubiera recuperado tan bien. Ella se sorprendió y sonrió divertida. —Gracias, aunque sea una boticaria y no tenga mucho que ofrecer, me alegra poder ayudar a la gente a pesar de que la gente no se sienta a gusto con mis métodos—sonrió agradecida. Al verla sonreír, no pude evitar pensar que era realmente linda y muy sabia, ella era la única doctora en el pueblo, por lo que no sólo revisaba pacientes, sino que los atendía y trataba, hasta un par de veces tuvo que operar sin ayuda, lo que me sorprendió mucho cuando la vi preparando sola lo que sería la sala de operaciones. Luego de unos días, pude enterarme de cómo funcionaba la isla y su conexión con el otro mundo, también ayudaba a Celles con el mercado o la limpieza mientras buscaba la información necesaria para pedir los permisos e irme de la isla, por lo que cuando estuve totalmente curado usé mi magia para volar hacia el otro lado y visitar a la ciudad. Al llegar cometí el error de decir que venía de afuera de la barrera y la gente me atormentaba preguntándome como loca, lo que llegó a los oídos de la familia Real y me invitaron al Palacio. Estaba acostumbrado al ambiente de la Corte Real, después de todo era sobrino del Rey de mi país, aunque la verdad era más feliz en el campo; por desgracia el ambiente en este país fue totalmente diferente a lo que estaba acostumbrado, mucha hipocresía y manipulación. Prácticamente al llegar trataron de convencerme de que sirviera al Templo o al Rey, traté de decirles que sólo quería irme pero insistieron que conociera las maravillas de la Isla y hasta que los ayudara a eliminar a los Reyes Demonio, por lo que simplemente me rendí y escapé tan pronto tuve oportunidad. Cuando volví al Puerto, Celles me recibió muy feliz pero también se veía triste pensando que pronto me iría. —Supongo que no te gustaría vivir en un lugar aislado cuando has recorrido el mundo—dijo tratando de no sonar triste. —No te preocupes, no parece que me vayan a dar el permiso tan pronto, así que me quedaré un tiempo por acá—le dije divertido—. Podemos aprovechar para que me enseñes un poco más de lo que sabes sobre hierbas medicinales ¿Te parece? Ella se sorprendió y para mi sorpresa me abrazó entre risas y alegría, eso despertó algo en mi corazón, nunca me había parado a pensar en el romance porque no quería ataduras pero... No me molestaría conocer más a Celles. ____ Así pasaron dos años y yo me convertí en el asistente de Celles, usaba mi magia para limpiar o esterilizar heridas, incluso hacía que los pacientes se durmieran para curar heridas mas graves. Durante ese tiempo, iba y venía durante las noches a buscar plantas medicinales, algo que Celles apreciaba mucho aunque no sabía cómo lo hacía. La gente del pueblo también era amable conmigo y me agradecían por mi trabajo, aunque seguían siendo bastante tercos con el tema de que como médicos debíamos recibir la bendición de la Gran Santa para que pudiéramos salvar a más personas, cuando la tasa de mortalidad era mínima a comparación a otros pueblos También conocí a muchas bestias e híbridos, lo que me ayudó a comprender la biología de este lugar, y que me gustara la botánica, Celles era buena maestra, antes de darme cuenta atendíamos pacientes juntos y con mis conocimientos mejoramos el consultorio y la sala de operaciones. —¡Alberto! ¡Lo lograste! Con este tratamiento podremos proteger al pueblo de la tuberculosis —me dijo Celles una noche cuando probamos una vacuna que creamos en base a lo que sabía del mundo de mi bisabuela, lo que aprendí en mi tierra y lo que teníamos en la isla. —Por fin, pero este crédito no es sólo mío —le dije divertido —. Si no fuera por ti, habría quedado en sólo una idea. —¡Claro que no! Este mérito es sólo tuyo —dijo haciéndome pucheros, era realmente linda cuando hacía eso. —Jaja bueno, pero no dejaré que te libres de todo, lo hicimos juntos y ya—aseguré —. Jamás habría querido hacer medicina sin tu determinación. Ella se sonrojó y me dio las gracias, me di cuenta que me gustaba verla feliz, tímida, nerviosa y a veces enojada. Era realmente especial para mí. Fue cuando comprendí que me gustaba...de una forma romántica. Pasé un tiempo buscando la oportunidad de decirle que fuera mi novia, pero en el último viaje de la gente del Templo aquí, trataron de llevarme como parte del harem de la Gran Santa, a lo que me negué y aún así me llevaron al Palacio, donde el Rey me reclamó por faltarle el respeto al Templo, diciendo que no me dejarían ir de la isla como castigo. Aunque estaba molesto, no quería causar problemas ahora que decidí quedarme para estar con Celles, pero claro si ella no quería, tendría que irme al otro extremo de la isla para no incomodarla. Así que regresé a la aldea y me sorprendió mucho verla esperándome y hasta preparando un equipaje para ir a buscarme si no volvía esa noche. —Gracias Celles, pero aunque no hubiera vuelto tendrías que esperar a que baje la marea o hubiera sido muy peligroso salir—le dije luego de que me abrazó muy feliz y me contara su plan. —Bueno, la marea no habría sido un problema para mí—aseguró un poco avergonzada. —¿Mn? ¿A qué te refieres? —pregunté confundido. —Al...hay algo que quiero contarte—dijo mirando el piso—. Yo...en realidad no soy humana. En eso se quitó un brazalete que siempre llevaba puesto y... Unas alas negras como la noche, cubiertas de plumas brillantes y de gran tamaño, aparecieron frente a mí. Al ver eso, quedé totalmente boquiabierto, ahora entendía porqué nunca podía acercarme a ella de espaldas o porqué sentía que me tropezaba con algo invisible. —Yo...soy una garza negra —explicó un poco nerviosa—. Mi familia quedó atrapada en esta isla hace muchas generaciones, cuando la barrera no estaba activa todo el tiempo...la gente nos confundía con cuervos y aseguraban que traíamos mala suerte, así que nos escondimos entre los humanos—desvío la mirada incómoda—. Lamento haberte engañado, pero no quería que me odiaras o me tuvieras miedo. —Celles...jamás te tendría miedo y mucho menos te odiaría —dije tomando su mano —. Yo quiero estar a tu lado, me gustas, de hecho quería pedirte que fueras mi novia. —¡¿Cómo?! ¡P-pero...¿Qué pasará con tu viaje?! Creí que querías volver a tu hogar—me dijo totalmente confundida. —Cuando comencé este viaje, estaba preparado para no regresar, lo único que me duele es que no me puedo comunicar con mi familia, pero ellos sabían que quería recorrer el mundo y que sería peligroso, incluso me dijeron que era parte de mi sangre no quedarse en un sólo lugar —reí —. Pero si hay alguien con quien quiero estar y no me arrepentiré jamás...es contigo. Ella comenzó a llorar pero me abrazó con fuerza y yo respondí antes de besarla. Fue así como comenzó nuestra relación, seguíamos atendiendo pacientes pero en la noche salíamos a volar por el bosque, ella se sorprendió mucho con mi magia y mi poder para volar, pero le expliqué que en realidad eliminaba la gravedad de mi cuerpo, aunque aún se sorprendía que no usara alas, en cambio a mí me parecía que sus alas eran mucho mejor, sus plumas eran tan brillantes y su color n***o parecía al cielo nocturno. Así fue como le conté sobre mi familia, que ya conocía el mundo del que convocaban a los héroes y que hasta mi bisabuela vino de ese lugar. Ella estaba fascinada y me contó que su familia antes fueron nómadas que viajaban por el continente de las bestias, pero que un día mientras descansaban la barrera se activó definitivamente y no pudieron salir por más que trataron de pedir ayuda a la realeza. Entonces se corrió el rumor de que eran cuervos al servicio de los Reyes Demonio y comenzaron a cazarlos, sus abuelos crearon una serie de brazaletes ilusorios para que no se vieran las alas, obligaron a sus hijos a aprender a caminar y adaptarse a los humanos con la esperanza de sobrevivir, también hubo que separar a los grupos familiares para que la gente no sospechara, por lo que no sabía si quedaban más garzas negras en la isla, ya que sus padres murieron a causa de una enfermedad, por lo que quiso dedicarse a la medicina para que nadie tuviera que perder a su familia. Unos meses después le pedí que se casara conmigo y así formamos nuestro nidito de amor, a la gente del pueblo no le molestó aunque sí que seguían insistiendo que debería esperar a que llegaran las Sacerdotisas del templo para que fuéramos bendecidos, tuve que morderme la lengua varias veces para que no les terminara diciendo que no me importaban sus creencias obsesivas. Ya había conocido varios pueblos en la isla, y me di cuenta que sólo el nuestro estaba obsesionado con la santa y sus creencias, en serio quería irme de ese lugar pero Celles decía que podrían morir en cuestión de tiempo ya que ningún médico quería ir a ese lugar apartado. —Entiendo, pero esta gente está muy mal, son los únicos que ni siquiera dejan que las bestias se acercen a los alrededores, incluso si los ven a la otra orilla empezaban a gritar como locos diciendo que este era territorio santo y otra serie de estupideces—ne quejé un día. —Creo que es porque según los escritos, aquí se llevó a cabo la batalla contra el primer Rey Demonio que la Santa derrotó —me contó—. Por eso están tan obsesionados con proteger este lugar. —Si supieran que una chica con alas los ha estado sanando constantemente, no hablarían tan mal—dije con pesar. —Lo sé, pero ahora que hay un nuevo héroe, tal vez las cosas mejoren— dijo antes de tomar mi mano y colocarla en su vientre —. Después de todo, lo importante es que nuestro bebé esté a salvo. —¿Cómo? —pregunté sorprendido. —Felicidades, papá —dijo divertida. En ese momento todo el enojo se me fue y solo la abracé con alegría. Íbamos a ser padres... ¡Íbamos a ser padres! Al día siguiente empecé a preparar la casa para el nuevo bebé, mandé a construir una habitación extra, compré mantas, botellas de leche, pañales, ropa para el invierno, entre otras cosas que obviamente hizo que la gente se enterara. ____ —Al, me temo que tendremos que irnos del pueblo antes del parto—me dijo una tarde cuando ya tenía seis meses de embarazo. —¿Y eso? —pregunté sorprendido. —Nuestro bebé nacerá dentro de un huevo, así que debemos escondernos una temporada—explicó un poco triste —. Me duele tener que dejar a nuestros pacientes, pero es lo mejor. —Me parece bien, avisaré que debemos ausentarnos para que des a luz en la ciudad—dije —. Así no molestaran una temporada. —Jaja de acuerdo —rió ella. Dicho y hecho, nadie en el pueblo se quejó de que nos fuéramos un tiempo, al contrario me felicitaron por sentar cabeza y que fuera a bendecir a mi bebé. Cuando todo estuvo listo, nos fuimos tan pronto Celles entró en trabajo de parto, en una cueva submarina que encontramos, preparé todo para recibir a mi bebé. —¡Ah! ¡D-duele más de lo que... ¡Aaaahhh! —Aquí estoy Celles, puedes gritarme e insultarme si eso ayuda con el dolor. Ella dijo un montón de groserías, algunas que yo mismo le enseñé, y al amanecer finalmente pudo sacar a nuestro bebé. —Lo lograste, Celles—dije entre lágrimas mostrando entre mis brazos un huevo dorado del tamaño de mi brazo, normal que estuviera tan agotada. —Creo...que será una...niña —susurró agotada pero feliz. —¿En serio? —pregunté acunando el huevo, estaba caliente y pesaba un poco, pero adentro estaba nuestro bebé, una vida nueva que creamos producto de nuestro amor. —Al...estás llorando —rió ella. Quería decirle que no, pero ya estaba a moco tendido dándole las gracias por tan hermoso regalo. Luego de un día de descanso, fui a buscar comida y más leña para la fogata y mantenernos calientes, el huevo debía estar siempre en los brazos de uno de sus padres para que naciera recibiendo su amor, así que yo me ocupaba de todo. Pero estaba tan feliz, tan emocionado imaginando nuestra nueva vida los tres juntos...que bajé la guardia. Alguien de la aldea me vio volando y al parecer la gente enloqueció creyendo que era un demonio, así que me siguieron y...vieron las alas de Celles. Cuando regresé por algo que olvidé...los encontré golpeandola y atacandola con armas, ella sólo se aferraba a nuestro huevo, dando su vida por él. —¡Celles!—grité corriendo hacia ella —¡El Rey demonio regresó! —¡Todo este tiempo nos han engañado! —¡Matenlo antes de que libere sus poderes demoníacos! Rápidamente creé un escudo protector a nuestro alrededor traté de curar sus heridas, pero había perdido mucha sangre. —¡Celles! ¡Aguanta por favor! —grité desesperado ignorando los ataques de esos bastardos. —....Al...cuida...a Sofía—me susurró. —¿Qué? ¡Espera Celles, ya casi termino de curarte! —exclamé usando todos los hechizos sanadores que conocía...pero no había ninguno que pudiera regresar la sangre a su lugar. —...Lo siento...en verdad...quería estar...contigo...siempre —me dijo sonriendo —. Ojalá...hubiera visto...tu hogar...al menos una vez. ...Y entonces...cerró los ojos...ella...se había ido. Yo...no podía creerlo...era imposible. La abracé, le rogué porque volviera, que abriera los ojos, que nuestra hija estaba esperando verla...pero ella no despertó. —¡Lo logramos! ¡Matamos a ese monstruo! —¡Nos hemos liberado de la maldición! ¿Maldición? ¿Monstruo? Me acaban de quitar a la mujer que amaba...¿Y están celebrando? Salí del escudo e hize aparecer dos espadas, la de mi bisabuela y la mía...y los maté. A todos los presentes. Hombres, mujeres, ancianos, incluso jóvenes que celebraban que el monstruo había muerto. Cuando todo terminó, tomé a mi bebé y lo acomodé en mi espalda para llevarme el cuerpo de Celles a la playa, justo al lugar donde nos conocimos. Y lloré, lloré sosteniendo su cuerpo y a nuestro bebé, gritaba y rogaba porque esto fuera un sueño...una pesadilla... Pero...ella no abrió los ojos. ____ Cremé su cuerpo y dejé que el mar se llevara las cenizas...tal vez así pudiera conocer el mundo fuera de la barrera...lejos de este infierno. Volví al pueblo que prácticamente sólo tenía niños pequeños, los llevé a orfanatos y llevé los cuerpos de sus familiares de vuelta para quemarlos a todos. Sabía que Celles no habría querido que hiciera esto...pero no podía tener piedad de la gente que me la quitó. Pero en eso llegó mi salvación, el huevo se rompió y nació mi bebé, era tan hermosa como su madre, con sus alas todavía sin plumas pero estaba claro que sería como ella. —Sofía...perdóname...mamá no...mamá no... La abracé y volví a llorar, había perdido todo...pero ahora tenía un único motivo para vivir....protegería a Sofía hasta el último momento de mi vida. __Fin del Flashback__ —Papi ¿No vas a comer? Desperté de mis pensamientos y vi a mi hija comiendo su pastel muy contenta. —Si, tengo muchas ganas de probarlo—dije tomando la otra porción —....Por cierto Sofía ¿Te gustaría ir conmigo a conocer a unos amigos? Ella me miró muy sorprendida, casi nunca salíamos ya que no quería que alguien viera sus alas, aunque tenía el brazalete de su madre y así iba a la escuela del pueblo, no quería dejarla mucho tiempo sola. —¡Siiiii! ¡Quiero salir contigo, papá! —exclamó antes de abrazarme. Sonreí muy feliz antes de besar su frente, si había una forma de salir de esta isla la tomaría, sin importar lo que tenga que hacer, protegería a Sofía a como de lugar.
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